En comparación a la vieja y maltratadora universidad del siglo pasado, donde solo castas politiqueras del estatus, encumbrados nuevos ricos y una minúscula porción del pueblo pobre tenía acceso, nuestro sistema de educación universitaria bolivariano, democrático, socialista y libre, es superior. Hoy, si de algo está seguro el estudiante de bachillerato es que al culminar sus estudios ingresaran a la universidad, estudiara lo que desee y desarrollara su carrera de cara a sus aspiraciones individuales y colectivas.

Pero más allá de la masificación de la educación universitaria, está la formación de un ser universitarios que tenga la capacidad de observar, reflexionar y transformar su entorno social, político y vivencial personal. Por ello no basta con estar dentro del sistema y asistir a clases para ser universitario, todo lo contrario, si bien el saber se construye en buena medida a partir del estudio sistemático su episteme más profunda, no es menos cierto que, una praxis social continua del conocimiento obtenido en las aulas transformaría efectivamente el mundo de vida en el que habitamos.

En se sentido, si reconocemos que en las sociedades signadas por las democracias representativas y burguesas, las universidades son centros de certificación, reproducción y extensión para una minoría, cuyo papel histórico es reproducir el estado liberal burgués con todas sus detestables consecuencias. Podemos entender que la universidad que nos plantea la revolución bolivariana, es por tanto el contrario, ya que esta va en favor de la reivindicación de lo colectivo, la solidaridad como principio, la emancipación del sujeto social y el crecimiento de lo esencialmente humano.

En la UNERG por ejemplo, en estos 16 años de combate se ha pasado de 4.000 alumnos a más de 60.000, y con un esfuerzo titánico se administran curso de pregrado y postgrado (especialización, maestría y doctorado) en gran parte del territorio nacional, por supuesto que eso solo es posible, cuando las autoridades universitarias tienen conciencia del momento histórico en el que vivimos.

En base a lo anterior se puede asegurar, que se ha cumplido con el primer objetivo: “Dar oportunidad ingreso a todos”. Pero aún falta mucho camino por andar, y mucho que desenredar, sobre todo en aquellos que validos del derecho al estudio honrado en la revolución, olvidan el deber que tienen como estudiantes: con ellos y las instituciones y el deber que tendrán como profesionales: con su familia y con la sociedad.

En ese sentido, esta nueva universidad debe estar al servicio de los grandes objetivos de la patria: la construcción del socialismo, lo que implica una formación dinámica que rompa con los esquemas escolares del pasado y vaya a las calles a enfrentar, la compleja realidad; donde el debate sea el método a seguir; sobre todo, en aquellas áreas del saber de directa implicación social: Medicina, Derecho, Educación, Ciencias del Agro, entre otras.

Por último, es importante reconocer que a coyuntura actual es difícil, que atravesamos una guerra económica sin precedente en la historia y sin embargo los derechos sociales están garantizados. De allí que, el mensaje está claro, hay que construir para el pueblo y con el pueblo las bases de los saberes con los cuales hemos de despejar las incógnitas sociales que se derivan de la ruptura con el capitalismo. Es hora de trascender de la masificación a la participación protagónica en la sociedad. Solo así podremos derrotas a los cipayos mandaderos del imperio y sus serviles cachorros ideologizados, oportunistas y arrogantes.

Aporrea

 


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