Una década de izquierdas en el poder en América del Sur

DEBATE, Julio 2015

Esta obra analiza el impacto político y social de esta ola progresista
sudamericana, aprovechando el diálogo con algunas de las figuras más
influyentes de la región. Es un libro ameno y provocador a la vez, que
desafía los paradigmas y algunas de las verdades sagradas impuestas en
los últimos años.

Sinopsis

“Es común admitir que la última década en Sudamérica ha estado marcada por el ascenso de gobiernos progresistas protagonistas de un nuevo tiempo político y social. Fueron también años de una bonanza económica regional sin precedentes.
Pero más allá de sencillos eslóganes y anunciadas posturas, ¿son tan parecidos los gobiernos progresistas del continente? ¿Han logrado concretar una agenda común más allá de los discursos y los panfletos? ¿Será esta década una bisagra que marque el despegue definitivo de una de los continentes más ricos y desiguales del mundo? ¿O será otra oportunidad perdida en el camino hacia el desarrollo?
A mitad de camino entre análisis periodístico y ensayo académico, esta obra analiza el impacto político y social de esta ola progresista sudamericana, aprovechando el diálogo con algunas de las figuras más influyentes de la región. Es un libro ameno y provocador a la vez, que desafía los paradigmas y algunas de las verdades sagradas impuestas en los últimos años.”

Ficha técnica

  • Título: La ola progresista
  • Autor (es): Martín Aguirre y Francisco Faig
  • Traductor:
  • Sello: DEBATE
  • Precio sin IVA: $ 430,00
  • Fecha publicación: 07/2015
  • Idioma: Español
  • Formato, páginas: RUSTICA, 256
  • Medidas: 15,5 X 23 mm
  • ISBN: 9789974732131
  • EAN: 9789974732131
  • Temáticas:
  • Colección: Ensayo
  • Edad recomendada: Adultos

Aguirre – Faig “La ola progresista”

Es común admitir que la última década en Sudamérica ha estado marcada por el ascenso de gobiernos progresistas protagonistas de un nuevo tiempo político y social. Fueron también años de una bonanza económica regional sin precedentes.

Pero más allá de sencillos eslóganes y anunciadas posturas, ¿son tan parecidos los gobiernos progresistas del continente? ¿Han logrado concretar una agenda común más allá de los discursos y los panfletos? ¿Será esta década una bisagra que marque el despegue definitivo de uno de los continentes más ricos y desiguales del mundo? ¿O será otra oportunidad perdida en el camino hacia el desarrollo?

A mitad de camino entre análisis periodístico y ensayo académico, esta obra analiza el impacto político y social de esta ola progresista sudamericana, aprovechando el diálogo con algunas de las figuras más influyentes de la región.

Ocupan un lugar destacado en este libro las entrevistas a los expresidentes de Argentina, Eduardo Duhalde; de Brasil, Fernando Henrique Cardoso; de Chile, Ricardo Lagos y de Perú Alan García.

“La ola progresista” es un libro ameno y provocador a la vez, que desafía los paradigmas y algunas de las verdades sagradas impuestas en los últimos años.

Los autores: 

Martín Aguirre Regules nació en 1974. Es abogado, periodista, y docente en la Facultad de Comunicación y Diseño de la Universidad ORT Uruguay. Es columnista y director del diario El País de Montevideo.

Francisco Faig nació en 1974. Obtuvo su D.E.A. en el Doctorado en Estudios Políticos del Instituto de Estudios Políticos de París. Es Catedrático Asociado de Historia, Política y Sociedad en la Facultad de Comunicación y Diseño de la Universidad ORT Uruguay. Periodista, ha trabajado en distintos medios de comunicación radiales y escritos. Es editorialista de El País de Montevideo y columnista en La Democracia.

Fragmentos de LA OLA PROGRESISTA:

 ANTONIO SKÁRMETA:

Skármeta no rehúye la polémica y durante la charla mantenida para la producción de este libro abordó dos temas centrales de este proceso continental actual. Por un lado, el sentimiento anti-Estados Unidos, uno de los vasos comunicantes ineludibles entre todos estos procesos de hoy y el romanticismo de izquierda de los setenta. «El discurso anti norteamericano yo creo que apela a resortes emocionales de masas relativamente poco informadas y adictas a reaccionar emocionalmente. Es el problema de los populismos. Es una retórica ineficaz». El escritor chileno fue incluso más allá al decir: «No veo que la confrontación haya dado frutos en América Latina en ningún momento de la historia».

FERNANDO HENRIQUE CARDOSO:

El expresidente afirma que es verdad que en toda Sudamérica la ola de gobiernos de izquierda ha generado un corte cultural en el plano social y ha polarizado la discusión entre buenos y malos. «Lamentablemente es así», sostiene. «En el caso del PT, demanera deliberada. No es que entre los votantes del PSDB [su partido] no haya gente que disemina, con señales invertidas, el mismo tipo de discurso prejuicioso. La gran diferencia es que los líderes del PSDB no lo hacen, mientras que los del PT son los primeros en hacerlo, empezando por el propio Lula».

RICARDO LAGOS:

—En lo económico, ¿cómo somos capaces de seguir creciendo pero con mejor distribución? Y ese va a ser el elemento para medir nuestra eficacia desde el punto de vista económico, más que la disminución de la pobreza. Y en lo social, ¿cómo satisfaces a los sectores sociales medios que están emergiendo y demandan mucho más? Y esos son otros temas absolutamente distintos.

—¿Y el tema cultural?

—En el tema cultural, en último término, el progreso consiste en mover las fronteras de lo que es posible.

ALAN GARCÍA

—Lo terrible es creer que el asistencialismo y el gastar dinero  en dar limosnas lo más abundantes posible, sin producción, puede ayudar a un país. Estamos viendo cómo se hunden, antes de los fondos buitre, algunos países que han hecho eso.

Usted puede creer que están bien las cosas porque suelta moneda inorgánica y le pasa una propina y una asignación monetaria a la gente en cantidades que cada vez crecen, crecen y crecen, hay un momento en que usted asiste a 14 millones de familias. No voy a mencionar qué país es, con 60, 70, 80 millones de personas que viven del subsidio, pero no crean trabajo.

Yo bien podría mañana decretar que todos ganen 5.000 dólares, pero no logro nada.

—¿Entonces cuál es el camino?

—Lo único que combate la pobreza realmente es el trabajo sostenible, bien pagado y bien asegurado. Y garantizar las formasen las cuales ese trabajo pueda multiplicarse permanentemente para que el trabajador tenga la opción de realizarse en diferentes lugares con libertad. Lo otro, pasar por la ventanilla del banco nación para que a uno le den sus centavos, no logra nada. Y después viene la peste de los problemas.

EDUARDO DUHALDE

—¿Usted cree que hay una similitud entre Chávez y Perón?

—Hugo Chávez se la leía y la recitaba. Él se creía que era el Perón. Yo le decía: «¡Dejate de joder de hablar de Perón! Si Perón viviera no sería el mismo peronismo que en aquella época». Porque era un hombre que avanzó, que vio el mundo, que estuvo en Europa en los tiempos del autoritarismo europeo. Hay que dejarse de pelotudear con eso del socialismo del siglo XXI. Las historias de nuestros pueblos pasaron todas por las mismas etapas. Primero, gobiernos de oligarquías. Se critica muchol a nuestra, la argentina, pero fue una oligarquía muy progresista la nuestra. ¿Que fue una oligarquía? ¡Y claro, si no había otra cosa! La norteamericana era esclavista, asesina; el negro era un objeto, una mercancía. En el caso de Brasil, comparada con la nuestra, ellos todavía estaban con la esclavitud, que duró hasta 1889.

Todos los políticos y artistas consultados para este trabajo coinciden en tres cosas. Por un lado, que existe un problema que atraviesa a casi todos los cultores y representantes de la ola progresista actual: la imposibilidad de tener una mirada crítica sobre una cantidad de dogmas y posturas ideológicas que el paso de los años han demostrado eran inconducentes y negativos. Por otro lado, una especie de doble discurso, de fina hipocresía, que los habilita en buena medida a tomar decisiones políticas que van en contra de lo que dice ese manual dogmático sin por ello cuestionarse su validez. Y, por último, una intolerancia absoluta respecto de cualquiera que pueda marcar un matiz opositor a alguna de sus posturas. Es conmigo o contra mí.”

La ola progresista que comenzó en 2003 ha sido lo suficientemente fuerte y alta como para dejar su marca en Sudamérica. Doce años más tarde, ¿está nuevamente tomando fuerza, incluso para alcanzar nuevas ribas, o está llamada a morir en la orilla de la historia del continente? ¿Cuál ha sido su legado en la relación entre los países de la región? Pero, sobre todo, ¿cuál será su impacto en la relación hacia dentro de las sociedades sudamericanas?

No hay una única ola progresista. Nuestro enfoque sudamericano, que dejó de lado la típica visión más amplia y latinoamericana con la que se abordan generalmente los asuntos del continente, nos permitió entrever la existencia de al menos dos olas distintas. Por un lado está la ola del Atlántico, cuyos protagonistas son Argentina, Brasil y Venezuela, y en la que se integra de alguna forma también Ecuador por la riba occidental del continente y, al menos en su prédica discursiva, la Bolivia de Evo Morales. Por otro lado está la ola del Pacífico, que tiene a Perú y Chile como protagonistas, que puede agregar sin inconvenientes al Paraguay de Horacio Cartes y eventualmente también sumar un aliado del lado del Atlántico con el caso uruguayo. Las diferencias más importantes entre una y otra ola radican, sobre todo, en la apuesta diferente que se hace a la apertura comercial y de inversiones para crecer económicamente. Toda esta metáfora de las dos olas puede ser útil para describir estos doce años del continente. Pero el viaje por las diferentes experiencias progresistas en Sudamérica también deja otra enseñanza importante: que a pesar de los discursos y de las realidades de globalización económica y financiera, y a pesar también de una mayorinter dependencia compleja entre las naciones del continente, las coyunturas particulares que viven los países son imposibles de obviar. Es decir, el mejor entendimiento de las experiencias progresistas puede hacerse siempre que se tenga claro que sigue primando, antes que nada, la lógica de los Estados-nación para dar sentido a los procesos económicos, sociales y políticos que viven los pueblos en Sudamérica.(…) En ningún caso se ha visto que ni el más emponchado promotor de la Patria Grande haya estado dispuesto a sacrificar un ápice de su independencia o de su interés nacional en aras de concretar un proyecto común más amplio.

La Democracia

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