El papel de los jóvenes en las movilizaciones sociales ha sido estudiado por académicos en la región latinoamericana para comprenderlo. La importancia que adquiere este protagonismo, destacado en los últimos años, contrasta con el lugar común desde el que se asume la participación de la población juvenil: la apatía y la rebeldía.

“Esa idea de que los jóvenes son apáticos, que no se interesan en la participación por actividades compartidas y mucho menos por actividades relacionadas con la política. Siguen siendo considerados como problemas en demasiados ámbitos, siendo vistos como individuos que no tienen la suficiente madurez para autorregularse”, explicaba Fabiana Espíndola, doctora en Ciencias Sociales por El Colegio de México, investigadora y colaboradora del Consejo Latinoamericano de CIencias Sociales (CLACSO).

Su participación, desarrollada en el foro público Juventudes, participación política y desigualdades en América Latina y el Caribe: Actualidad y perspectivas durante la Escuela Internacional Juventud y Desigualdades en América Latina y el Caribe, promovida por CLACSO y organizada por la Dirección de Investigación Científica y Posgrado (DICYP) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), analizaba la percepción que de los jóvenes se tiene y cómo se construye un discurso sobre su papel en lo político.

“Los jóvenes son mirados en esta lógica como candidatos a la entrada a un mundo adulto de deliberación y toma de decisiones, pero su participación en las construcciones colectivas va a quedar reservada para los «admitidos»”, apuntó.

Desigualdades

Los estudios han revelado que América Latina es la región más desigual del mundo. La desigualdad, sin embargo, no es una cuestión meramente económica y sus consecuencias no sólo se remiten a la incapacidad de obtener ciertos recursos.

“La desigualdad es una cuestión de orden sociocultural que reduce las capacidades de los seres humanos, la salud, la dignidad, el sentido del «yo», los recursos para actuar y participar en el mundo, la confianza en sí mismo y el sentido de pertenencia. La desigualdad instaura contextos de violencia e inseguridad y de «personas, jóvenes podríamos decir, marginales», ampliaba Espíndola.

En el contexto de la desigualdad latinoamericana, un joven no sólo es un problema por ser joven, sino que puede ser un problema peligroso por la zona que habita. “Este tipo de razonamientos deriva rápidamente en la necesidad de instaurar políticas represivas”, explicó, “en una suerte de generación de experiencias de participación tuteladas y fuertemente vigiladas”.

Jóvenes y política

El foro, presentado por CLACSO el pasado 25 de junio de 2015, incluyó la ponencia de Pablo Vommaro, coordinador de los Grupos de Trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Para Vommaro, cientista social de origen argentino, las experiencias de politización y producción de lo público en los colectivos juveniles tienen la posibilidad de establecer vínculos intergeneracionales (“son los jóvenes los que interpelan a los adultos en diferentes temas”), se establece un puente entre movilizaciones juveniles y otras organizaciones (“es decir, los colectivos juveniles interpelan a otros grupos sociales”), e interpretan otras formas de abordar lo público, no sólo desde lo estatal.

Además, el especialista considera que la definición de la población juvenil es de los primeros conceptos a abordar cuando se habla de ella. “Referirnos a juventudes y no a una sola juventud, todo como una producción social, sociohistórica situada en el campo nacional”. Pero también cabe hablar sobre “los procesos de ampliación de las fronteras de la política. ¿Qué es la politización? Hablamos de la política del espacio cotidiano, de lo comunitario. La política no sólo como el sistema político”. Su hipótesis sobre el ingreso de las juventudes a la dinámica política tiene una perspectiva más generacional que etaria.

Organización juvenil

La presentación de Vommaro, titulada Juventudes y políticas en América Latina, participación política, políticas públicas y disputas por lo público, fue una mirada rápida sobre las manifestaciones juveniles en la región, a las que observa como de una extraordinaria capacidad organizativa y con capacidad de composición social.

“Esa organización no siempre se expresa de una forma estable, duradera al estilo clásico, sólida o de las estructuras conocidas. Son organizaciones más efímeras, más eventuales, más coyunturales, que tienen que ver con contingencias que se activan o que se diluyen, pero que no por eso dejan de ser importantes. No por eso deben ser vistas como meras eventualidades”, afirmó.

La visibilidad pública que logran (repercursión en medios de comunicación, sobre todo), unas políticas públicas de juventud muy jóvenes como para ser siempre pertinentes a la realidad que regulan, el compromiso ignorado que la población juvenil tiene con causas sociales, son algunas de las características que se pueden observar en las movilizaciones juveniles.

Incluso sus propias configuraciones de la política con una acción directa, la búsqueda de diálogo sin mediaciones, una apertura a las diversidades sociales, su propensión a la presencia colectiva en el espacio público y “la dimensión estética, afectiva, colectiva que caracteriza la participación política juvenil donde la corporalidad, la política del cuerpo presente y la carnavalización de la protesta, las alegrías y las pasiones son evidentes”.

Se observa una reconfiguración de la convocatoria, donde el mundo virtual es territorio político y no sólo un medio de difusión. “Lo presencial sigue siendo fundamental para la acción política juvenil, porque la productividad política presencial reconfigurada por la red social constituye la potencia de las movilizaciones”, analizó Vommaro.

Presencia Universitaria


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