La Universidad de Costa Rica (UCR) construirá un nuevo edificio para albergar un acelerador de partículas, denominado ciclotrón, que permitirá al país avanzar a pasos agigantados en el tratamiento y control del cáncer, así como en la producción de radiofármacos a bajo costo para la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

El proyecto, que estará ubicado en la Ciudad de la Investigación, es parte de las iniciativas financiadas con recursos del Banco Mundial y tendrá un presupuesto asignado de $10 millones.

La infraestructura contará con instalaciones subterráneas para ubicar el ciclotrón, el cual debe localizarse en una bóveda con paredes blindadas para contener la radiación, emitida únicamente cuando el equipo está encendido.

Adicionalmente, se integrará un espacio de radiofarmacia, un área clínica que contará con dos entradas (para pacientes hospitalizados y público general), la parte administrativa, un auditorio y cuartos de máquinas.

Funcionamiento del ciclotrón

El ciclotrón es un acelerador de partículas que permite la mezcla de medicina nuclear con la parte anatómica; de ahí nace el material –que es radioactivo– para realizar tomografías por emisión de positrones (tomografía computarizada), estas son partículas betas con semiperiodos de vida cortos. Este tipo de tomografías reciben el nombre de PET-CT, es un método de imagen que combina, en un solo estudio, información de la función (PET) y anatomía (CT) de una parte o de todo el paciente.

El método consiste en la aplicación intravenosa de una pequeña cantidad de material radioactivo (conocido como radiofármaco) por vía intravenosa al paciente, quien posteriormente pasará por el equipo que permite visualizar en qué parte del organismo se concentra el material y en cuánta cantidad. En el mismo equipo se obtiene una tomografía computarizada para precisar el lugar donde se encuentra la alteración en la concentración del radiofármaco.

El secreto del material radiactivo es ligarlo con una molécula que el cuerpo pueda metabolizar, para lo cual se incorpora a una molécula de azúcar. Esto hace que se genere azúcar radiactiva, que al introducirla en el paciente sirve como combustible para el tumor.

El azúcar emite radiación y, al tener al paciente bajo equipos médicos especiales, es posible detectar la coincidencia de fotones y determinar si el tratamiento que se está aplicando para combatir el cáncer está teniendo efecto o, por el contrario, si es necesario cambiar la medicación.

“El radiofármaco que produciremos nos dirá casi de inmediato si el tumor analizado se está reduciendo. En la actualidad, hasta un 40% de los tratamientos contra el cáncer son redireccionados, es decir, se aplica un tipo de quimioterapia; semanas después se dan cuenta que no sirve y se cambia el tratamiento con otra que sea más eficaz. El ciclotrón nos permitirá darnos cuenta con mayor prontitud si la medicación seleccionada es la correcta para, así, evitar el deterioro emocional del paciente y los altos costos económicos para la Caja”, comentó Patricia Mora, directora del Centro de Investigación en Ciencias Atómicas, Nucleares y Moleculares (CICANUM) y coordinadora del proyecto.

El proyecto surge en respuesta a una necesidad del país, puesto que no es viable para la Caja realizar diagnósticos de este tipo, ya que no existe en la actualidad un ciclotrón que brinde el material radiactivo; además, traerlo del exterior es sumamente costoso.

“En los servicios de medicina nuclear existen tecnologías que hasta la fecha no se pueden implementar en el país, porque no se cuenta con el radiofármaco, que es la sustancia que se debe inyectar al paciente para realizar el diagnóstico funcional del órgano afectado por el cáncer. El ciclotrón vendrá a resolver esta necesidad”, aseguró Mora.

Este proyecto lo impulsa el CICANUM en paralelo con la asesoría del Ministerio de Salud y el Organismo Internacional de Energía Atómica, perteneciente a Naciones Unidas.

De gran impacto social y económico

En estos momentos, según explicó Mora, quien necesite realizarse un estudio de este tipo debe salir del país y contar con buenos recursos económicos, pues es costoso y no está disponible en Costa Rica.

“Lo más cerca que una persona puede viajar para realizarse el PET-CT es a Miami y su costo puede rondar los $2.000. Entonces, el primer impacto de este proyecto será social y económico, pues ayudará a los pacientes que no tienen los recursos para acceder a estos servicios”, dijo la directora del CICANUM.

Otro de los impactos que tendrá el ciclotrón será en la formación práctica, ya que permitirá contar con un centro de aprendizaje para especialistas y estudiantes de distintas áreas de salud, como imagenólogos, ingenieros, físicos, químicos, entre otros.

En adición, será posible realizar investigaciones, desarrollar nuevas moléculas, con el objetivo de vender el producto o establecer nuevos protocolos; es decir, será posible sacar mucho provecho a esta innovadora inversión.

“Es un proyecto autosostenible, porque será posible hacer la venta del PET-CT, que permitirá mantener la producción, la investigación y la docencia, sin recargo para la Universidad. Ya tenemos conversaciones con varios países centroamericanos interesados en comprar el producto y esperamos tener el proyecto adjudicado a finales de este año; la empresa escogida tendrá un año para entregar el edificio”, puntualizó Mora.

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