Durante 2015, la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) presentó varios resultados sobre los diversos estudios adelantados desde las ciencias humanas. Con estos aportes la Institución ayudó a la construcción de un mejor país.

El año pasado la U.N. presentó propuestas para la reparación de los daños contra la dignidad de las víctimas, la pérdida de sus condiciones de vida y las luchas contra la impunidad. El objetivo: impulsar la recomposición social de las comunidades afectadas.

Uno de los resultados presentados fue la recomposición emocional y política tras la masacre del río Naya. La propuesta estuvo sustentada en un proceso de investigación realizado por Myriam Jimeno, profesora del Departamento de Antropología e investigadora del Centro de Estudios Sociales (CES), y los antropólogos Ángela Castillo y Daniel Varela.

El trabajo se desarrolló con una de las comunidades Naya que sufrió la masacre ocurrida en el Cauca en abril del 2001, a manos del bloque Calima de las autodefensas. Esta comunidad no retornó a la región y hoy se conoce como Kitek Kiwe (tierra floreciente).

En este sentido, el Grupo de Conflicto Social y Violencia de la U.N. propone tres grandes campos de reparación. Una forma de contrarrestar este fenómeno es con el fortalecimiento de su institución educativa Elías Troches, pues en este lugar se pueden dar bases de construcción y transmisión de la memoria sobre la experiencia violenta y pueden llegar a audiencias más allá del Cauca.

La segunda propuesta se refiere a la reparación de la pérdida de las condiciones de vida, por lo cual se propone la constitución de la finca La Laguna como resguardo indígena.

Por último, el tercer punto son las luchas contra la impunidad, pues, según la profesora Jimeno, existen vacíos en la identificación de los autores intelectuales y en los financiadores de la masacre.

Participación activa de las mujeres en la guerra

Otro resultado del trabajo adelantado por investigadores de la U.N. está relacionado con los roles desempeñados por las mujeres durante el combate y la comandancia en las guerrillas y las autodefensas; sin embargo, en el retorno a la vida civil se enfrentan a tensiones sociales en escenarios donde asumen el liderazgo los hombres.

Estas fueron algunas de las consideraciones del documento Mujeres, conflicto armado y proceso de paz, del Observatorio de Paz y Conflicto de la U.N. (OPC). La investigadora Lina Lorena Hernández, del OPC, explicó que el escrito se concentra en la reconstrucción analítica del papel de las mujeres en las diferentes organizaciones que se han desmovilizado del conflicto armado.

Asimismo, trata los diferentes encuentros y desencuentros que se generan a través de la justicia transicional y las motivaciones por las cuales las mujeres ingresan a estas organizaciones. En este sentido, el documento resalta que las mujeres no han sido ajenas a la reconfiguración del conflicto armado, a los procesos de paz, y que han participado de forma activa en la guerra.

Según la experta Hernández, tradicionalmente las mujeres se han reducido a situaciones de vulnerabilidad y victimización; sin embargo, ellas no solo han estado en funciones de apoyo, asistencia y enfermería, también en roles de combate y comandancia.

Quintín Lame, el grupo que reconstruyó su identidad de paz

Según Ricardo Peñaranda, profesor del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), con sus acciones, este grupo indígena demostró que los cambios en la cultura política, a través de la ampliación de la democracia, son una alternativa para salir de la violencia.

En opinión del experto, la desmovilización de esta organización armada del Cauca no rompió el tejido social que construyó a nivel local y nacional, lo que permitió que se reincorporara rápidamente a la sociedad.

El Quintín Lame fue el primer grupo armado indígena que existió en América Latina y, según el analista, no se puede calificar como guerrilla, pues se vieron obligados a tomar las armas para defenderse de la guerra que se dio en su territorio durante la década de los 80.

A pesar de ello, este grupo logró un nivel de negociación político de gran alcance para su comunidad, que les permitió tener presencia en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. También, lograron insertarse en una corriente de resistencia de las comunidades indígenas, no solo del Cauca sino de todo el país.

Estos y otros aspectos del grupo guerrillero forman parte del libro Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín Lame, escrito por el profesor Peñaranda.

Pensamiento ambiental indígena debe vincularse a la realidad política

Alejandro Laserna Botero, magíster en Medio Ambiente y Desarrollo de la U.N., centró su trabajo de investigación sobre políticas públicas en la actual corriente de pensamiento ambiental y en las experiencias indígenas frente a este tema.

En su opinión, es necesaria una comprensión integral de la complejidad de los territorios indígenas. Para ello, se requiere un acercamiento a nuevos modelos analíticos como los propuestos desde el pensamiento ambiental.

“Dicha corriente filosófica proporciona los fundamentos para el desarrollo de otras opciones de políticas públicas que ayuden a comprender el funcionamiento del sistema ambiental en estos territorios”, señala.

Como ejemplo muestra el caso de los indígenas del departamento del Vaupés, quienes establecen una programación o ciclo anual a través de un calendario que se construye según sus relaciones con el ecosistema.

Maestros, víctimas de la violencia política

Esta investigación de la U.N. demuestra que más de 1.000 maestros de escuelas oficiales del país han sido asesinados en razón de su oficio, por su labor como líderes sociales, sindicalistas o por pertenecer a algún partido político.

Asimismo, se analizó la relación entre las representaciones que han construido históricamente la imagen de los maestros oficiales de las escuelas y los episodios vividos a causa de la violencia política del país, que ha dejado más de 1.050 profesores asesinados desde 1985 al 2010.

Con su investigación, Ángela de Castro, estudiante de la maestría de Estudios Culturales de la U.N., encontró que en este periodo han confluido diferentes aspectos que han influido en el asesinato de los maestros.

El trabajo se realizó desde cuatro fuentes: la información recolectada por el grupo de Historia de las Prácticas Pedagógicas en Colombia; textos de literatura sobre violencia; una exploración de la manera en la que, a través de las leyes, se construyen representaciones; y, por último, entrevistas a 16 maestros de primaria y secundaria del sector oficial.

Víctimas de desplazamiento aportan a la construcción de ciudad

El arribo de los desplazados a las ciudades, como Bogotá, genera una revigorización a través de la generación de asociaciones de derechos humanos, consecución de vivienda y dinámicas económicas por medio del llamado rebusque.

Así lo muestra Andrés Salcedo, profesor del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Humanas de la U.N., en el libro Víctimas y trasegares: forjadores de ciudad en Colombia 2002-2005, en el que aborda el proceso de desplazamiento y recomposición social que emprenden diversos grupos expulsados de sus territorios.

La investigación realizada entre los años 2003 y 2005 se centra en uno de los periodos crueles de la historia de Colombia. Esta época marca una disputa entre paramilitares y guerrillas, responsables del desplazamiento de muchas poblaciones provenientes de la Sierra Nevada de Santa Marta, del Pacífico, del sur del país y del departamento del Meta.

La publicación contiene una cartografía histórica de lo que ha sido el conflicto armado, realiza una crítica al humanitarismo y a la noción de víctimas como personas desvalidas y, además, desarrolla todo un concepto en torno al lugar de antes.

(Por: Fin/GAC/dmh/APBL)

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