Por Óscar Miranda
Una de las cosas que más le llamó la atención al congresista Daniel Mora cuando visitó Tingo María, hace dos años, no fue La Bella Durmiente, la impresionante cadena montañosa que se extiende junto a la ciudad. Tampoco fue el aromático café ni el sabroso cacao que se producen en estas tierras. Lo que más lo sorprendió fue conocer el único instituto tecnológico de la ciudad y enterarse de que la carrera técnica con más estudiantes no era ninguna vinculada a la agricultura, la principal actividad económica del lugar.
La carrera técnica con más estudiantes era Secretariado.
Los productores tenían que contratar técnicos extranjeros. Ese instituto debía de estar enseñando tecnología para producir frutas, flores de exportación. Pero enseñaba Secretariado– dice.
Durante las visitas a cerca de 400 institutos superiores del interior que realizó a lo largo de año y medio, durante su gestión como presidente de la Comisión de Educación del Congreso, ese fue solo uno de los numerosos ejemplos que encontró de la desconexión entre la oferta educativa de estos centros de enseñanza y la demanda de los productores y las empresas nacionales.
Encontró desconexión, “falta de pertinencia” –como le llaman los especialistas– pero, también, otros problemas, como instalaciones en condiciones lamentables y mucha informalidad. En Amazonas, por ejemplo, visitó un centro de educación técnico productiva (un CETPRO) que dictaba clases en una cochera y tenía un solo profesor: la propia directora, que llevaba la máquina de coser, las tijeras y las telas de su casa para enseñar a sus alumnas.
Quizás lo más triste de todo fue ver el estado de los equipos. Equipos de 40 años de antiguedad o, en el mejor de los casos, de la época del gobierno militar, donados por Canadá, Alemania o Hungría, que en el transcurso de los años nunca recibieron el mantenimiento adecuado. Fue increíble para el legislador ver cómo en una época en la que se producen cada vez más vehículos computarizados, había institutos que seguían enseñando mecánica automotriz con motores de los años 60.
El país perdió 40 años de tiempo valioso al no atender la preparación de nuestros técnicos– dice. –Hemos descuidado totalmente el equipamiento y la preparación de los docentes.
Los datos son elocuentes.

Carreras populares

De acuerdo al censo escolar de 2014, en el Perú hay 1,024 institutos de educación superior. El 77% de ellos son tecnológicos y el 19%, pedagógicos (el 4% restante son escuelas de formación artística). Hay en ellos 389 mil estudiantes matriculados. Parecen muchos, pero no lo son tanto si reparamos en que los universitarios superan el millón. Es decir, la proporción es dos universitarios por cada técnico. En países industrializados como Alemania, la proporción es cuatro técnicos por cada universitario. Los técnicos hacen andar las cadenas productivas. Son el motor de una economía que crece.
Hay 400 mil muchachos estudiando carreras técnicas pero muchos de ellos nunca las ejercerán. De los 2.3 millones de peruanos que hasta el 2011 habían seguido una carrera superior técnica, menos de 350 mil, es decir menos del 15%, las ejercían, según un estudio sobre la demanda laboral de técnicos presentado por el Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa (Sineace) en diciembre pasado. El 85% restante trabajaba en otra cosa o, simplemente, no trabajaba.
Una de las razones que explica esto es, evidentemente, la desconexión entre lo que estudian los jóvenes y lo que requiere el mercado.
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) de 2011, la carrera técnica con más estudiantes es Técnico en Enfermería (12.7% del total). Le siguen Computación e Informática (10.2%), Docente de Educación Primaria (9.5%), Mecánica automotriz (7.1%), Ciencias Contables (6.7%) y Docente de Educación Secundaria (4.6%). Más de la mitad de los técnicos que están trabajando estudiaron una de estas seis carreras. Por alguna razón, son –o, por lo menos, fueron hasta hace muy poco– las más atractivas para los jóvenes.
Lo increíble es que cinco de las diez carreras técnicas con mayor número de estudiantes están entre las que tienen los salarios más bajos. El caso de la carrera Técnico en Enfermería es insólito: es la más popular entre los jóvenes pero es, al mismo tiempo, la que tiene los peores sueldos: 1,014 soles en promedio, según los datos del portal Ponte en carrera, auspiciado por los ministerios de Educación y de Trabajo.
Las otras carreras con muchos estudiantes y bajos Secretariado, Educación Primaria y Contabilidad.
En el otro lado del espectro están las carreras más demandadas por el mercado. La mejor pagada en este momento es Técnico en Arquitectura y Urbanismo. Le siguen Técnico en Ingeniería Minera, Metalurgia y Petróleo, Técnico en Ingeniería Civil y Técnico en Marketing, según el portal Ponte en carrera. Por supuesto, cada región debe de tener su propio ránking. Las regiones con agroexportación demandarán técnicos preparados en esta actividad productiva. En lugares como esos, estudiar Secretariado, Educación Inicial o Contabilidad probablemente no sea muy rentable.

Dominar las máquinas

La Ley de Institutos y Escuelas de Educación Superior que ha dictaminado la Comisión de Educación del Congreso busca ordenar el sistema de una vez.
Uno de los principales cambios que introducirá será la creación de una entidad, llamada Educatec, que planificará y organizará la oferta de los institutos superiores públicos de acuerdo a las necesidades de las regiones. En cada región habrá un comité consultivo en el que representantes de los sectores productivos y de las instituciones especializadas opinarán sobre lo que deben enseñar estos centros. De esta manera, no habrá sobreproducción de secretarias en medio de campos de cultivo.
Con esta ley se crearán institutos de educación superior, que enseñarán carreras de tres años y 120 créditos, y escuelas de educación superior, de cinco años y 200 créditos, similares a las universidades (pero sin estudios generales). Estas escuelas de educación superior serán tecnológicas o pedagógicas. Otorgarán los grados de bachiller y de licenciado y, previa acreditación, también los de maestro y doctor.
Pero quizás lo más novedoso es que esta ley permitirá el tránsito fluido en toda la cadena estudiantil. Un muchacho que cursó un año en un instituto de educación superior y tiene 40 créditos aprobados podría decidir estudiar en una escuela de educación superior tecnológica o en una universidad y sus 40 créditos le serán reconocidos sin problemas.
Daniel Mora cree que con esta norma, que constituye un verdadera reforma en la educación nacional, como lo fue la reciente ley universitaria, el país tendrá los técnicos que necesita para seguir desarrollándose. Ingenieros mecatrónicos, aeronáuticos, navales. Expertos en nuevas tecnologías agrícolas o ganaderas. Técnicos que dominen todo tipo de máquinas. Que sepan hacer las cosas.
El último jueves, la Ley de Institutos no pudo ponerse a votación en el Pleno debido a que el presidente de la Comisión de Educación se ausentó. Mora espera que la votación se produzca en la próxima sesión plenaria. El país descuidó durante varias décadas  a la educación superior técnica. Y no puede perder más tiempo.

La República

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