A Luisa Fernanda Pinzón le sorprende que en Buenos Aires haya gente que pasea a sus perros a la 1 de la madrugada.

Lo que más le gusta es la vida nocturna de la ciudad, pero le pesa el tránsito porteño.

Luisa, que dejó hace algunos años Pereira para estudiar Neuropsicología Clínica en la Universidad de Buenos Aires (UBA), es una de los tantos extranjeros que eligen Buenos Aires para combinar trabajo con estudio, pues allí se puede aprovechar la gratuidad que ofrece el sistema educativo argentino.

Entre el 2011 y el 2014, según un informe de la UBA, la cifra de alumnos extranjeros trepó de 7.000 a 12.000, mientras en la Universidad Argentina de la Empresa (Uade) la cantidad de estudiantes foráneos subió a un ritmo del 20 por ciento anual desde el 2004.

Todos los años al menos tres millones de personas migran en el mundo desde su ciudad natal hacia otro país. Según el informe anual de la Organización Internacional para las Migraciones, se trata de una tendencia que registra un comportamiento de migración interurbana. Buenos Aires se consolidó en los últimos cinco años como un nuevo imán para los extranjeros.

El número de extranjeros radicados se duplica en prácticamente todas las nacionalidades si se compara el primer semestre del 2014 con el mismo período del 2015, de acuerdo con datos de la Dirección Nacional de Migraciones del Ministerio de Interior y Transporte.

Los venezolanos son quienes más han aumentado en este período su comunidad en Argentina: de 1.057 que se radicaron en el 2014, la cifra ascendió a 3.201 en el 2015, lo que representa un aumento del 202 por ciento.

En el caso de los colombianos, el incremento registrado es de un 97 por ciento: de los 5.788 que se radicaron en el primer semestre del 2014, pasaron a 11.422 durante el mismo período del 2015.

También es considerable el aumento de los residentes de Ecuador y de Uruguay, con un alza del 94 por ciento y 38 por ciento, respectivamente.

El Tiempo

Con acento caribeño: más extranjeros jóvenes estudian y trabajan en la ciudad

A Luisa Fernanda Pinzón Martínez le sorprende que en Buenos Aires haya gente que pasea a sus perros a la una de la madrugada. Lo que más le gusta es la vida nocturna de la ciudad, pero le pesa el tránsito porteño. Mientras prepara un licuado en La Arepería, recuerda lugares y costumbres de Colombia, más precisamente de Pereira, su ciudad natal, que dejó hace algunos años para estudiar neuropsicología clínica en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Luisa es una de los tantas extranjeras que eligen Buenos Aires para combinar trabajo con estudio, realizar una carrera de grado o posgrado y aprovechar las oportunidades laborales que le ofrece la ciudad. Entre 2011 y 2014, según un informe de la UBA, la cifra de alumnos extranjeros trepó de 7000 a 12.000, mientras que en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) la cantidad de estudiantes foráneos subió a un ritmo del 20% anual desde 2004.

“Ya tenía un amigo que estudiaba en Buenos Aires y él me ayudó a tomar la decisión. En Colombia la educación no es una política de Estado prioritaria; entonces, estudiar es súper costoso”, explica Luisa, que llegó a Buenos Aires en marzo de este año para hacer un posgrado. Además de aprovechar la gratuidad que ofrece el sistema educativo argentino, decidió probar suerte en el país por el reconocimiento extra que le otorga estudiar en la UBA.

Empezó a trabajar dos semanas después de llegar a la ciudad como camarera en La Arepería, un restó de Palermo de comida típica colombiana. “Desde que llegué encontré un espacio entre las comunidades colombiana, venezolana y ecuatoriana. Uno construye una red de vínculos que lo hacen sentir más como en casa”.

Todos los años al menos tres millones de personas migran en el mundo desde su ciudad natal hacia otro país. Según el informe anual de la Organización Internacional para las Migraciones, se trata de una tendencia que registra un comportamiento de migración interurbana. Buenos Aires se consolidó en los últimos cinco años como un nuevo imán para los extranjeros.

Luisa, de modos suaves y voz dulce, trabaja para mantenerse económicamente y pagar el posgrado. “No me molesta trabajar en algo que no es lo mío, aunque no pierdo el norte y sé que vine aquí para conseguir el título”, asegura. Lo que más le gusta es la cultura del mate, aunque no lo toma. “Pero, a su vez, es un símbolo que te recuerda que no sos de aquí, que estás de paso”, sugiere.

El número de extranjeros radicados se duplica en prácticamente todas las nacionalidades si se compara el primer semestre de 2014 con el mismo período de 2015, según datos de la Dirección Nacional de Migraciones del Ministerio de Interior y Transporte. Los venezolanos son quienes más han incrementado en este período su comunidad en la Argentina: de 1057 que se radicaron en 2014, el número ascendió a 3201 en 2015, lo que representa un aumento del 202%. En el caso de los colombianos, el aumento registrado es de un 97%: de los 5788 que se radicaron en el primer semestre de 2014, pasaron a 11.422 durante el mismo período de 2015. También es considerable el aumento de los residentes de Ecuador y de Uruguay, con un alza del 94% y 38%, respectivamente.

Camaradería

Los colombianos y venezolanos radicados en la Argentina construyen lazos muy particulares, una camaradería que no logran forjar cuando viven en sus respectivos países. Anatheresa Aldao tiene 20 años y vino desde Caracas para estudiar Dirección de Arte para Cine y Televisión en la Universidad de Palermo (UP). “En Venezuela no había una carrera universitaria para mí. Eso, sumado a la inseguridad creciente, me convenció para venir. Y me encanta Buenos Aires”, asegura.

Detrás de la barra del restó Caracas, sugiere de la carta unas arepas reina pepiada, que tienen palta, pollo y queso blanco. “Trabajar me permite costear mis gastos diarios porque el control cambiario en Venezuela es muy estricto y sólo te habilitan dólares para pagar la universidad. En la UP me siento muy a gusto, hay clases en las que somos más extranjeros que argentinos”, señala. En esta universidad ingresaron más de 4000 alumnos extranjeros en 2015, que cursan carreras de grado y posgrado.

También hay jóvenes que eligen Buenos Aires para estudiar una carrera no tan tradicional. Tatiana Ureña es ecuatoriana, oriunda de Zamora, y tiene 22 años. Hace dos llegó a la Argentina para seguir Diseño Gráfico en la UBA, aunque en el camino decidió que lo que iba a estudiar era Tripulante de Cabina de Pasajeros, o azafata. “Trabajo desde que estoy aquí, mis padres no me mantienen, pero no me quejo: es parte de mi elección. Trabajo de 8 a 18 en el quiosco, y luego me voy a clases hasta las 22”, resume la joven mientras atiende el local de la calle Maipú.

Para vivir más holgada económicamente, comparte un departamento con su novio y con otros dos ecuatorianos que estudian y trabajan. Cuando termine de cursar no descarta radicarse en Buenos Aires. “Todo depende de las posibilidades laborales. Fueron dos años hermosos, pero pretendo volver a Ecuador. Extraño comer ranas con mi familia”, cuenta, ante la mirada atónita de una compradora. Apenas termine la carrera, estudiará inglés para poder subirse a un avión lo antes posible; mientras tanto, Buenos Aires le abre sus puertas.

Experiencias, en primera persona

Luisa P. Martínez

Camarera

“En Colombia la educación no es una política de Estado prioritaria; entonces, estudiar es costoso, no como aquí”

Anatheresa Aldao

Barwoman

“Trabajar me permite costear mis gastos diarios porque el control cambiario en Venezuela es muy estricto”

Tatiana Ureña

Quiosquera

“Quedarme en Buenos Aires es una posibilidad, pero pretendo volver a Ecuador. Aquí pasé años hermosos”

La Nación

Volver