Por Roberto Escalante Semerena
Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM y Secretario General de la Unión de Universidades de América y el Caribe UDUAL.

Desde la década de los años setenta del siglo pasado, la versión inicial de lo que hoy conocemos como Universidad Virtual, en Línea, Abierta, y otros nombres, la Open University, se perfilaba, y prometía, ventajas importantes para todos los niveles educativos, incluida la educación superior.

Uno de sus atributos principales que se ponía en primer lugar era, es, la flexibilidad lo que, a su vez, daría paso a otorgarle, a sectores excluidos de la educación superior, la posibilidad de tener acceso a este nivel de educación. Otras ventajas también se apreciaban: la inclusión derivada de una posibilidad de ampliar la cobertura y, en este caso, con un tinte de equidad de género, sobre todo porque las mujeres, y también los indígenas, son de los sectores sociales más excluidos de la educación, y en particular de la educación superior. Más recientemente el atributo de la inclusión se le ha añadido el tema de la equidad que significa que los que pueden tener acceso a la educación superior vía la educación en línea y más, tengan los medios adecuados (becas, capacitación) para funcionar adecuadamente en ese medio.

En suma, la versión heterodoxa de la educación presencial se perfilaba, y aún se insiste en eso, como la alternativa que conllevaría no solo a un mayor número de personas a la educación superior, sino, y más importante aún, a procesos formativos basados en el aprendizaje más que en la enseñanza , de mayor calidad que la ortodoxia del salón de clase como lo conocemos hasta fecha.

Sin embargo, ¿qué ha pasado en el horizonte de la educación superior latinoamericana con esta vía? ¿Qué tan extendida esta la educación a distancia en las universidades públicas y privadas de la región? ¿Quién es el principal actor y por qué?

Para obtener una aproximación de la situación se seleccionaron las principales 10 universidades según el QS Top University Ranking: Latin America 2015 . Las universidades seleccionadas fueron: Universidad de San Pablo, Brasil; Universidad Estatal de Campinas, Brasil; Pontificia Universidad Católica de Chile; Universidad de Chile; Universidad Federal do Rio de Janeiro, Brasil; Universidad Nacional Autónoma de México; Universidad de los Andes, Colombia; Universidad Paulista Julio de Mesquita Filho, Brasil; Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, México; Universidad de Brasilia, Brasil.

Se determinaron los países a los que correspondían a estas universidades y se obtuvo la información global de las IES a través de diferentes documentos y bases de datos oficiales del ministerio de educación o las asociaciones de universidades de cada país.

La información es elocuente. La educación a distancia dista mucho de cerrar la brevha respecto de la educación presencial. Y la fórmula que parece haber ganado más terreno es de a la par de la educación presencial inaugurar alternativas de educación a distancia. Un segundo resultado interesante es que la educación a distancia, ya sea en si misma o acompañada de la educación presencial es principalmente un tema de las universidades privadas, no de las públicas. Esto, de inicio, resultaría paradójico porque la hipótesis nula es que, tomando en cuenta las características de la educación a distancia y la vocación de las universidades públicas, éstas deberían de ser, por lo menos en teoría, las que desarrollarán más la educación a distancia. ¿Cuál es la razón o razones que explican eso? Una posible respuesta son las dificultades que enfrentan las universidades públicas para procesar las transformaciones institucionales y de otra índole que implica la educación a distancia. Uno de esos obstáculos, por ejemplo, podrían ser los profesores que carecen del entrenamiento adecuado para operar en esa modalidad educativa.

Como puede apreciarse en el cuadro que sigue, algunas de las universidades consideradas muestran un número relativamente pequeño de licenciaturas en las modalidades abierta, a distancia y semipresencial.

Licenciaturas abierta, a distancia y semipresencial

Al ser las universidades privadas las que en mayor número ofrecen educación a distancia, se pervierte, en alguna magnitud, sus propósitos principales que son, dicho un poco en términos ideológicos, democratizar la educación superior. Pareciera ser que la educación a distancia, en los hechos se ha convertido en una nueva vertiente de negocio. Muy lucrativa, por cierto.

El autor es catedrático de la Facultad de Economía UNAM y Secretario General de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe UDUAL.

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¿Qué deben hacer las universidades en la era digital?

El 27 de enero, bajo los auspicios de la Universidad Internacional de la Rioja y la Agencia EFE de Noticias, un conjunto de personalidades de la vida pública, diplomática y académica se dieron cita para intercambiar ideas y puntos de vista acerca de qué está ocurriendo en la educación superior en la era digital y qué cambios podemos y tal vez, debemos de esperar en las universidades, en tal ambiente tecnológico.

Los diferentes ponentes abonaron ideas desde distintas fronteras de preocupaciones y sugirieron, también, distintas acciones para concretar la solución a sus preocupaciones.

Una preocupación, a mi juicio equivocada, fue la de sobrevalorar la capacidad de las tecnologías contemporáneas para resolver el reto que significa para las universidades formar a profesionales capaces de enfrentar las complejidades de la globalización como son el empleo, la pobreza, la desigualdad, la inclusión social y otros. Aunque de una manera simplificada, algunos juicios apuntaron que bastaría con intensificar la digitalización para que las universidades encontraran la fórmula mágica que haga emerger de su seno a ingenieros, abogados, economistas y demás, perfectamente aptos, y más aptos, que aquellos que se educaron en ambientes universitarios en dónde la tecnología educativa era, por supuesto así considerada, inferior a la de la era digital.

Nadie puede negar que los instrumentos digitales a nuestra disposición para comunicarnos, transmitir información, analizarla, tienen una influencia decisiva en la vida cotidiana y en muchas otras áreas, como en el de la educación, y también, más específicamente, en la educación superior. ¿Quién puede abstraerse al uso cada vez más inevitable de la telefonía celular, el internet, las tablets y demás? Sectores sociales cada vez más amplios, incluidos los de escasos recursos, son incorporados diariamente a las capacidades, ventajas, y porque no, desventajas, que ofrece la digitalización.

Una reflexión generalizada es que la digitalización es resultado exclusivo de innovaciones tecnológicas. Ciertamente, lo son en mucho reacciones que la ciencia ha generado a las actualidades del mundo globalizado contemporáneo. Lo global exigía velocidad y la velocidad auspició la globalización.

Sin embargo, el tema importante a considerar es que el mundo es extremadamente heterogéneo y lo digital opera no en un vacío sino en ambientes sociales y económicos específicos y, otra vez, heterogéneos.

Heterogéneos en todo, en niveles de ingreso, en orígenes y antecedentes culturales. Y, nuevamente, la pregunta importante es cómo el mundo digital puede responder a las heterogéneas características y necesidades de un mundo globalizado. ¿Puede hacerlo y mejor que las tecnologías que están rápidamente siendo sustituidas, o por si mismas?

Las universidades son los espacios más propicios y poderosos para socializar y generar nuevo conocimiento que tiene, en teoría, el objetivo de hacer más factible la solución de problemas que la sociedad enfrenta. Y los instrumentos digitales, también en teoría, son poderosos aliados en la búsqueda de verdades nuevas que desemboquen en nuevos conocimientos.

Puesta así esa afirmación su validez es parcial y no necesariamente la mejor. Con la digitalización o sin ella, es falso pensar que la educación, y la educación superior en particular, en sí mismas son la clave automática de solución de los problemas. Son un factor importantísimo, pero no el exclusivo y, a veces ni siquiera el determinante. Aunque también es obligado decir que sin educación, la posibilidad de resolver problemas es mucho más difícil que no teniéndola.

Las universidades tienen un reto doble. Tienen que educar a sus estudiantes e investigar, los problemas actuales e imaginar a la sociedad futura para, también entender como tendrán que rediseñar lo que enseñan e investigan hoy. Esa es una ventaja enorme que proporcionan los instrumentos digitales. Son flexibles y pueden, si son diseñados y manejados adecuadamente, adaptarse a contextos sociales, territoriales y demás, diferentes. Y muy importante, tienen un alcance masivo. Como alguien ha dicho, los medios digitales pueden hacer de la educación un fenómeno masivo de grandes dimensiones atendiendo necesidades individualmente requeridas.

Dicho de otra manera, en un mundo en donde los medios digitales tienen una presencia creciente y poderosa; en un contexto globalizado donde la las universidades son las organizaciones que más capacidad tienen para generar nuevo conocimiento que resuelva problemas; en una sociedad del conocimiento cruzada, sobre todo en el mundo en desarrollo, por enormes heterogeneidades y desigualdades, y las características de flexibilidad y gran alcance que tienen las tecnologías de la información y la comunicación, lo que importa no es ser solo más digital. Lo crucial es tener clara una agenda que atender y una estrategia inteligente para aplicar la digitalización para lograr los resultados más efectivos en la solución de problemas socioeconómicos.

Ese es el papel de las universidades en la era digital. No se trata de tener afanosa y desesperadamente más computadoras, más internet o Twitter. De lo que se trata es para qué usarlos. Y en ese quehacer hay distintas opciones. La que más conviene es la de orientar la digitalización a resolver, en este horizonte, desde las universidades, los problemas de los más.

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