Jóvenes, universitarios y agroecologistas

Preparan su cosecha sin arar mucho, a machete; un rototiller, a lo sumo. Lo hacen sin pesticidas, herbicidas ni agrotóxicos. Lo hacen por compromiso social y político.

Lo hacen, más que todo, por amor a la tierra. Como proyecto de vida.

En Mayagüez, en Ponce, en Utuado y en Río Piedras, estudiantes universitarios han abrazado la agroecología para aportar su granito –o más bien granote– de arena en garantizar una seguridad alimentaria, solucionar los problemas ambientales, y educar sobre la importancia de la labor agrícola para esta y las próximas generaciones.

Desde producir alimentos que consumen o reparten hasta visitar escuelas y ayudar a niños a crear sus propios huertos ecológicos, estos alumnos de distintos campus de la Universidad de Puerto Rico (UPR) se han encargado de enseñarle a los más grandes –y de concienciar a los más pequeños– que la agricultura ecológica es viable.

Así lo sueñan. Y así lo creen posible.

El regreso a la tierra

Lo que se palpa –en la calle, en las fincas, en los periódicos, en la universidad– es cierto: cada año, más estudiantes ingresan a estudiar agricultura. Así lo evidencia las estadísticas de estudiantes matriculados en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) y en la UPR en Utuado, donde se ofrecen los programas de ciencias agrícolas a nivel sistémico.

 

 

En el RUM, el incremento comienza en el año académico 2007-2008, con 888 estudiantes matriculados en los doce programas de bachillerato, incluyendo preveterinaria. Para el 2015-2016, la matrícula subgraduada fue de 1,363 estudiantes, o 53.5% de aumento en ocho años.

 

Un patrón similar se ve en la UPR en Utuado, donde a excepción del año académico 2011-2012 (cuando se reportó la matrícula más baja de estudiantes a nivel sistémico tras la huelga estudiantil), la matrícula ha ido en aumento.

Para Nelson Álvarez Febles, experto en agroecología y uno de los primeros en publicar extensamente sobre el tema en Puerto Rico, asuntos como la preocupación por la disponibilidad de alimentos locales, un interés por lo ecológico, y el deseo de estilos de vida más saludables son razones que mueven a la juventud a estudiar agricultura y considerar prácticas agrícolas sustentables.

A eso se suma la búsqueda de opciones laborales con cierta independencia, las oportunidades en la economía local ante la crisis aquí, en Estados Unidos e internacionalmente, y “en cuanto a la agroecología, el interés por una alimentación sana, una coherencia ideológica con principios políticos y una responsabilidad social”, agregó el experto.

Son, en síntesis, las mismas razones que mencionaron los universitarios.

RUM: construyendo el sueño de un futuro agroecológico

En un huerto de poco más de 200 pies, Iván Vallés, Harrison Rodríguez y Carlos Reyes han cosechado maíz, calabaza, yuca, viandas, guineos, tomates, yautía, quimbombó, berenjena, cilantro y arroz.

Junto a una veintena de estudiantes, conforman la Asociación de Estudiantes Agricultores (AEA), que desde el 2009 cultiva agroecológicamente en un predio de la Finca Alzamora del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM).

Pero antes de la siembra estuvo la protesta.

“[El huerto] lo conseguimos luego que en el 2009 se desató una lucha en la Finca Alzamora porque iban a construir una carretera. Un grupo de estudiantes comenzaron a oponerse al proyecto, y se creó un movimiento que defendía los suelos de las fincas. En ese proceso la AEA adquirió estos predios en la finca para llevar a cabo sus prácticas, y hasta el sol de hoy todavía lo tenemos”, explicó Vallés, de 24 años.

Paralelo a la manifestación, el huerto también se configuró como una manera de colectivizar los huertos individuales que algunos miembros de la AEA tenían en sus casas u hospedajes.

“Íbamos todos a la casa de cada uno a trabajar nuestros diferentes huertos. Cuando se da la lucha de la Finca Alzamora, entonces logramos conseguir un huerto común para todo el mundo trabajarlo y ahora el caso es distinto: ninguno tenemos huertos. Todos venimos aquí”, añadió Vallés.

La importancia del huerto ecológico de la AEA, además, es ofrecer un lugar de práctica distinto al enfoque agrícola que se prioriza en el RUM, que no cuenta formalmente con cursos ni laboratorios sobre agroecología.

“Aquí en el RUM no se practicaba [la agroecología] y la filosofía de producción es una filosofía convencional o industrial. Esta es una de las iniciativas estudiantiles que trabaja con la agroecología y que reta a la institución y le demuestra que haciendo agricultura ecológica se puede producir alimentos”, señaló Reyes, de 22 y estudiante de horticultura.

Más allá de quedarse en la universidad, y poniendo en práctica la dimensión social de la agroecología, los estudiantes han llegado hasta las escuelas públicas aledañas al RUM para educar a los niños y construir huertos.

“Ahora mismo estamos trabajando en la Escuela Intermedia José Gautier Benítez, del barrio París, cerca del RUM. Ahí nosotros nos dedicamos a reconstruirle su huerto, y los estudiantes integraron un huerto vertical con materiales reciclados”, indicó Rodríguez, de 20 años y estudiante de industrias pecuarias.

Para Vallés, su esperanza es que la agroecología pase a ser el modelo de desarrollo agrícola en Puerto Rico y que se visibilicen los esfuerzos que ya se están dando.

“Actualmente hay muchas personas y muchas iniciativas, pero todavía no se ha creado una política pública a nivel estatal, así que aspiramos a que no solo trabajando desde nuestro huerto sino desde todos los huertos en la Isla podamos construir un futuro agroecológico para Puerto Rico” expresó.

UPR en Ponce: conciencia de lo orgánico, importancia de lo local

Todo empezó con una preocupación por el estado de la seguridad alimentaria en el País.

Desde el 2014, sobre 30 estudiantes de la UPR en Ponce, organizados como la Coalición Estudiantil Pro-Agricultura (CEPA), mantienen el Huerto Atabey, un terreno en el mismo centro del campus que utilizan para concientizar no solo sobre dicho asunto, sino de la problemática de las semillas genéticamente modificadas y el mal uso del agua.

En un terruño de poco más de 60 pies, Eduardo Llegus, junto Víctor Irgoyen, Alan Figueroa y el CEPA, ha cosechado guineos y plátanos, berenjenas, quimbombó, lechuga, yuca, orégano, romero, cilantro, albahaca, guanábanas, girasoles, habichuelas, espinaca y lechosa.

“Una de nuestras críticas mas exhaustivas es que el puertorriqueño debe eliminar por completo el estigma social de que la agricultura es para los jíbaros de la montaña o que es la última opción laboral. Es totalmente absurdo considerarlo así porque el agricultor es el sustento principal de un país libre”, puntualizó Llegus, de 23 años y estudiante de biomédica.

El Huerto Atabey surgió cuando el profesor José Villalón le propuso a varios estudiantes realizar un proyecto de concienciación sobre la seguridad alimentaria en Puerto Rico. Desde entonces, han incorporado otras problemáticas ambientales, como la contaminación ambiental y el uso desmedido de químicos en las fincas comerciales.

“Una de las características es que todo lo que se siembre en el huerto debe ser orgánico. Está prohibido utilizar semillas genéticamente modificadas. Este es otro de los fines del huerto, crear conciencia del problema que tanto el País como el mundo tiene debido a este tipo de semillas. El huerto es sin fines de lucro, y todas las semillas, materiales y demás han sido donados por agrónomos comprometidos con el proyecto y también por la UPR, que nos ha facilitado herramientas de trabajo”, agregó Llegus, quien preside la organización.

La agroecología, como concepto, contempla una dimensión sociopolítica. En esa línea, el CEPA –al igual que los agroecologistas del RUM– han establecido el Programa de Adopción de Escuelas, donde destinan miembros de la asociación para trabajar, levantar y gestionar un huerto escolar con los estudiantes, padres y maestros de la escuela seleccionada.

Y para mitigar la falta de secuencias curriculares sobre agroecología en la UPR en Ponce, los universitarios están preparando cursos de educación continua sobre técnicas básicas agrícolas, compostaje, manejo sustentable de materiales y agroforesteria, que se ofrecerán el campus ponceño.

“Nos preocupa la situación actual del Acuífero del Sur y su mal manejo por parte de diferentes agencias o entidades jurídicas. Puerto Rico debe utilizar sus recursos naturales de forma sustentable y armónica con la ecología ya que de esta forma garantiza a largo plazo su uso eficiente”, subrayó Llegus.

UPR en Utuado: sembrando la agroecología en la academia

El movimiento agroecológico en la ‘Universidad de la Montaña’ es tal, que solo falta que la Junta Universitaria y la Junta de Gobierno del primer centro docente del País aprueben el bachillerato en agricultura agroecológica.

yuca-2                        Reyes levanta la yuca que acaba de sacar del huerto del MEA en la UPR en Utuado. (Suministrada)

Es lo menos que esperan Jesef Reyes, de 19 años, y Yonalis Rivera, de 20 años. Ambos estudian el grado asociado en horticultura. Si quisieran obtener el bachillerato en esa misma disciplina, tendrían que matricularse en el RUM. De ahí que la posibilidad de un bachillerato en la UPR en Utuado se presente como una opción de estudios más completa. La propuesta cuenta al momento con el apoyo estudiantil y docente.

Reyes y Rivera forman parte del Movimiento Estudiantil Agroecológico (MEA), fundado en el 2015. En el huerto del grupo han cosechado parcha, papaya, batata, yautía, malanga, yuca, maíz, diferentes variedades de granos y habichuelas, lechuga, tomate, berenjena, plantas repelentes para plagas y otras beneficiosas para polinizadores. De esos mismos cultivos, esperan poder montar un comedor social, a tono con la gestión –también liderada por estudiantes– que se hace en otras unidades de la UPR.

Para ambos universitarios, el asunto de que vivamos en un país donde la mayoría de los productos importados cuando en Puerto Rico mismo hay terreno para cultivar y jóvenes dispuestos a trabajar –y el hecho de que los alimentos menos saludables e importados sean más accesibles al consumidor– les resulta alarmante.

“Hay que sembrar sí o sí, aunque hayas estudiado otra profesión. Todo el mundo debe saber sembrar y producir su propio alimento, ya que es un requisito básico de la vida”, puntualizó Reyes, quién también forma parte del Proyecto de Café El Cormo.

UPRRP: el huerto como respuesta a la crisis

Julio Andino recuerda muy bien lo que sucedió con el carguero El Faro en octubre de 2015.

“Estamos tan acostumbrados a que los barcos lleguen que no creemos posible que dejen de llegar. No podemos ni debemos esperar a que dejen de llegar para tomar acción. Debemos, como país, ser proactivos y dejar de ser reaccionarios ante los problemas”, expresó Andino, de 28 años, maestro y exalumno de la Facultad de Educación del Recinto de Río Piedras.

huerto-5Miembros del AUUF preparan el terreno para la siembra. Justo al fondo, la Escuela de Bellas Artes del Recinto de Río Piedras. (Suministrada)

Andino le da una mano –o dos, propiamente– a Gabriela Collazo, Odette González y 25 miembros más que desde el 2010, en un terreno entre la Escuela de Arquitectura, la Escuela de Bellas Artes y las residencias estudiantiles, cultivan agroecológicamente el Huerto Semilla. Están organizados como el colectivo Agricultura Universitaria por una Urbe Fértil (AUUF).

“Siento el llamado de trabajar por una vida digna, justa y de calidad para todos y todas, seres humanos y no humanos. Hoy estamos viviendo como la visión de ‘desarrollo’ nos ha encaminado a un momento de crisis en todos nuestros sistemas de organización: el social, económico y político, llevándonos por el medio todo aquello que nos da vida y sustento, nuestra tierra”, manifestó Collazo, de 24 años y técnica de laboratorio de la Facultad de Ciencias Naturales.

En Huerto Semilla, el colectivo siembra actualmente cilantrillo, eneldo, arúgula, kale, mostaza, mezclum salad, pepinillo, melón cantaloupe, melón de agua, cherry tomato, tomate, berenjena, ají dulce, repollo, calabaza, habichuelas, gandules, bok choy, maíz, lechuga romana y girasol silvestre.

El AUUF entiende que si bien la comunidad universitaria está alerta a lo que sucede en el campus y en el País, no lo está tanto en “el trabajo de la tierra en colectivo, y en cómo esta labor une masas, unifica los pueblos y sienta las bases para la autogestión. Esto se está despertando en el presente, no sólo en los espacios internos que nos brinda la universidad y en sus estudiantes, sino afuera también: en los mercados agrícolas y proyectos agroecológicos”.

huerto-10Como el ciclo de la vida o la forma del planeta Tierra, estudiantes del AUUF enseñan muestran parte de la lechuga cosechada. (Suministrada)

Más que un salón de clases improvisado, el huerto “es una ruptura para atender los retos de la actualidad, como la crisis alimentaria, el cambio climático, la crisis económica, el aumento en las enfermedades crónico-degenerativas, la marginación de la mujer y otros sectores, el desempleo, la desigualdad social y el desafiante control del mercado”, apuntó González, de 24 años y estudiante de nutrición y dietética.

Después de la universidad

Mientras muchos estudiantes se gradúan sin tener un panorama claro de qué quieren hacer con sus vidas, los universitarios agroecológicos lo tienen bien clarito.

“Yo personalmente quisiera conseguir una finca y desarrollarla agroecológicamente porque en la medida en que se desarrollen este tipo de proyectos y se vinculen entre sí es que vamos a poder crear una agricultura para el futuro de Puerto Rico. Ahora mismo hay mucha agricultura a pequeña escala que está bien fragmentada, no hay unas redes distributivas eficientes, y eso hace que muchos agricultores pierdan las cosechas y se le haga bien difícil echar pa’ lante su agronegocio”, mencionó Vallés.

Por su parte, Llegus destacó que “la agricultura siempre ha sido una opción laboral y de forma de vida para los puertorriqueños”. El joven indicó que muchos de los miembros de la CEPA ha proseguido estudios graduados en agronomía, ciencias ambientales, salud ambiental y ecología.

“Podemos unificar y lograr una utópica soberanía alimentaria desde la base popular, retornar a nuestras raíces. Existen oportunidades de agroempresarismo. El área de manejo sustentable es uno poco explorado y con mucho potencial, el negocio de la composta tiene un elaborado sistema a largo plazo que serviría como fuente de empleo”, elaboró.

Desde Utuado, Rivera entiende que la agricultura “sí es una opción laboral ante la crisis. Es fuente de alimento y materia prima, de donde se derivan otros productos. Además, comer es una necesidad básica y el hecho de producir tus propios alimentos te hace independiente, te reconecta con la tierra y te empodera”.

Los miembros de la AUUF, a su vez, reconocen la agroecología como “lo que es y será nuestra realidad laboral. El huerto ha sido parte de esa formación. Consideramos esto como nuestra forma de vivir, un proyecto de vida”.

Diálogo UPR

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