Especial para Claridad

Desde 1994 Puerto Rico no había atravesado un período de sequía tan extenso como el presente. Este año, el tema de la sequía en Puerto Rico pasó de ser uno distante a convertirse en lo más común de nuestra rutina diaria. Al menos para la población metropolitana de la Isla, éste es “el pan nuestro de cada día”. Con el pasar de los días ya no es una preocupación futura, no es un chiste mal contado. Es una realidad, que está ocurriendo no solo en esta parte del mundo, sino que poco a poco está tocando a diferentes países alrededor de la Tierra. Hay casos tan extremos, como por ejemplo, el de Australia, que lleva alrededor de una década con sequía masiva, lo que ha provocado incendios constantes, millones de pérdidas en cosechas y agricultura y la depresión de agricultores que incluso los ha llevado a terminar con su vida. Y pensamos que casos como ésos están muy lejanos en la realidad de vida de Puerto Rico.

El primer mes de sequía de este año 2015 se manejó como un hecho preocupante, pero que acabaría pronto. Ya al segundo, al tercero, junto con cada noticia de primera plana de periódicos y noticieros respecto a nuevos ajustes al plan de racionamiento, es que entonces decimos “la cosa se puso seria”. Quizá ése es un mal de los puertorriqueños, algunos dirían. O de la humanidad en general; esperar a que la “soga nos llegue al cuello” para reaccionar. Esto, sin dejar a un lado el mal manejo de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) sobre la pérdida de agua que asciende a un 60% por defectos en la infraestructura que poco o nada se han corregido.

Con el paso del tiempo la preocupación y desesperación son evidentes. Y esta desesperación ha llevado incluso a que se considere y experimente en la Isla con la alteración del clima mediante la “siembra de nubes”. Este controvertible tema ha generado debates en diversos escenarios; unos apoyan el experimento, otros se niegan rotundamente a que Puerto Rico se exponga a dicho experimento que tiene, como todo lo demás, sus consecuencias.

En entrevista con CLARIDAD, el profesor y experto en biología de la Universidad de Puerto Rico, Arturo Massol Deyá, expone sus críticas a este experimento y, en su lugar, presenta posibles soluciones que se podrían emplear en la Isla para combatir el tiempo árido y seco que atravesamos.

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¿Cuál es su posición con la “siembra de nubes”?

“Siembra de nada, se trata de un programa de modificación climática liberando químicos, sin control, en la atmósfera. A Puerto Rico lo han utilizado para mucha experimentación cuestionable, y ésta es una de ellas. Un fracaso histórico. Si complicado es para los meteorólogos predecir el tiempo en El Caribe, imagínate la soberbia de quienes dicen que pueden controlar el clima y la ingenuidad de quienes se lo creen y los contratan. Pero para mí los asuntos éticos de insistir en esto son el tema central. Si se pudiera, ¿debemos hacerlo? Si una nube estaba destinada a madurar en la República Dominicana y llover allá, ¿podemos madrugarlos y artificialmente quedarnos con esa humedad acá? El cielo es de todos y de nadie. Un tema como éste requiere deliberación, no su imposición sin consulta y mucho menos a fuerza de mentiras.”

¿Cuáles pueden ser las consecuencias?

“Cualquier intervención tiene consecuencias en un sistema. Si remueves humedad en un lugar, esa humedad no estará disponible para otra zona. Además, estás liberando químicos a la atmósfera por la libre. ¿A qué industria le otorgan mano libre para descargar yoduro de plata a un río? La incertidumbre es muy grande. Lo que faltaba, que además de facturarle a la gente por el agua que potabilizan de ríos, embalses y los acuíferos, ahora añadan el ‘ajuste por construcción de nubes’.”

¿Cómo considera que se debe manejar el recurso agua ante la presente situación?

“La sequía es un hecho, 83 por ciento del país está en ella, pero sólo un treinta y pico por ciento de la población está en racionamiento. ¿Quiénes? Aquellos que se sirven de Carraízo y La Plata. Entonces el problema es otro, aquellos que dicen ‘sí’ a todo, sin evaluar las consecuencias acumulativas del mal desarrollo, de la ausencia de planificación, del lucro personal sobre la seguridad colectiva, pues esas maltratadas cuencas hidrográficas son vulnerables a situaciones como ésta. Con ese desparrame tienes deforestación, más sedimentos que tapan los embalses, menos agua a los ríos en periodos sin lluvia, más demanda de agua embalse-arriba, por lo que tienes menos recarga, más tuberías por doquier que la hacen vulnerables a fallas. Es decir, la receta perfecta para el colapso. ¡Apenas 35% de cobertura boscosa en la cuenca de Carraízo! Esto es el indicador del desastre de un desarrollo insostenible. Ahora la naturaleza nos está pasando factura.

“El Yunque, aún con un gran déficit de lluvia en los últimos tres años, ha mantenido cierto caudal para suplir de agua a la zona este incluyendo a Vieques y Culebra. ¿Qué sería si ese espacio fuera también ‘desarrollado’? Acá en Adjuntas y en esta región hemos defendido los bosques de minería y de un suicida gasoducto que habría impactado las cabeceras de cuencas hidrográficas y 234 cuerpos de agua. Hoy gozamos de una cobertura boscosa saludable y se produce agua para la región, para la zona oeste, sur y norte y otros 100 millones de galones diarios para San Juan. Esa cantidad que se envía desde acá a través del supertubo equivale a un Carraízo operando a capacidad. Algunos se burlaron llamando a esta región el Bosque Mágico. Pero tienen razón, es magia lo que ocurre en el bosque para mantener abastecido de agua a gran parte del País.”

¿Se debe extender el racionamiento fuera del área metropolitana?

“Si no amerita, por supuesto que no. San Juan no es Puerto Rico. Si allá dejaron que sus cuencas hidrográficas fueran malamente impactadas, pues a restaurar esos espacios. Pero no debe promoverse ningún sentido de culpa para aquellas zonas que tienen agua. Por supuesto, la solidaridad, la empatía y las oraciones son por lluvia y agua para todos.”

¿Cómo se debe abordar el manejo del agua a mediano y largo plazo en el país?

“En lo inmediato, a reconocer y ajustar nuestra cultura de consumo de agua por una consciente y eficiente. A la AAA, es ya un coro trillado la necesidad de que corrija el 60% de pérdidas, eso es simplemente incomprensible. Además podemos usar el aprovechamiento del agua de lluvia donde cae, como durante los múltiples aguaceros en la zona metropolitana. Es curioso. Primero estamos en sequía y en minutos puede haber una advertencia de inundaciones repentinas. Una hora después sigue la sequía. Increíble, toda esa agua por las cunetas, bajando de los techos y perdiéndose en la cara de cientos de cisternas que podrían almacenarla con plomería básica. Además es necesario reforestar esas cuencas hidrográficas y completar un Plan de Uso de Terrenos que prevenga la locura. Si 20 años atrás, cuando dragaron Carraízo a un costo de $60 millones, hubieran reforestado, hoy tendríamos más bosques y seríamos menos vulnerables. La agenda a mediano y largo plazo es la agenda de hoy. No podemos esperar más. Otro asunto es proteger los acuíferos, que en una ocasión suplían hasta el 36% del agua del país. Pero, ¿qué esperas si impactas la zona del Karso o mal manejas cenizas de AES sobre el gran acuífero del Sur?”

¿Qué recomendaciones -si alguna- se le puede dar a la ciudadanía ante la presente situación?

“La gente ha dado cátedra en la crisis. Algunos quieren dictar, multar o castigar, pero no me parece la ruta. Yo estoy orgulloso de la respuesta colectiva aunque existan manchas en el sol.”

Claridad

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