Los actuales alumnos de nuestras escuelas primaria y secundaria son los ciudadanos del mañana. Muy poco queda por añadir en torno a las ligerezas de nuestro sistema educativo colegial y universitario. Pero, ¿acaso somos verdaderamente conscientes de todo lo que nos hace falta conocer acerca de la lamentable calidad de nuestra Educación escolar? La respuesta es un rotundo no. Porque de saberlo nos habríamos espantado e indignado de nuestra monumental desidia y bárbara irresponsabilidad. Una insensatez de rango vergonzante. Hagamos historia. El gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas –el socialismo uniformado impuesto por Velasco Alvarado-decidió transformar las estructuras del Perú. Cota importante de esa metamorfosis era, sin lugar a dudas, cambiarle la manera de pensar a la niñez y juventud para, imitando a tiranías semejantes –en ese momento todas miraban a la revolución comunista de Fidel Castro como modelo a seguir- moldear “un nuevo Perú” fundado en la ideología socialista sudaca. Por eso Velasco Alvarado & Cia. pusieron tanto empeño en aquella “reforma educativa” orientada a impregnar a las futuras generaciones de los complejos sociales que predicaba el catecismo socialista. Fundamentalmente: mucha frustración, resentimiento, venganza, maldad y violencia. Por eso, como certera y eficaz medida el velasquismo creó el ideologizado, agresivo Sutep (Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú), aquella primera piedra de rasgos rojos que serviría para implantar una “educación revolucionaria orientada a transformar las estructuras oligárquicas del país”.

Desde aquella intentona por alterarle el cerebro al peruano -inculcándole el virus del resentimiento social y el complejo de inferioridad, como acicates para trasmutar su pensamiento hacia una alienada concepción de sociedad socializada donde el éxito estuviera vertebralmente prohibido-desde entonces, repetimos, poco ha cambiado la genética de nuestro sistema educativo. Por fortuna la colectividad peruana –el núcleo familiar occidental- sirvió de bastión para repeler aquel conato de trasmutación ideológica que pretendió enraizar la revolución socialista de Velasco & Cia. Sin embargo, remanentes velasquistas siguen impregnados en las currículas escolares. Y esencialmente el profesorado mantiene intacta su ideología comunista. Precisamente el Sutep forma parte del partido comunista Patria Roja. Mayores pruebas no hacen falta para demostrar que seguimos inmersos en una trasnochada, dogmática y peligrosa política de Educación manejada por el socialismo sudaca.

Pero nuestro fracasado sistema educativo no sólo sigue infestado de dogmatismo, resentimientos sociales y complejos de inferioridad. También adolece de una secular medianía en cuanto a los mecanismos y métodos de enseñanza que debería exhibir una Educación Pública de calidad en pleno tercer milenio. Por algo nuestros alumnos se ubican entre los menos instruidos del planeta. Una realidad que debería enfadarnos en extremo. Esperamos que algunos candidatos que aspiran a conducir el Perú hasta el 28 de julio de 2021 presenten propuestas viables -pero urgentes- para acabar de una vez por todas con nuestro pasmoso nivel de incultura. El 2021 conmemoramos dos siglos de vida republicana. Estamos obligados de celebrarlo como se merece. Por ejemplo, restaurar el sólido sistema educativo desideologizado que rigió hasta el golpe velasquista, al que contribuyeron apasionadamente amautas patrióticos como Basadre, Cueto Fernandini, Valcárcel y Honorio Delgado.

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