Meses atrás, un grupo de profesores y alumnos de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC) viajó hasta la comunidad nativa Nuevo Saposoa para constatar el dato frío con la realidad.

En esta localidad ucayalina de la etnia shipibo-conibo, el día termina cuando se va la luz solar; salvo para algunos que utilizan mecheros de combustible fósil para desplazarse o hacer sus trabajos de artesanía, oficio muy extendido allá.

Pero el mechero –a petróleo o querosene– es una alternativa dañina para la salud: genera problemas respiratorios en esos pueblos que integran ese 42% rural sin electricidad.

La idea

“Nos planteamos hacer un prototipo de lámpara de bajo mantenimiento, para que puedan utilizar los vecinos; que no necesite de mucha manipulación, y más bien relacionarlo con alguna actividad cercana a ellos”, explica el profesor Elmer Ramírez, uno de los encargados del equipo multidisciplinario.

Tomaron muestras de vegetación y tierra, que es lo que más abunda en la Selva, e investigaron sobre el estado del arte de las tecnologías alternativas. Advirtieron de investigaciones muy avanzadas a nivel de laboratorio en el mundo, pero aún no vistas como soluciones.

Observaron que se podía generar electricidad a partir del principio de fotosíntesis de las plantas (ver infografía).

Trabajaron en el desarrollo de unos electrodos que permitían capturar esa corriente, para almacenar la energía y pueda iluminar una lámpara de alta eficiencia.

En la cancha

La última semana de octubre entregaron diez “plantalámparas” a igual número de familias de Nuevo Saposoa. Las capacitaron y les informaron que pueden utilizarlas durante dos horas, para que el resto del tiempo la planta realice el proceso de fotosíntesis y el sistema pueda producir y almacenar la electricidad, permitiendo que sea sostenible.

Ramírez recuerda que es una alternativa frente a la electricidad fotovoltaica que utilizan otras comunidades amazónicas. La gran diferencia es que no necesita de un soporte técnico. “La fotovoltaica requiere de una inversión más fuerte, ya que al utilizar celdas solares o un aerogenerador, se requiere de un mantenimiento constante. Nuestra solución se basa en las plantas. Si ellas empiezan a disminuir su performance, se debe de renovar la tierra”.

Si bien existen instituciones dentro y fuera del país interesadas en reproducir la “plantalámpara”, es un prototipo con fines de investigación que continúa su desarrollo.

Por ejemplo, hoy simplemente se ha tomado la tierra sin tratamiento, el equipo quiere investigar cuánto mejora el rendimiento del prototipo con la tierra abonada.

Se utilizaron las plantas ornamentales ponitel, que también embellecen el ambiente, pero cualquier especie es buena. En cuanto a la batería es una de alta eficiencia, que puede durar entre dos y cinco años, dependiendo de la marca. Con poca electricidad debe permitir la recarga y tenga una alta capacidad, es lo recomendable.

La lámpara es de alta eficiencia, de unos 300 lúmenes, con buena iluminación para alimentar un área doméstica, tiene una vida promedio entre las 10,000 y 20,000 horas de uso.

“Hoy los niños de Nuevo Saposoa ya la usan para estudiar durante la noche, mientras en el día asisten a la escuela y ayudan a sus padres. Los artesanos ya pueden trabajar por las noches y los padres de familia pueden contribuir a las actividades de la casa o utilizar horas de ocio en su vida diaria”, dice Ramírez.

En breve el equipo volverá allá para ver cómo les va a las familias con la “plantalámpara”, recabar información y seguir mejorando el prototipo. (José Vadillo Vila)

Datos

El prototipo trabaja con base en energía limpia, renovable. Es ideal para zonas donde no hay energía eléctrica, aunque puede utilizarse en cualquier lugar, debido a su sencillez. Dos horas de luz, mediante un foco LED, puede generar la “plantalámpara” con los nutrientes de las plantas.

Nuevo Saposoa se ubica a cinco horas por vía fluvial de Pucallpa. Tiene 137 habitantes que hablan el idioma shipibo-conibo. El equipo multidisciplinario de la UTEC que desarrolló el prototipo lo integran cuatro profesores y ocho alumnos de distintos años y carreras de las ciencias exactas.

10 de las 37 familias de Nueva Saposoa se beneficiaron de la iniciativa.El prototipo sigue mejorándose, viendo cómo trabaja con tierra abonada u otras plantas.