Tal como estaba previsto que sucedería, la bien justificada y motivada explosión de impaciencia estudiantil desatada en la Universidad Nacional de Asunción (UNA) tiende a apaciguarse, como es normal, dadas ciertas circunstancias como la proximidad del fin del año lectivo y la consecuente necesidad de prepararse para los exámenes, recuperar las clases perdidas y normalizar las pendientes y, sobre todo, evitar que los trastornos académicos acaben por hacer perder el semestre a muchos.

Si, en efecto, los estudiantes involucrados en los movimientos de protesta decidieron retornar a la calma por el tiempo que convenga, es algo que debe considerarse una determinación oportuna y sensata, tanto por lo expuesto en el párrafo anterior cuanto porque tal actitud no constituye un retroceso ni una claudicación, sino todo lo contrario: es lo que conviene hacer luego de haber obtenido pleno éxito en varias demandas que, sin lugar a dudas, estaban justificadas por la realidad de los hechos.

Su mejor resultado fue conseguir el apartamiento del cargo del que era rector, Froilán Peralta, actualmente en manos de la Justicia acusado de lesión de confianza. Asimismo, lograron la renuncia de varios decanos, vicedecanos, consejeros, directores y docentes; o estos presentaron su renuncia espontáneamente ante la situación creada y para evitarse malos ratos.

Quedan algunos reclamos pendientes, algunas renuncias exigidas y no obtenidas y ciertos planteamientos dirigidos a la reforma profunda de la institución universitaria, los cuales no deberían ser considerados apresuradamente, menos aún dentro del clima de nerviosismo que impera en este momento, por lo que es aconsejable que las partes involucradas e interesadas en este proceso de transformación se tomen más tiempo para que, con mayor serenidad y mejor organización, todos los representantes estamentales se hallen en mejores condiciones para sentarse a las mesas de análisis, debates y toma de decisiones que tendrán que presidir las profundas reformas que se pretenden para la UNA.

La insistencia de algunos grupos estudiantiles en mantener el estado de protesta parece deberse a varios factores. Por de pronto, a la profunda desconfianza que generan las autoridades políticas de la República, la Justicia y las instituciones enclenques que vacilan entre la corrupción, la cobardía y la politiquería. Sospechan (con pleno fundamento en la experiencia) que, tan pronto bajen la guardia, los corruptos descubiertos, denunciados, investigados y –algunos de ellos– procesados serán beneficiados con exoneraciones, privilegios especiales y “olvidos” en el trámite de sus procesos judiciales.

Sospechan, también, que las actuales autoridades de la UNA, las que entraron en reemplazo de las anteriores, no pueden ser demasiado diferentes a estas, desde el punto de vista ético, sobre todo, por cuanto son personas vinculadas al mismo ambiente político partidario y burocrático de los Froilán Peralta, Antonio Rodríguez Rojas, Juan Gualberto Caballero y los más de cuarenta procesados por “planillerismo” y otras figuras ilícitas parecidas, así como los demás personajes del ámbito académico que actualmente se hallan bajo sospecha de corrupción grave, vinculada a actos de nepotismo e irregularidades administrativas de diverso tipo.

Tienen plenos motivos esos estudiantes para temer que el “oparei” acabe por frustrar los logros obtenidos por la vía de la acción protestataria, aunque hoy, felizmente, deben contar con algo muy valioso que antes de esto no se manifestaba: una ciudadanía que los apoya, una opinión pública plenamente informada de la oscura realidad que ellos supieron develar y la determinación firme de algunos fiscales y jueces de no dejarse amedrentar por los caudillejos influyentes y los inescrupulosos dirigentes partidarios que maniobran para proteger a sus recomendados. Cuentan también con la prensa libre, que montará guardia para vigilar que sus victorias no sean anuladas.

Con este formidable respaldo que citamos, los estudiantes de la UNA –y también los de las demás universidades y colegios de enseñanza secundaria– deberían sentirse momentáneamente bien sostenidos, gratificados, satisfechos y orgullosos, pues es el premio merecido otorgado a sus esfuerzos. En tres o cuatro meses, transcurridas las vacaciones, iniciado un nuevo año lectivo y retomado el hilo de la acción, es de prever que estarán mucho mejor preparados para comenzar el largo proceso que demandará la reforma integral de la universidad, en el orden ético, en el legal-estatutario, en lo administrativo y los demás aspectos que se vienen señalando como viciados o defectuosos.

Hoy llega el momento de la calma y la serenidad, como ayer fue el de la denuncia sin contemplaciones y la acción enérgica e intransigente. En los próximos meses, los estudiantes tendrán la chance de sentarse a debatir qué tipo de nueva UNA se debe fundar entre todos, junto a los adultos que tienen experiencia, conocimientos y recursos. Para cumplir esta misión con solvencia y responsabilidad, tendrán que prepararse, pues la improvisación no les llevará a otro resultado que una gran decepción.

La acción estudiantil debe afianzarse, y para lograrlo, es de esperar que sus líderes sepan medir sus fuerzas y sus tiempos y administrar sus recursos (que no son infinitos), a fin de allegar más éxitos a sus magníficos logros actuales. Deben tener en cuenta que los lobos estarán maniobrando para retornar a sus madrigueras, si es posible, con mayor fuerza.

ABC

Comprometidos contra la corrupción

De 174 naciones estudiadas, el ranking 2014 de la ONG Transparencia Internacional, ubicó a Paraguay en el puesto 150 en el “Índice de Percepción de la Corrupción. De toda América, en el anteúltimo puesto. Esa percepción se materializó hace pocas semanas. Encendieron la mecha en Asunción, y la explosión recorrió el país. 
 
El rector de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), Froilán Peralta Torres, había asumido en mayo pasado, pero una denuncia periodística y alumnos indignados lo empujaron fuera de la institución.
 
Periodistas asuncenos descubrieron que Tatiana Cogliolo, una maestra recién recibida ingresó a trabajar como secretaria del rector Peralta, pero cobraba sueldo como docente universitaria. 
 
Además, tenía asignadas dos cátedras en la Facultad de Veterinaria, ubicada en la Villarrica. En la planilla de funcionarios designados también aparecían su madre, su hermana y su prima, quienes nunca asistían a sus “puestos” en la UNA.
 
Trascendidas las escandalosas contrataciones del rector, el 12 de septiembre, la Coordinadora de Abogados del Paraguay lo denunció en la Justicia. 
“Se perpetraron los delitos de lesión de confianza, cobro indebido de honorarios y otros hechos de corrupción que merecen ser investigados”, dijeron los letrados en la presentación.
 
En los detalles mostraron que la secretaria del rectorado cobraba un salario de 12.600.000 guaraníes (unos 2.200 dólares). En comparación, un maestro recién recibido en Paraguay gana en promedio 2.680.000 guaraníes (472 dólares) mensuales. 
 
Cuatro días después, fiscales allanaron las dependencias de la Facultad de Veterinaria y el rectorado de la UNA en busca de documentación que pudiera incriminar a Froilán Peralta. 
 
Paralelamente comenzó a gestarse el movimiento estudiantil #UNA no te calles, que exigía el fin de la corrupción en la casa de altos estudios. 
 
El 17 de septiembre comenzaron a realizar marchas dentro del campus universitario y en la avenida principal que conecta a la sede central de la UNA en San Lorenzo con Asunción. 
 
Al día siguiente el directivo se presentó en un programa televisivo, dio sus explicaciones y anunció que pediría licencia en la Universidad hasta que se aclarara el problema que envolvía a la institución. Afuera, los estudiantes rodearon el canal de TV. El acusado debió abandonar el lugar custodiado dentro de una patrulla. 
 
El 22 de septiembre debía reunirse el Consejo Superior de la UNA para analizar el pedido de licencia, pero unos 700 estudiantes bloquearon los accesos y comenzaron una vigilia.
 
“Nosotros lo que decidimos fue cerrar los tres accesos del Rectorado. Nadie entrará ni nadie saldrá hasta que renuncie Froilán. Nosotros no tenemos garantía de la Asamblea, queremos que renuncie”, comentó una de las estudiantes a la prensa. 
 
Con el rectorado cercado, el Consejo Superior llegó a reunirse dentro del predio para tratar el pedido. Mientras lo discutían, más estudiantes de distintas carreras comenzaron a abarrotar los espacios del campus. Exigían la dimisión. 
 
A pesar de que los estudiantes les ofrecían garantías, los consejeros permanecieron durante 14 horas “encerrados” por temor a ataques. Recién pasada la medianoche del 23 de septiembre comenzaron a salir. 
 
Con la llegada de la mañana, los jóvenes recrudecieron su postura. Iniciaron la toma de la Universidad “hasta que renuncie Froilán Peralta”. 
 
Por la noche, detectaron movimientos dentro del rectorado y vieron salir raudamente a una mujer con documentación en mano. Los jóvenes la persiguieron a gritos. La alcanzaron cuando se había refugiado dentro de una camioneta de la seguridad privada de la UNA. Se tapó el rostro, la filmaban y le exigían “¿quién sos?”… “no podés hacernos esto, nosotros estamos luchando y a vos no se te cae la cara de vergüenza” le gritaron. Finalmente pudo salir y cumplir con su cometido, llevarse los papeles. Se supo que esa mujer era la jefa de Recursos Humanos. 
 
Al día siguiente se conoció que en las facultades de Odontología, Veterinaria, Ingeniería y Medicina aparecieron restos de documentos incinerados. Pero en esta última llamó la atención porque el decano ordenó desalojar todo el edificio desde las 9 de la mañana, y que las dependencias permanecerían cerradas hasta nuevo aviso. 
 
Los estudiantes denunciaron que la medida tomada en esa facultad era sólo para que empleados de “menor rango” vayan a sus casas, no así los directivos, quienes habrían tenido la misión de hacer desaparecer documentos comprometedores.
 
Mientras esto sucedía, Froilán, literalmente “desapareció” del mapa, provocando toda clase de burlas en las redes sociales. Pero el Ministerio Público lo imputó y emitió una orden de captura. El exrector (ya había renunciado) se presentó ante la Justicia y quedó detenido en el Departamento de Delitos Económicos de la Policía Nacional. 
 
Las especulaciones políticas estuvieron a la orden del día. El senador colorado Juan Carlos Galaverna quedó en el centro de la tormenta. Froilán había sido su excompañero de fórmula en las pasadas elecciones y apoyó públicamente la postulación de su amigo en los comicios universitarios. 
 
Los centros de estudiantes denunciaron que hubo ofrecimiento de cargos públicos, dinero, viajes al Caribe y autos a cambio de votos. Cabe mencionar que esa universidad paraguaya maneja un presupuesto anual de 270 millones de dólares. 
 
El juez había decidido que Froilán permaneciera cinco días en el departamento policial y luego fuera trasladado al penal de Tacumbú. Sus abogados intentaron frenar esa disposición pero no tuvieron éxito.
 
El juez Alcides Corbeta le ratificó la prisión preventiva tras una audiencia de revisión de medidas cautelares que duró más de tres horas y media.
Froilán Peralta, tras conocer la noticia, se descompensó en la dependencia judicial y debieron trasladarlo a un sanatorio. Aparentemente intentaron hacer pasar la descompensación como un preinfarto y presionar así por una detención domiciliaria. Pero el director del Instituto Nacional de Cardiología aseveró rotundamente el exrector de la UNA no sufrió un preinfarto. Sus últimas horas fuera del penal estaban contadas. 
 
La quema de documentación, y los delitos similares imputados al rector, generaron una ola de renuncias en las demás facultades de la Universidad Nacional de Asunción. Inclusive, el decano de Veterinaria fue detenido. 
 
Algunos gremios docentes se unieron a la lucha de los estudiantes y actualmente los fiscales están investigando cada una de las facultades. 
 
Hace poco en su visita al Paraguay, Francisco dijo que le daba tristeza ver a los “jóvenes jubilados”. 
 
“Ustedes los jóvenes vayan intuyendo que la verdadera felicidad pasa por la lucha” (…) “un pueblo que vive en la inercia, de la aceptación pasiva, es un pueblo muerto” (…) “jugarse por algo, esa es la vocación de ustedes” les aconsejó el pontífice durante su discurso en el Estadio León Condou. 
 
Parece que el movimiento #UNA no te calles, tomó al pie de la letra las palabras del Papa. Ellos “hicieron lío” desde su lugar, por el bien de su sociedad. 
 
Colabora: Lic. Hernán Centurión