En la sociedad panameña, hace falta un verdadero debate serio sobre el propósito y los fines de la educación. En el mismo debe participar todo el espectro social y económico de la población del país. En este debate se tiene que incluir el componente más importante a quien va dirigida la educación: los estudiantes. Por supuesto, el personal docente escolar y universitario tiene que estar presente en este debate.

En primer lugar, el debate debe estar enfocado hacia el currículo, contestando en primer lugar ¿qué seres humanos queremos formar? Las materias por incluirse en el plan de enseñanza deben contribuir a estos fines. Hay que desarrollar un pensamiento crítico en los estudiantes para que no se conviertan en un zafacón de conocimiento, ya que este es variable y muy dinámico. El rol de los maestros debe ser el de enseñar a aprender.

Las asignaturas obsoletas hay que evaluarlas para renovarlas o eliminarlas. La enseñanza debe ser de carácter universal, sin apartarnos de nuestra propia visión de pueblo hispanoamericano. Se debe incrementar el uso de la tecnología moderna. Debe brindarse incentivos a los maestros para poder sufragar la educación continua. La misma puede ser con cursos universitarios o mediante talleres o seminarios brindados por personal calificado. La remuneración de los docentes debe aumentarse en función de sus méritos, preparación académica y, por supuesto, la ejecución en el salón de clase, en los laboratorios y en las bibliotecas.

Además de los excelentes recursos humanos con amplia preparación académica, se debe contratar personal especializado como consultores en diseño educativo y administrativo a nivel internacional, de ser necesario.

Los procesos administrativos de reclutamiento de personal docente deben acelerarse y es necesario el reclutamiento de maestros especializados en vida rural para lograr éxito en los campos.

La provisión en la escuela de laboratorios bien equipados y de una biblioteca cuya colección responda al currículo es un elemento esencial para la educación. Debe reclutarse personal profesional capacitado con el mismo reconocimiento académico que los maestros.

Todo tipo de educación profesional o tecnológica contará con un componente humanístico para construir el ideal de ser humano que aspiramos. Hay que capacitar a los estudiantes en las áreas de desarrollo comunitario y de gestión ambiental.

En nuestro país existen nueve pueblos originarios con sus diversas culturas, incluyendo su propia lengua. Es necesario llevar modelos educativos compatibles con estos pueblos, preparar y reclutar personal docente bilingüe y respetar su propia cultura y tradiciones, pero elevando su nivel educativo.

La educación tecnológica contribuye a la formación técnica necesaria para el desarrollo del país. Se requiere una formación especializada para competir en un mundo en constante cambio y una economía mundializada.

La educación en Panamá debe ir dirigida en algunos sectores al fomento de la agricultura. Hay que crear más escuelas de agricultura que enseñen y promuevan nuevas prácticas de cultivo, y fortalecer la formación tecnológica de este sector.

Un aumento en los institutos tecnológicos es de alta prioridad. Se debe aumentar y descentralizar el número de universidades con diferentes orientaciones y localización geográfica.

Un elemento substancial prioritario es aumentar la partida del presupuesto nacional con fines educativos y dividir este para escuelas y universidades públicas.

Una nación con pretensiones de desarrollo tiene que dedicar una cantidad significativa en la educación. Panamá se encuentra entre las naciones que menos recursos económicos dedica a la educación. La oligarquía panameña tiene que entender que el desarrollo de una nación va unido a la educación. En Panamá, existen muchos recursos económicos privados, sobre todo en familias y empresas. Urge realizar una redistribución de la riqueza, de tal forma que estos recursos puedan dedicarse a la educación y lleguen a los pobres.

Para lograr estos objetivos, es necesario descentralizar el sistema y apoderar las escuelas con fines de preparar un análisis de necesidades y que puedan reclamar, recibir y utilizar una partida del presupuesto regional asignado para estos fines.

Fuertes medidas de auditoría sobre los procesos administrativos tienen que ser establecidas y hacerse públicas a más tardar dentro de un año. Hay que detectar la posible corrupción y desvío de fondos públicos en todos los niveles.

Si como pueblo aspiramos a convertir nuestra nación en un país de primer orden o desarrollado, tenemos que necesariamente elevar a nivel nacional la educación como propulsor del desarrollo.

Para lograr esta reforma educativa, es necesario que sea respaldada por la sociedad. La misma tiene que desarrollarse a largo plazo en un término de no más de diez años. De esta forma, cumpliremos con la deuda que tenemos con nuestros jóvenes estudiantes.

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