Por Ramiro Campos /Catedrático universitario-Psicopedagogo.-

Cuando se habla de “factores pedagógicos” se incluyen en esta categoría todos los procesos relacionados con enseñanza-aprendizaje de las tecnologías que un determinado grupo eligió como apropiada para su sistema de producción.

Todos los procesos educativos, bien como sus respectivas metodologías y medios, tienen como base una determinada pedagogía, es decir, una concepción de cómo se consigue que las personas aprendan alguna cosa y, a partir de eso, modifiquen su comportamiento. La pedagogía escogida se fundamenta en una determinada teoría del conocimiento.

Las universidades latinoamericanas heredan características comunes que las distinguen de las de otros lugares. Las primeras instituciones de la educación superior en América Latina se establecieron en Santo Domingo en 1538 y en México y Perú en 1551. En ese momento, el Viejo Mundo tenía 16 y no había ninguna en lo que hoy es Estados Unidos.

El establecimiento de estas instituciones respondió a la necesidad de evangelizar y ofrecer oportunidades educativas. Eran más o menos equivalentes a las de España. El objetivo era vincular las colonias culturalmente al imperio y para proporcionar formación profesional adecuada a los funcionarios que necesitaba la burocracia colonial, civil y eclesiástica.

Salamanca y Alcalá de Henares, las dos universidades españolas más famosas de la época colonial, sirvieron de modelo para fundar las universidades en el Nuevo Mundo. Su influencia se refleja en la corriente división en universidades estatales y privadas (fundamentalmente católica) (Tünnermann 1995).

La organización de las universidades nacionales de América se inspiró en la tradición de Salamanca, mientras que Alcalá de Henares se considera el modelo de la universidad católica. La coexistencia de las universidades nacionales y universidades privadas de un primordialmente carácter católico dominaban el panorama de la educación superior en la región durante un largo tiempo.

Solo en el siglo XX otras universidades privadas entran en el sector, en respuesta a la creciente demanda de educación más alta. Un movimiento liberal en Argentina a principios del siglo XX (1918), la llamada Reforma de Córdoba, dio a la educación superior en Latinoamérica una de sus características distintivas: la autonomía universitaria. También introdujo participación de los estudiantes en la toma de decisiones sobre la administración de la universidad y el aumentado del papel de la universidad en el desarrollo social.

La mayoría de los expertos coinciden en que no hay tal cosa como una típica universidad latinoamericana, pues las universidades reflejan las enormes diferencias entre los países de la región. Sin embargo, comparten características que resultan de estar ubicadas en un continente dependiente, subdesarrollado, que aún no ha alcanzado un nivel suficiente de desarrollo científico y tecnológico para que sus universidades sean centros independientes de pensamiento.

La organización actual de la educación superior de América Latina fue influenciada por los modelos europeos (principalmente españoles y franceses). El modelo básico adoptado fue el de Napoleón, el que puede ser descrito como vocacionalmente orientado y nacionalista en la naturaleza. Como Schwartzman (1999) señala, las universidades públicas capacitan a los estudiantes para las profesiones (derecho, ingeniería, medicina), mientras que las católicas proporcionan educación general a una pequeña élite.

Parece que hay una mente abierta hacia la internacionalización en Latinoamérica. La solidaridad es un motor tradicional y sigue siendo importante para la internacionalización, tal como se expresa, en el apoyo de los representantes latinoamericanos de educación superior y de Gobiernos en 1998, en la Conferencia Mundial de Educación Superior de la Unesco.

La globalización está siendo vista negativamente, especialmente en Brasil y Cuba, donde a menudo se percibe como equivalente al imperialismo o dependencia y, por tanto, vista como una amenaza más que una oportunidad.

Existe mucha preocupación por el comercio de la educación y la aparición de nuevos proveedores extranjeros, que tienen un impacto en la dimensión internacional de la educación superior en la región, no solo a nivel institucional, sino también en el nivel nacional.

Las opciones pedagógicas adoptadas por un determinado contexto reflejan las ideologías (y los objetivos) de ese referido contexto. Muchas veces, el interés central no está dirigido a los fundamentos epistemológicos de la pedagogía, pero sí a los efectos de su aplicación. El enfoque pragmático que se puede observar en Colombia y México, por ejemplo, trata de incorporar los beneficios de una sociedad del conocimiento más global al tradicional a una cultura más nacional y autónoma de la educación superior.

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