“Hace doce años que los economistas neoliberales de la Argentina no pegan una con sus predicciones. Qué frustración deben tener de equivocarse tanto. Y más allá de la mala intención y de los intereses económicos que muchas veces están por detrás, lo triste de todo esto es que incluso los bienintencionados no entienden lo que pasa en el país ni en la región porque trabajan con una teoría económica anacrónica que no explica nada.”

El ministro de Economía, Axel Kicillof, disertó ayer sobre la enseñanza de la economía y aprovechó para dejar en evidencia a sus colegas, aquellos que hablan de no hacer cosas extrañas y ser un país normal, de volver al mundo y abrazar el sentido común o de hacer lo que Argentina sabe hacer y dar confianza al inversor, frases hechas que a esta altura del partido revelan su inconsistencia.

“Mamá, explicame vos porque ahora sí que no entiendo nada”, simulaba ayer Kicillof una sobremesa de un estudiante de Economía que, a medida que avanza en la carrera, comprende menos que antes por qué estalla una crisis en Estados Unidos, China crece hace décadas a un ritmo vertiginoso, la Argentina tiene inflación alta o Brasil está estancado.

La frase del ministro despertó el aplauso de los estudiantes y profesores de la Facultad de Económicas de la Universidad de La Plata, donde junto al secretario de Comercio, Augusto Costa, realizó su presentación. A nadie le pareció exagerada la escena familiar imaginaria.

Kicillof habló de la teoría económica y especialmente de los avatares de la enseñanza de la economía en el país con conocimiento de causa: en primer lugar, era un militante universitario. “La larga noche neoliberal empezó con la dictadura del ’76 y terminó en 2003. Eso tuvo muchísimas consecuencias, una de ellas sin dudas son los planes de estudio, especialmente en economía, de eso soy un testigo presencial.

En los ’90 el objetivo era acortar las carreras de grado, y el globo de ensayo fue Económicas de la UBA. Eso tenía un componente económico, que era achicar el Estado a través de una privatización encubierta: una carrera de cuatro años y el resto en posgrados y doctorados arancelados. Querían convertir la facultad en un enseñadero”, recordó.

El ministro se recibió de economista en 1995 y contó que a partir de la resistencia de la comunidad educativa esa reforma del plan de estudios se hizo a medias. De cualquier modo, avanzó el discurso de que “la mejor teoría había sobrevivido”, se eliminaron materias de perfil histórico y social y los manuales se impusieron en la enseñanza de economía, lo que limitó a Karl Marx, Adam Smith, David Ricardo o John M. Keynes a recuadritos de color en el libro de texto.

“Mientras una carrera de economía esté articulada en torno del núcleo de los manuales de micro y macroeconomía inicial, avanzada y superior, es neoliberal. Todo lo demás es lo de menos”, calificó el ministro. “En los planes de estudio actuales no se estudia teoría de la crisis, porque los modelos normales no contemplan la posibilidad de que el propio sistema económico produzca una crisis. De hecho, para la ortodoxia, la crisis mundial actual se explica por la moral, no por la economía, el problema sería la codicia de los banqueros. Qué pobreza intelectual.

Y para enfrentar el problema, peor: multiplicaron la base monetaria, llenaron de liquidez a los bancos y todavía se miran entre ellos. Emitieron a lo loco y están con deflación y no hay inversión, la plata está en los bancos y nadie la pide prestada. Peor todavía, están engendrando el mismo infierno de antes, porque esa plata va a la timba financiera”, describió Kicillof la situación de las economías centrales. Pero el nodo central de su argumentación vino por el lado de recuperar los elementos analíticos que permitan comprender la lógica del “modelo” económico de los últimos años.

Para Kicillof, buena parte de ese herramental es el planteado por Keynes y que en simultáneo llevaba adelante Franklin D. Roosevelt en los Estados Unidos del New Deal. “Lo que mostramos en estos años es que la distribución del ingreso es la palanca más fuerte que tiene la política económica para asegurar el crecimiento. Hay que distribuir para crecer, ésa ha sido la receta económica del Gobierno y está basada en teoría económica.

Lo que pasa es que va a contrapelo de la idea de que sólo hay que impulsar la oferta, porque la oferta crea su propia demanda, que es el pensamiento dominante en economía. Pero la facultad no lo enseña, los planes de estudio atrasan veinte años, no se adecuan a lo que pasa en el mundo, la región y nuestro país y generan un sentido común contrario, entonces nos llaman clientelistas, populistas o cualquier barbaridad.

Pero la realidad es que nadie va a invertir si no espera que el producto se pueda vender. Lo que tira es la demanda. Eso se lleva a la práctica con una política económica fundada en la distribución de los ingresos. Lo que pasó en Argentina no se puede explicar con la teoría convencional, que no explica nada y no entiende nada, que es anacrónica y se resume en que en la Argentina no se puede hacer nada más que aplicar el neoliberalismo, que lo demás va en contra de la lógica, la eficiencia y la naturaleza”, amplió Kicillof.

Javier Lewkowicz

Página 12


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