El 16 de diciembre del 2014, estaban reunidos en La Habana  algunos de los más eminentes académicos y analistas políticos internacionales para debatir sobre las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Ninguno de ellos pudo prever lo que sucedería apenas un día después, cuando los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaron de manera simultánea que estaban dispuestos a abrir un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales.
La política, evidentemente, no es una ciencia exacta.

Aun así, hay una clase de hombres y mujeres que dedican su vida a entremezclar variables, seguir patrones y proyectar escenarios. Su trabajo es imprescindible para entender el mun­do y, al final, para hacer la propia política.

Uno de ellos es Luis René Fernández Tabío, investigador del Centro de Estudios Hemis­fé­ri­cos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Uni­versidad de La Habana, quien ha dedicado más de tres décadas a profundizar en las relaciones entre dos vecinos separados por 90 mi­llas de mar y una larga historia de confrontación.

¿Qué implicaciones tendrá el viaje del presidente Barack Obama para las relaciones entre Cuba y Estados Unidos?

—“Hay que asumir, y creo es lo más probable, que la visita de Obama a Cuba será exitosa y fortalecerá las relaciones entre los dos gobiernos y pueblos, si se basa en el respeto de las normas del derecho y las relaciones internacionales.

“Ese camino será positivo  si se logra avanzar en ese nuevo tipo de relaciones basado en el respeto a Cuba como país independiente, desterrando todo intento abierto o velado de injerencia en sus asuntos internos.

“El proceso es sumamente espinoso, ya que esa no ha sido la pauta en toda la historia de Cuba y sus relaciones con Estados Unidos. Por lo tanto es una experiencia totalmente nue­va al reconocer las diferencias en las interpretaciones y los propósitos de cada parte.

“Desde la perspectiva a más corto plazo, pa­ra el Presidente Obama constituye una mar­ca trascendente para su legado.

En los futuros cursos de historia se reconocerá su papel en el restablecimiento de relaciones diplomáticas y el inicio del avance hacia ese nuevo tipo de ne­xos entre los dos países al que se aspira”.

—¿Por qué cree que el presidente escogió esta fecha, en pleno año electoral?

—Desconozco si existe alguna razón muy específica, pero pienso que los organizadores han buscado la mejor y primera oportunidad tomando en cuenta el momento en el proce­so electoral norteamericano y el progreso en las ne­gociaciones con la parte cubana: se han aprobado los vuelos comerciales, se anunció la licencia para comenzar los trámites para la primera inversión norteamericana en el Mariel; Obama de nuevo insistió que pretende cerrar la cárcel en Guantánamo, que aunque no es lo que se busca respecto a la devolución del territorio ilegalmente ocupado, es un paso posi­tivo.

“Al venir ahora busca consolidar el proceso en curso a partir del restablecimiento de relaciones, presentando algunos resultados concretos palpables y de eso se ha tratado en las negociaciones bilaterales, visitas de ministros, entre otras actividades.

“Es altamente probable que en el tiempo que resta a la visita se anuncien algunas nue­vas medidas del Ejecutivo norteamericano pa­ra for­talecer esa percepción positiva, que haga muy difícil retrotraer la actual tendencia cualquiera sea el resultado de las elecciones a finales de este año”.

—¿Qué paralelo se puede hacer entre este viaje y el que hizo el presidente Calvin Coo­lidge en 1928?

—En lugar de paralelos, me gustaría destacar la diferencia entre la casi ausencia de visitas entre 1902 y 1959, y que a menos de dos años del anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas a finales del 2014, se produzca esta visita en medio del año electoral.

“En las distintas etapas anteriores a 1959 los embajadores norteamericanos, o algún acorazado de visita a la bahía de La Habana representaban el modo de relacionarse con las autoridades cubanas. Una llamada telefónica al Pre­sidente de Cuba, una conversación con los políticos locales servía a esos fines.  Estos funcionarios eran el verdadero gobierno de Cuba, los gobernantes cubanos eran sus intermediarios. No se requerían visitas presidenciales.

“Antes de Obama, las directivas políticas de Washington subrayaban no negociar con Cu­ba porque supuestamente ‘legitimaban’ a un go­bierno que buscaban derrocar. Solamente se ha­blaba de temas relevantes para la ‘seguridad nacional’ estadounidense, como fueron las ne­gociaciones para la paz en África Austral, o las realizadas para solucionar la crisis migratoria en la década de los 90 del siglo pasado.

“En realidad debe subrayarse que contrario a las interpretaciones de las élites políticas de Estados Unidos, la legitimidad del gobierno cu­bano no la establece ningún gobierno extranjero, sino sus ciudadanos mediante referendo y votaciones dentro de su sistema electoral. Pero todavía en la actualidad los críticos de la estrategia de Obama pretenden acusarlo de ‘dar legitimidad’ al gobierno de Cuba con su nueva po­lítica y visita”.

—¿Y ahora cuáles son las reglas del juego?

—El viaje de Obama reconoce que los asuntos de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos deben tratarse al más alto nivel. El Go­bierno cubano posee un amplio aval internacional por su carácter soberano e independiente, su política basada en principios y valores, profesionalidad, seriedad y respeto, entre amigos y adversarios.

“Nada de eso ha sido logrado por decisiones e interpretaciones del gobierno de Estados Uni­dos. No por casualidad se negocia la paz para Colombia en suelo cubano, o se reúnen el Pa­triarca Kiril y el Papa Francisco en La Ha­ba­na pa­ra solucionar asuntos que trascienden a Cuba.

“Incluso el ajuste de la política norteamericana hacia Cuba para incrementar el empleo de los instrumentos blandos de poder y solucionar problemas que afectan intereses y libertades individuales de los ciudadanos norteamericanos, como su derecho a viajar libremente por Cuba, tienen que negociarse con las má­ximas autoridades representativas del Estado cubano o no hay avances. Ni gobernadores, ni embajadores o acorazados sirven para llevar a cabo las relaciones con Cuba, tienen que realizarse al más alto nivel y con absoluto respeto de nuestras autoridades”.

—¿Cómo se relaciona este proceso que vi­ven Cuba y Estados Unidos con las dinámicas de América Latina, que tras 200 años avanza en un nuevo camino de integración?

—Hay que recordar que en el discurso oficial de la política norteamericana hacia Cuba y la región, siempre existe una diferencia entre lo real y lo que se dice. Nuestro Héroe Nacional José Martí alertaba tempranamente al respecto. No siempre se reconoce el estrecho vínculo en las relaciones entre la política de Estados Unidos hacia Cuba y el resto de los países de la región, pero sin dudas están estrechamente relacionados.

“Por mencionar ejemplos relevantes: la Ali­an­­za para el Progreso, propuesta por la Ad­ministración de John F. Kennedy en la década de 1960, pretendía mediante un plan reformista frenar el auge del movimiento guerrillero revolucionario. La invasión por Bahía de Co­chinos organizada por el gobierno de Es­tados Unidos mediante la CIA y el Pentágono estaba encaminada a derrocar a la naciente Revo­lución y también a enviar un mensaje a la re­gión: ‘El gobierno de Estados Unidos no tolerará otras Cubas’.

“La derrota en Girón hizo a la región más independiente. En la actualidad, los pasos en­caminados al ajuste de la política norteamericana tienen su principal motivación en que no han logrado el objetivo de subordinar a Cuba en más de 50 años con el empleo de to­dos sus instrumentos. No han logrado quebrar su in­dependencia, soberanía y la aplicación de la justicia social; pero también al actualizar la po­lítica hacia Cuba buscan mejorar sus relaciones con la región y evitar un gran descalabro como podría haber sucedido en la Cumbre de las Américas en Panamá en el 2015.

“El Plan del ALCA para ‘toda América’ in­directamente buscaba aislar a Cuba, pero el re­chazo a ese engendro, favoreció el acercamiento de la región a Cuba y el auge del regionalismo, la constitución de la Celac y la aprobación de la Proclama de América Latina y el Ca­ribe como Zona de Paz.

“Tras el intento de la Administración de W. Bush de hacer estallar Cuba con políticas extremas de sanciones y aislamiento, se hizo evidente el avance y perfeccionamiento del sistema cubano en tales difíciles circunstancias. El bloqueo no consiguió su propósito —aunque su aplicación ha sido pagada con un altísimo costo por la sociedad cubana durante más de medio siglo y todavía se mantiene—, pero en cambio generó un creciente rechazo a esa política en toda América Latina y el Caribe y en el mundo.

“El propio Presidente sintió tempranamente esa oposición a la política de Estados Unidos hacia Cuba en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago en el 2009. En ese mismo año en resolución de la propia OEA se recha­zaba el aislamiento y las sanciones a Cuba. Los analistas estadounidenses reconocen en la actualidad que América Latina es más libre hoy, les resulta difícil encontrar ‘repúblicas ba­naneras’ y ello no se limita, como algunos su­ponen, a los gobiernos de izquierda, sino incluso a sus principales aliados económicos y políticos”.

—Muchos intentan manipular los acontecimientos para hacer ver una capitulación por parte de Cuba respecto a las causas progresistas en la región y la búsqueda de la unidad tras más de dos siglos de fragmentación…

—La imagen que intentan presentar algunos políticos o analistas sobre una supuesta identidad en el significado de estos viajes a Cu­ba y Argentina, por ejemplo, es errónea. El pro­ceso de actualización en Cuba es distinto al as­censo del neoliberalismo en Argentina tras la reciente victoria electoral de un gobierno representativo de la derecha en ese país. Se trata de gobiernos con una orientación política, económica y social opuesta.

“En el caso cubano ocurre un perfeccionamiento del sistema socialista adaptado a las nuevas condiciones internacionales, pero sin traicionar sus principios esenciales: libertad, independencia, soberanía, autodeterminación, solidaridad, humanismo y justicia social.

“El proceso de negociación entre Estados Unidos y Cuba es bienvenido en tanto avanza en la solución de los componentes conflictivos y el progreso en otros temas de colaboración, que no son de esa agenda beligerante, sobre la base del respeto mutuo y la no injerencia en los asuntos internos. Esas son las reglas de oro para que el restablecimiento de las relaciones lleve a construir las nuevas relaciones bilaterales so­bre bases saludables y sostenibles”.

—¿Entonces es usted optimista?

—Se debe ser optimista, pero sin acunar falsas expectativas, aunque el presidente tal vez anuncie en los días previos algunas decisiones positivas, el bloqueo y el cerco a las empresas y bancos que negocian con Cuba sigue en pie.

“Queda mucho trecho por recorrer, como me gusta decir, este no es el fin de la historia”.

Granma

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