Son mencionados en la Biblia como la tercera plaga que visitó a los egipcios, por lo que no es casualidad que el peine más viejo para removerlos tenga una antigüedad de 4500 años y fuera utilizado por los faraones. Son una plaga que acompaña al hombre desde hace miles de años, y de hecho, ya existían en América antes del arribo de Cristóbal Colón en 1492.

El piojo, esa milenaria compañía en la cabeza de los hombres, podría llegar a su fin gracias a la investigación y la lucha contra la pediculosis que lleva adelante desde hace 20 años un grupo de científicos argentinos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (Citedef).

Desde 1995, la doctora en Ciencias Biológicas de la UBA, María Inés Picollo, investigadora principal del Conicet, lidera el equipo de expertos que investiga los mecanismos de resistencia a insecticidas en insectos vectores de enfermedades y dirige el grupo compuesto por doctores en Biología especializados en la toxicología de los insectos plagas, y que trabaja en esta temática de manera casi única en el mundo.

Juntos conforman uno de los cinco centros que en el planeta investigan a los piojos, habiendo desarrollado novedosos productos, cuyos procesos de estudio y elaboración fueron galardonados por la International Society of Phthiraptera (ISoP), y el Concurso Nacional de Innovaciones- Innovar 2012.

“El laboratorio comenzó a funcionar hace 35 años con el estudio del Mal de Chagas y las vinchucas. Pero desde hace 20 que estudiamos a los piojos ya que fuimos uno de los pocos centros en el mundo que halló resistencia a la permetrina, un producto neurotóxico muy utilizado en los ochenta y noventa. Ello despertó una alerta en chicos, padres, colegios y autoridades sanitarias.

Nos preguntamos por qué los piojos no respondían a los tratamientos que se utilizaban y se volvían resistentes. Y allí entramos nosotros, los piojólogos, no piojosos”, comentó a LA NACION la doctora Picollo, directora de Entomología del Centro de Investigaciones en Plagas e Insecticidas (Cipein).

“Es muy difícil trabajar con piojos, porque no se lo puede criar en laboratorio. Vive en cabezas humanas solamente, y cuando se lo separa del cuero cabelludo, muere a las 24 horas. Al no tener el material en el laboratorio para realizar los estudios, hubo que organizar todo un esquema de contacto con escuelas, hospitales y centros de salud, para ir a recolectar piojos a las cabezas de los chicos. Luego traerlos en forma condicionada al laboratorio para que no se deshidraten e iniciar los ensayos antes de las 4 horas posteriores a la recolección”, precisó Picollo.

Y agregó: “Trabajamos con piojos tomados en la Ciudad de Buenos Aires, Gran Buenos Aires y algunas provincias como La Rioja y Córdoba, donde tenemos convenios con laboratorios locales”.

ENFERMEDAD MUNDIAL

La pediculosis es una enfermedad mundial que afecta a la mayoría de los países. Es altamente contagiosa y de fácil propagación, por lo que las familias de los infestados tienen mayor exposición y riesgo de contaminación.

Ana María Lombraña es mamá de dos chicos, Santiago y Marcos, que van un colegio de San Martín, en la provincia de Buenos Aires. Se queja porque sus hijos vuelven de la escuela todas las semanas con piojos contagiados. “Los tratamientos ya no son tan resistentes, y hay compañeritos que siempre tienen piojos y nadie se los saca”.

Ana María no es la única mamá que se queja: las estadísticas de este año del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires indican que afectan a 8 de cada 10 chicos en edad escolar. Además de la incomodidad y la picazón, el rascado provoca heridas en el cuero cabelludo que facilita el ingreso de bacterias y el riesgo de infecciones. Y también persiste el riesgo de intoxicaciones por la automedicación o la aplicación de productos tóxicos.

Las cifras señalan además que esta epidemia es más frecuente que la gripe común. De acuerdo a la revista Knight – Rider del Reino Unido, el 65% de los niños de las escuelas inglesas padecieron pediculosis en el año lectivo de 2014. Otro dato curioso es que una hembra puede depositar entre 50 y 150 liendres (huevos de piojos) en su vida, o que el número récord de piojos encontrados en una cabeza humana fue 2657.

“La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que un país es endémico en pediculosis cuando supera el 5% de infestados”, señala la experta.

Paola González Audino, doctora en Ciencia Químicas de la UBA y colaboradora de Picollo, investiga porqué hay chicos que siempre tienen piojos y otros a los que no los afectan. “Ello se debe a que hay quienes tienen un componente en su sudor que atrae al piojo y otros que lo repele. Nosotros vamos a las mismas escuelas y ya conocemos a los chicos con predisposición a tener piojos y luego contagian”, indicó González Audino.

A nivel mundial, los tratamientos para la pediculosis capitis están basados en productos insecticidas convencionales), en dispositivos anti-piojos (cosméticos, peine fino, etc), y en remedios caseros.

En la práctica, e históricamente, la mayoría de los productos pediculicidas registrados contienen insecticidas neurotóxicos como ingrediente activo, que comenzaron a utilizarse en el año 1943 con el insecticida DDT, y continuó en los años 1960-1970 con insecticidas clorados (lindano), carbamatos (carbaryl) y órgano fosforados (malathion). Desde 1980 hasta la actualidad se utilizaron insecticidas piretroides (principalmente permetrina). Pero la prevalencia de piojos aumentó mundialmente en la década de los noventa, debido a la evolución de resistencia en las poblaciones expuestas.

Surgió entonces una imperiosa necesidad de investigar, desarrollar y producir nuevos pediculicidas basados en compuestos novedosos y resistentes, siempre de bajo riesgo toxicológico para humanos.

“No fue fácil cambiar la permetrina, porque era muy utilizada en productos pediculicidas, que mezclan un insecticida con un fármaco. Debían ser productos seguros y efectivos, y que no fueran un riesgo toxicológico para la salud humana”, detalló Picollo.

El equipo de la experta comenzó a estudiar las estructuras presentes en el piojo y no en el humano, es decir, su esqueleto externo o caparazón, ya que la cutícula es su primera barrera defensiva.

Se estudiaron productos que rompieran esa cutícula y facilitaran la penetración del insecticida. Luego se modificaron a productos que envolvieran al insecto y no le permitieran el intercambio de líquidos y gases con el exterior. “Los productos fueron mejorando en efectividad, seguridad y desde el punto de vista cosmético, porque si el producto es bueno, efectivo, pero inaplicable porque deja el pelo duro o con un olor insoportable, no sirve”, precisó la investigadora.

Así fue como la permetrina fue reemplazada por la d-fenotrina, que es otro insecticida piretroide (insecticida neurotóxico seguro). La d-fenotrina se cambió en el laboratorio de Picollo en 2005 por aceites esenciales de plantas aromáticas, con componentes muy volátiles, por ejemplo la lavanda”, indicó la científica.

Y así hallaron que algunos productos aromáticos podían producir mortalidad o repelencia en el piojo. El olor que sale es una mezcla de varios componentes. Tal vez uno solo de ellos es el efectivo. Entonces, de esos productos volátiles que hallamos en 50 plantas, debieron separar cuál es el efectivo realmente para combatir al piojo. Analizarlo en forma independiente en su efectividad y luego estudiar su aplicación.

Ya en 2011 se cambió por un compuesto siliconado que envolvía al insecto y los asfixia. “La cutícula de insecto es resistente, pero tiene canales, por donde respira. Al envolverlo con un film o capa siliconada, deja de respirar y muere. Se la llama acción termoplástica. Entonces ya no se necesitaron neurotóxicos o aceites esenciales. Pasaron a ser productos que tienen sólo efectos físicos”, detalló Picollo.

El Conicet logró un acuerdo con laboratorios Elea y lanzó una línea Focus que consiste en dos productos en uno: el nuevo piojicida con microgotas que interactúan mejor en la cutícula del insecto y el Delta Citron que es un eficaz gel repelente serum, con citronella y delta dodecalactona, que se coloca en las puntas de los cabellos, porque el piojo cuando sale de la cabeza para contagiar, salta a las puntas de los pelos y luego van caminando siempre en contra de la gravedad, es decir, suben a la cabeza y allí se instalan para chupar sangre, alimentarse y almacenar sus huevos o liendres.

REMEDIOS DE LA ABUELA

Picollo precisó que los métodos caseros para combatir a los piojos resultan inefectivos o peligrosos.

“El kerosene es un solvente orgánico que penetra en la piel y puede producir toxicidad. Utilizar aerosoles anti mosquitos o anti cucarachas es peligroso e ineficaz. Hay quienes han puesto la pipeta pulguicida de los perros en las cabezas de los chicos, lo cual también es peligroso, ya que es un producto insecticida fuerte que está recetado por un veterinario para permanecer en la piel del animal durante un mes. Y eso va a estar circulando en la sangre de un chico”, explicó.

Y agregó: “Después hay otros más caseros. El vinagre se lo utiliza para ablandar al piojo de su agarre al pelo. El peine fino debe hacer la otra parte para quitarlo. Pero no es totalmente efectivo, y el pelo no queda bien. También está aceptado que repele, pero para ello se necesita una solución con 50% de vinagre, lo que implica un olor muy fuerte permanente en la cabeza. Y también tenés al palo amargo, que se lo compra en la farmacia y se lo mezcla con alcohol para aplicarlo en la cabeza. Pero el alcohol es irritante a la piel”.

Diario Panorama


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