La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) entregó los legajos a los sobrevivientes y familiares de estudiantes víctimas del terrorismo de Estado secuestrados durante el mes de setiembre de 1976. Se trata de la primera etapa de reparación y entrega de legajos dispuesta por una Resolución firmada recientemente por el titular de la Casa de Estudios, Raúl Perdomo. En el acto, se darán a los familiares los legajos ya reparados de los tres estudiantes desaparecidos durante el hecho conocido como “La Noche de los Lápices”, María Claudia Falcone, Claudio de Acha y Francisco Bartolomé Lopez Muntaner y de ocho sobrevivientes.

La medida dispone “la inscripción de la condición de detenido-desaparecido o asesinado, en los legajos de los docentes, no docentes, graduados y estudiantes de esta Universidad y dejar constancia en los legajos de los reales motivos que determinaron la interrupción del desempeño laboral o estudiantil de todos aquellos que fueron víctimas de la última dictadura cívico-militar”.

Según un estudio realizado a los legajos por la Dirección de Derechos Humanos de la UNLP, “surgió que lo documentado no se correspondía con la verdad histórica de lo sucedido”. De acuerdo a la investigación llevada adelante junto al Archivo Histórico de la UNLP, existían cientos de legajos con datos apócrifos que sirvieron para intentar ocultar la verdadera historia de las víctimas del terrorismo de Estado.

Muchos desaparecidos y asesinados de la UNLP figuran oficialmente como fallecidos, o cesados en el cargo, o incluso en condición de “abandono de tareas”. Perdomo explicó que “gracias a la investigación que llevaron adelante los equipos se pudieron corregir esos antiguos legajos y acercarse, así, un poco más a la verdad”. Y concluyó: “Se trata de un verdadero acto de justicia y reparación para aquellos miembros de nuestra comunidad que fueron ocultados durante años”.

La Noche de los Lápices

Eran seis y tenían en común dos cosas: eran alumnos secundarios y abrazaban ideas políticas de cambio. El 16 de septiembre de 1976 los fueron a buscar las patotas del Batallón 601 y de la policía bonaerense que comandaba Ramón Camps.

Unos empezaron a militar después de la Masacre de Trelew. Otros se sumaron cuando murió Juan Domingo Perón. Algunos provenían de familias muy politizadas y otros se politizaron al calor de la coyuntura. A ellos los secuestraron el 16 de septiembre de 1976 cuando el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y el general Ramón Camps implementaron la decisión de terminar con “el accionar subversivo en las escuelas”.

La operación represiva, que concentró una decena de secuestros, se conoció como “La Noche de los Lápices”, pero hubo otras antes y otras después. Los estudiantes secundarios eran, como lo eran los obreros o los universitarios, parte del blanco definido por la dictadura cívico-militar: el objetivo era desarticular cualquier tipo de organización que se opusiera al modelo económico que se empezaba a implantar. Y los secundarios platenses venían de pelear por un boleto estudiantil que facilitara el acceso a la educación.

Infojus Noticias

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