Por Marta Cabrales *

Santiago de Cuba (PL) Con la nostalgia de sus 12 años vividos en esta ciudad, el intelectual panameño Nils Castro estuvo recientemente entre antiguos compañeros de la Universidad de Oriente, donde creó y dirigió durante los años 60-70 la Escuela de Letras, el Departamento de Filosofía y la Dirección de Extensión Universitaria.

Invitado especialmente al coloquio por los 45 años de la revista Santiago -que fundó en esa casa de altos estudios-, compartió con Prensa Latina impresiones sobre este reencuentro y su visión acerca de la actualidad latinoamericana.

-Lo diferente es que muchos de mis antiguos compañeros ya no están. Vine como huésped, respondiendo a una invitación de la Universidad de Oriente, y fue como revivir aquella etapa de nuestra vida, recorrer aquellos lugares.

A Santiago llegué por primera vez, recién graduado, en febrero de 1961 -antes de la invasión por Playa Girón-, en calidad de profesor. Así comenzó mi formación básica porque, si bien había cursado estudios en la Universidad Autónoma de México y aprendido mucha teoría, enciclopédica, con muy buenos profesores de izquierda, fue decisivo confrontar esa masa teórica con la transformación de una realidad.

Aunque aquí nos agradecen el trabajo realizado, más bien tenemos que estar agradecidos de haber podido vivir una experiencia universitaria como aquella en un país en revolución. Guardo entre mis recuerdos la zafra de 1970, cuando los cubanos intentaron producir 10 millones de toneladas de azúcar, y estudiantes y profesores se volcaron también a los campos.

Fue una etapa muy hermosa. Al regreso a las aulas, los muchachos estaban ávidos por aprovechar el tiempo y recuperar las clases perdidas en seis meses. Volvimos a discutir ideas, fue como un florecimiento muy interesante porque comenzaron a resolverse, a la par, muchos problemas postergados por la zafra.

Las oportunidades de participación fueron muy grandes, lideradas -además de con talento político, con encanto personal- y dirigentes como el comandante Juan Almeida y Armando Hart, ambos muy interesados en el desarrollo cultural. Ello propició el surgimiento de la Dirección de Extensión Universitaria y la revista Santiago.

AMÉRICA LATINA EN SU ENCRUCIJADA ACTUAL
Con una fecunda trayectoria como analista internacional, diplomático e intelectual comprometido con las mejores causas de América Latina, en el diálogo afloró, de modo natural, la palpitante actualidad de esta región del mundo.

-A principios de siglo, las burguesías locales y el imperialismo estaban todavía bajo el efecto sorpresa del surgimiento de un grupo de gobiernos progresistas en América Latina. Estaban anonadados. Desde entonces advertimos que, más pronto que tarde, comenzarían a reorganizar su propia contraofensiva.

Se trataba, además, del acceso por vía electoral a los gobiernos, pero no al poder, que continuaba en manos de las corporaciones transnacionales y las burguesías que poseen, además, los medios de comunicación más influyentes.

Estamos viendo ahora el desarrollo de esa ofensiva; en algunos lugares hubo capacidad política de las izquierdas para preverla y enfrentarla; en otros, no. También a veces los años de permanencia llevan a las dulzuras del sueño burocrático. Lula nos decía en un evento reciente: hace unos años nosotros salíamos a hacer trabajos voluntarios, vender estrellitas y periódicos en la calle. Hoy, cuando vienen a nosotros, a mí o a Dilma (Rousseff) no es a ofrecer algo, una idea, sino a pedir. Algunos se han adocenado: siguen comunicándose con el lenguaje de antes y así no se puede llegar a los jóvenes.

El presidente boliviano Evo Morales ha superado las pruebas más difíciles y tiene un gobierno exitoso, así como Rafael Correa en Ecuador. Hay más confusión y problemas en Venezuela y, sobre todo, peligrosamente, en Brasil.

Vamos a atravesar una coyuntura difícil: las izquierdas latinoamericanas no reaccionaron a tiempo ante la advertencia de que venía una contraofensiva de la derecha. Por el contrario, en Argentina, los trostkismos atacaron al gobierno progresista por el flanco opuesto y, de alguna manera, le facilitaron el trabajo a la derecha.

No sugiero complicidad, pero sí una confusión ideológica y algunas izquierdas no aprovecharon estos períodos progresistas para hacer un trabajo de organización y concientización popular. Ahora tendrán que hacerlo, pero en condiciones más difíciles.

Creo que ha avanzado el proceso de renovación impulsado por Correa en Alianza País y que a los compañeros venezolanos, que han empleado tiempo en temas electorales, les han quedado temas importantes en la agenda.

No obstante, la naturaleza de la derecha y del neoliberalismo no ha cambiado nada, más bien se ha agravado y pienso que un gobierno como el de Macri dejará despellejados a la mayor parte de los argentinos y aquellos que votaron por la cultura del shopping center en unos años estarán amargamente arrepentidos.

Las organizaciones de la izquierda argentina deberán asumir su responsabilidad y ser los organizadores del movimiento popular. Se abrirán muchos campos de batalla ideológica en todo el continente, que serán exitosos en la medida en que seamos capaces de hacer propuestas atractivas para la gente y hacerlo con lenguajes frescos, renovados.

IDEAS VIEJAS Y NUEVAS EN EL TINTERO

Además de la conferencia magistral, impartida a profesores y estudiantes de la Universidad de Oriente, otro momento del programa de su visita fue la presentación del libro Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear, publicado en 2012. Sobre sus proyectos venideros también dio detalles:

-Pienso que, en algún momento, debe hacerse una revisión a fondo de Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear, un libro que tuvo la virtud de llegar, con un lenguaje asequible, a las generaciones más jóvenes. Los acontecimientos están requiriendo ya nuevos capítulos y reformular algunas aseveraciones.

La crítica a las izquierdas tiene que ser más severa y, en una nueva edición, el libro tal vez lleve otro nombre. El otro texto es América Latina y el Caribe. Integración emancipadora o neocolonial, que es la historia de Unasur, Celac… Todos hablan de defender la integración pero hay que saber en qué consiste y cómo se hace.

Debo seguir acerca de esos temas. Hay quienes critican que los gobiernos progresistas no fueron verdaderamente revolucionarios, cuando realmente abrieron espacios enormes a la soberanía y autodeterminación e importantes iniciativas en materia de integración. Y eso hay que defenderlo porque -si cae Dilma Rousseff-, con Mauricio Macri y todo eso (en Argentina), el maltrato a Unasur va a ser serio.

Puerto Rico es el otro tema que me ocupa. En mi libro… una de las cosas que llamaron la atención es el capítulo dedicado a las izquierdas puertorriqueñas. Normalmente, los académicos de izquierda, cuando escriben sobre América Latina, parece como si concedieran la isla a Estados Unidos porque no la tratan como un problema latinoamericano.

Próximamente participaré en la Convención del Partido Independentista Puertorriqueño. Creo que es necesario trabajar mucho sobre ese país y no solo por la creación de una república independiente sino porque es ejemplar para los latinoamericanos.

Hace 20-30 años nos vendían a Puerto Rico como la vitrina del imperialismo para América Latina y hoy en día es un perfecto fracaso: es el país que más Tratados de Libre Comercio (TLC) tiene con Estados Unidos, el más penetrado por esa cultura, el más directamente vinculado con esa economía y el que peor situación afronta en estos momentos.

Hay que abrir el análisis al asunto del fracaso de los TLC. Nunca había sido tan calamitoso, por ejemplo, el estado de la economía mexicana, tras el tratado con Estados Unidos y Canadá.

Procesos de interés mundial son los de las negociaciones para la paz en Colombia y la normalización en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, este último todavía plagado de ambigüedades e incertidumbres que, sin embargo, les abre a los cubanos un capítulo muy semejante al que se les está abriendo a los demás latinoamericanos.

En la etapa que viene el papel de la lucha ideológica, de la cultura cívica y política, de la moralidad de la política, va a ser enorme. Vamos a ver el impacto de la cultura de shopping center, de la compra a crédito y del consumismo. Hay que prepararse para eso, a tono con el siglo XXI.

*Corresponsal de Prensa Latina en Santiago de Cuba.
ag/mc

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