La estrategia está alineada con las tendencias globales de los sistemas educativos.
El acelerado proceso de cambios que se viene desarrollando en las últimas décadas, está impactando a los sistemas educativos en todos sus niveles. Como es sabido, en el ámbito específico de la educación superior, la Unesco, en atención a esas cambiantes realidades, reunió en su sede de París, en octubre de 1998 una Primera Conferencia Mundial sobre Educación Superior, cuyas conclusiones fueron recogidas en la “Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción”, en la que se proponen importantes orientaciones y lineamientos a nivel global, los cuales fueron producto de diversas reuniones regionales que sobre el tema se habían realizado desde comienzos de los años 90, reafirmando los principios de la educación como uno de los pilares fundamentales de los derechos humanos, de la democracia y del desarrollo sostenible y la paz.
La internacionalización académica planteada desde esa primera conferencia ha sido igualmente objeto de consideración en otros encuentros internacionales de expertos educadores; en ambos casos esta estrategia está alineada con las tendencias globalizantes de los sistemas educativos que se está facilitando al impulso de la revolución de la informática y de las telecomunicaciones y como producto de la sociedad de la información y del conocimiento. Igualmente en el reconocido Informe Delors, “La Educación Encierra un Tesoro”, presentado a la Unesco en 1996, se resalta la importancia de la visión global, a través de la cooperación internacional para facilitar a las universidades, como “interlocutores privilegiados”, el intercambio de docentes y estudiantes con fines de mejorar la enseñanza creando “Cátedras Internacionales”.
La Unesco, desde su fundación, en noviembre de 1945, ha incentivado ese proceso de internacionalización al permitir, mediante sus mecanismos operativos, que líderes del sector, tanto de países ricos como pobres, puedan en condiciones de igualdad, intercambiar ideas y experiencias para mejorar sus sistemas educativos y las instituciones rectoras de los mismos, incluyendo asesoría con expertos de la organización y con recursos para proyectos específicos. Pero igualmente el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (Ocde) y, en algún tiempo, la llamada Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (Usaid), han participado en proyectos importantes de apoyo al desarrollo y expansión de la educación superior en América Latina y el Caribe. El Banco Mundial, por ejemplo, ha financiado el desarrollo parcial del grupo de Universidades del Complejo de Anahuac en México y programas de créditos educativos en Perú. Y en Venezuela, la Universidad Simón Bolívar tuvo un soporte fundamental de financiamiento del BID para el desarrollo de su planta física de Sartenejas.
La dinámica de cambios impulsados en el proceso de la globalización ha conformado la cibereconomía con acelerados movimientos de capital, tecnología y demandas, cada vez mas novedosas, de trabajos calificados y ajustados a los nuevos conocimientos que se generan a velocidades exponenciales. Esto último impactando sensiblemente a la sociedad en su conjunto y a la educación en todos sus niveles, lo que explica las razones del aprendizaje contínuo por toda la vida que ha sido otra de las consignas de la Unesco para la educación superior del siglo XXI. En ese contexto globalizante, la internacionalización de la educación superior debe impulsarse como respuesta de los países e instituciones, a nivel global y a nivel de nuestra región latinoamericana y caribeña, a los fines de interactuar, respetando diferencias e identidades culturales, para intercambiar experiencias académicas, realizar proyectos educativos conjuntos y explorar nuevas opciones y alternativas de la educación superior. Todo lo cual supone desarrollar, a nivel de los países y de las instituciones de educación superior, políticas, programas y proyectos, con visión de integración internacional y regional, en los ámbitos fundamentales del subsistema de educación superior, tales como acuerdos interinstitucionales para la docencia, la investigación, la extensión, el compromiso cívico; y, dentro de estas actividades y como complemento, fomentar el intercambio de docentes y estudiantes, los programas de doble titulación o titulaciones conjuntas y redes institucionales para objetivos específicos. Este es un gran reto que tienen planteadas las universidades venezolanas para no quedar rezagadas en los significativos cambios que está experimentando la educación, para lo cual es fundamental superar la actual crisis de nuestras instituciones de educación superior, producto de una errada política educativa oficial que pretende desconocer las nuevas realidades globales que apuntanlan el surgimiento de la Sociedad de la Información y el Conocimiento en donde se demanda una educación inclusiva pero de excelencia y con visión global.
José Ignacio Moreno León 
Director general del Celaup, Universidad Metropolitana
jmoreno@unimet.edu.ve
@caratula2000
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