En la primavera de 1998 (nada menos que treinta años después del mayo parisino), cuatro ministros europeos de Educación -Alemania, Italia, Francia y Reino Unido- detectaron, en la capital francesa, que el envase del conocimiento superior precisaba un cambio, más que nada por la velocidad de su transmisión y la constante movilidad laboral en el continente que empezaba a abandonar el estado de bienestar.

Al año siguiente, nació en Italia la “Estrategia de Lisboa”, popularmente conocida como Proceso de Bologna, en ese hermoso ícono del medioevo, donde está la universidad más antigua del mundo occidental. El economista galo Guy Huag, incansable motor de Bologna, suele admitir que los cambios son “los que necesite cada contexto universitario” y otorga tanta importancia a esos nuevos vientos como a la “internacionalización” de la educación superior, lo que en términos periodísticos bien podría equipararse con la génesis de NODAL-Universidad que, en poco tiempo, aupó a primos lejanos que, viviendo en el campo, vienen poco a la ciudad.

Esa obsesión académica por consensuar los espacios comunes (el europeo, el latinoamericano) intentando una formación “generalista” de todas las disciplinas en los primeros peldaños -por eso la discusión de 3+1 ó 3 de grado y 2 de máster-; bien debe empezar en casa por estos contactos directos que en el patio que dejó de ser trasero, fructifican a poco de andar y la creciente legión de lectores de NODAL, lo certifica.

Hasta ahora, había habido proliferación de sitios corporativos (de todo tipo, incluyendo los de instituciones respetables) pero ninguno de tal apertura, un adjetivo tan necesario como proclamado, toda vez que un hijo de pueblo originario paraguayo quiere cursar -beca mediante, información también disponible aquí- Medicina en Perú para poder ejercer en Cuba o Estados Unidos.

El sociólogo argentino Daniel Samoilovich, quien desde el atalaya de Columbus (fortalecimiento académico e institucional de universidades europeas y latinoamericanas), tiene el privilegio de monitorear el sistema en ambos continentes, opina que el “espejo mundial asegura el enriquecimiento regional, ya que el cotejo constante permite toda modificación se haga a tiempo, consultando a los protagonistas”.

Teóricamente, desde hace cinco años Bologna feneció y la treintena de países europeos ahí inscripto, homogeneizó casi totalmente su “currícula” (planes de estudio), aceptando el sistema de créditos común a las asignaturas, que reverdece el modelo anglo-sajón. En América Latina, vale recordar, ese correlato no funcionó a pleno y sus impulsores apelan a “colectoras” complementarias en el sentido de derribar barreras…uno de esos intentos, claro, nace con este portal, que la “famiglia” educativa ya hizo suyo.


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