En esta tercera parte de la entrevista a fondo con Nodal Universidad, el politólogo cubano Darío Machado analiza, entre otros temas, la relación entre los intelectuales y el sistema político de su país.

(VER PARTE I y PARTE II)

Por Cecilia Escudero

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En estas últimas décadas de política de bloqueo y aislamiento de Cuba, ¿qué tipo de intercambio académico se pudo llevar a cabo entre Cuba y EEUU? Al respecto, ¿cuáles son las perspectivas frente a la normalización de las relaciones?

En medio de más de cinco décadas de hostilidad contra Cuba se han mantenido intercambios en no pocos terrenos de la actividad académica, hemos tomado parte en las reuniones que organiza LASA (Latin American Studies Association por sus siglas en inglés), también la CSA (Caribbean Studies Association), estudiantes norteamericanos han visitado Cuba, han existido relaciones de universidades cubanas con las norteamericanas, de universidades norteamericanas con centros de estudio cubanos, por ejemplo el Instituto de Filosofía. Naturalmente, el relajamiento de las relaciones debe permitir ampliar estos encuentros.

La academia tiene muchas posibilidades de apoyar este proceso de acercamiento y mutuo conocimiento, mediante el fortalecimiento de los intercambios, incluso de investigaciones conjuntas. De hecho, aun desde cosmovisiones diferentes, paradigmas de conocimiento diferentes, ambas academias, la cubana y la norteamericana pueden beneficiarse y enriquecerse.

Cuba tiene una experiencia inédita para los Estados Unidos, lleva medio siglo pensando cómo articular eficientemente la actividad social despojándola del individualismo estéril y pernicioso, intentando formar un ciudadano diferente, con una cultura general y una cultura política socialista. Las investigaciones sobre la sociedad cubana tienen hace ya muchos años un enfoque desde la experiencia viva de los procesos sociales, se ha despojado del teoricismo que alguna vez la afectó y puede ofrecer un resultado genuino, único en su autenticidad. La academia norteamericana puede verse estimulada contrastando sus saberes con los desarrollados por la academia cubana. A la vez, la academia cubana puede ampliar la crítica de su propia producción desde las metodologías y enfoques de la norteamericana.

Actualmente, muchos universitarios cubanos se encuentran imposibilitados de desempeñarse en el perfil de su profesión. ¿Cómo impactan en este sentido las reformas económicas que se están llevando a cabo en la actualidad?

Bueno, es una de las amenazas que pueden y deben convertirse en oportunidad, precisamente porque ese capital humano está disponible para hacerse cargo de la actividad económica en aquellas ramas en los que como resultado de los cambios en la gestión de la economía se amplíen o abran en el país.

Por ejemplo, en Cuba se han graduado miles de ingenieros informáticos cuyo ejercicio laboral en muchos casos no se corresponde hoy con la preparación recibida, pero el desarrollo de estas tecnologías, algo inminente en el futuro inmediato y mediato tiene ahí un importante capital humano que ya está preparado y bien preparado en capacidad de asumir estas tareas.

En la academia cubana o entre los intelectuales cubanos, ¿qué lectura considera que predomina frente a este restablecimiento de las relaciones?

Para responder adecuadamente necesitaría disponer de estudios que no se han realizado hasta hoy. Apenas me es dable emitir algunos criterios muy generales salidos de mis relaciones y conocimiento de la intelectualidad en el país.

Primero hay que decir que en el espectro de todo lo que podemos considerar como intelectualidad cubana, las experiencias de contacto con los EEUU son muy disímiles. Hay experiencias de notables intelectuales cubanos que han promovido el acercamiento y con ello el fin del bloqueo contra Cuba a través de sistemáticos y fructíferos contactos con intelectuales estadounidenses, opuestos a la política anticubana que han mantenido sucesivos gobiernos norteamericanos. Para este sector, el restablecimiento de relaciones significa una solución de continuidad a estas relaciones. Esto se ha dado más en el terreno del arte, la literatura, la poesía, la música.

Hay terrenos, por ejemplo en el campo de los servicios meteorológicos, cuyo ejercicio es por razones obvias un interés común de ambas partes, donde hay contactos bilaterales sistemáticos que han creado un importante clima de confianza para el intercambio de datos, información, modelos, etc.

Otros, la gran mayoría, no ha tenido esos contactos, por lo que su lectura del reinicio de estas relaciones parte naturalmente de una experiencia diferente, más alejada y probablemente más cautelosa.

Sin embargo, creo que en general, la intelectualidad cubana ve el lado positivo del restablecimiento de relaciones.

¿Qué diálogo o articulación distingue entre la intelectualidad y el sistema político cubano?

Uno de mis libros titulado “Pensar la sociedad. Las ciencias sociales en Cuba” cierra con un capítulo dedicado precisamente a hacer una valoración al respecto. Me gustaría citar dos párrafos y luego hacer un breve comentario:

“Cuando nos referimos al compromiso social del científico que se dedica a estudiar la sociedad, no lo estamos reduciendo a su identificación con una determinada cosmovisión, ideología o programa político, por más relevantes que son esas relaciones para la práctica social, sino a un eje fundamental que involucra las anteriores pertenencias y al propio individuo, cuya esencialidad tiene que ver con la capacidad del científico social de comprender su objeto de estudio; me refiero al compromiso del científico con el destino de la humanidad, con el destino del ser humano, a su identificación como parte activa y subrayo el término y no como alguien que podría entender al proceso social, a los demás, sin entenderse a él mismo, en tanto resultado, producto activo y relativamente independiente que es, del todo social.”

“Solo con tal perspectiva el científico social puede estudiar e interpretar eficientemente lo social. De tal suerte, en Cuba, ser un intelectual orgánico, un científico social comprometido significa, ante todo el compromiso con el destino del ser humano, y en primer lugar con la patria como parte de esa humanidad, a través de la cual puede entender mejor a los seres humanos.”

La inmensa mayoría de los científicos cubanos en los terrenos de la medicina, la pedagogía, las ciencias sociales y humanísticas, las ciencias agropecuarias, la informática, la biotecnología, y muchas otras ciencias, así como la intelectualidad artística y literaria está formada en principios humanistas, sin que por ello sea un conglomerado de seres humanos adocenados, que tienen para todo las mismas valoraciones y las mismas respuestas.

Por el contrario, la pluralidad de puntos de vista sobre los más disímiles temas de la sociedad cubana se abren en un abanico que va desde un sólido compromiso social y alta preparación cívica, hasta un individualismo pernicioso, presentando de uno a otro extremo una rica diversidad de interpretaciones y manifestaciones, propia de los seres humanos.

¿Y en el terreno de las ciencias sociales?

Dentro de eso hemos tenido en el terreno de las ciencias sociales diferentes acercamientos entre estas y la política. Para caracterizarlo en grandes rasgos, en una primera etapa de la revolución proliferaron los estudios sociológicos y culturales en función de las proyecciones políticas. Con el advenimiento de la institucionalización y la adopción del sistema de dirección de la economía vigente entonces en el socialismo de Europa del Este, en particular en la URSS, la tarea principal de la política era aplicar lo que ya había sido decidido, el lado experimental y de investigación que caracterizó los inicios del proceso revolucionario quedó opacado, orillado, etapa en la que las ciencias sociales se convirtieron sobre todo en instrumentos para la aplicación de lo ya decidido, pasando una parte de la actividad académica a refugiarse en lo teórico, alejada de la realidad.

Cuando sobrevienen las circunstancias del período especial, se produce un reavivamiento de la actividad científica investigativa, del cuestionamiento, un regreso a la experiencia viva de la sociedad; y en los últimos años se ha producido un importante acercamiento entre la actividad académica y la actividad política.

El presidente Raúl Castro ha pedido una “crítica abierta” al gobierno a fin de mejorar la gestión. ¿En qué medida cree que la producción académica en Cuba, especialmente en Ciencias Sociales, adopta una postura de esa característica?

Raúl efectivamente ha motivado el ejercicio de la crítica y ha exhortado a conquistar toda la democracia posible. Las Ciencias Sociales cubanas están generando una cantidad importante de ideas diagnosticando o proyectando hacia el futuro la sociedad cubana en diferentes aspectos de su realidad. Los eventos científicos son marcadamente analíticos y críticos en relación con los procesos sociales, económicos, ideológicos, jurídicos y políticos en el país.

Se discute sobre el modelo económico, el modelo político, las leyes, el ideal de socialismo, los cambios en la mentalidad del cubano, y un sinnúmero de problemas, produciéndose un creciente caudal de buenas ideas que, si bien tienen la virtud de generarse en procesos de debate democráticos, abiertos y totalmente desinhibidos, no gozan de una presencia en los medios de comunicación social del país que se corresponda con su valor e importancia social. Sí tienen presencia en la red, pero no en los medios masivos, la prensa, la radio y la televisión cubanas, por lo que no contribuyen en la medida que pudieran a fertilizar el proceso participativo de toda la población.

Es un déficit que hemos señalado en diferentes intervenciones y trabajos y que aspiramos sea superado a partir de una mejor práctica política en nuestros medios.

Existe un creciente interés de científicos, académicos y hasta dirigentes políticos estadounidenses por visitar la isla a estudiar temas sobre Cuba. ¿Qué puede resultar más interesante?

Es una pregunta que cabe mejor hacerla a los científicos, académicos y políticos norteamericanos. Intentando ponerme en su lugar arriesgaré algunas reflexiones.

En el terreno de lo social son numerosos los temas, pienso que probablemente los estudios comparativos de las experiencias de ambos países acerca de los sistemas políticos, la participación social, la historia, la ética, la solidaridad humana, los comportamientos sociales, la construcción económica, las políticas sociales, la distribución de las riquezas, la atención a la infancia y la tercera edad, la política científica del país, la ética del científico, el modelo educacional, entre otros pueden resultar de utilidad para la academia estadounidense.

Pero más allá de los temas específicos, es necesario que atiendan a la realidad y no a los prejuicios. Es inevitable la presencia de lo ideológico en cualquier estudio social, nadie puede sustraerse de sus valores cuando enfoca un problema humano, pero lo útil de eventuales estudios sobre la realidad cubana para la academia norteamericana estaría en mi criterio primero que todo en prestar atención a los hechos, fundamentar sus generalizaciones en los hechos, en las realidades, en el significado que tiene lo que descubran no para ellos, sino para los cubanos, para la sociedad cubana. Después naturalmente siempre es dable comparar.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo los procesos electorales. En Cuba, aunque no es obligatorio votar, vota siempre una notable mayoría de los ciudadanos y ejercen positivamente el voto. No existe propaganda electoral, no se enfrentan partidos políticos con intereses corporativos, y muchas otras características propias del sistema electoral cubano. Si eso se estudia desde el prejuicio que es algo “que anda mal” por definición, en lugar de analizar la realidad cubana, la experiencia histórica, la cultura política, el sentido que tienen las elecciones en Cuba, arribarán a conclusiones sesgadas, inútiles para el conocimiento.

Otro ejemplo es la visión de la historia de las relaciones entre Cuba y EEUU que se ha desarrollado en la academia cubana, las argumentaciones de sus análisis, los datos de la realidad que aporta, pueden ser objeto de gran interés de la academia norteamericana.

Hay muchos otros terrenos de la realidad cubana que es posible convoquen a la academia estadounidense a procurar su estudio. Hay campos de la ciencia, del deporte, de la cultura, en los que Cuba tiene interesantes experiencias que puede compartir con la academia norteamericana.

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