Se presentó hoy un extraño dinosaurio herbívoro del período Jurásico -de 148 millones de años- en Chile. Los restos habían sido hallados en 2004 en lo que parecía un yacimiento de varias especies pero que, finalmente, se descubrió pertenecían a un espécimen que los paleontólogos no dudan en describir como un “mosaico evolutivo”.

El Chilesaurio diegosuarezi fue presentado por el equipo de paleontólogos liderado por Fernando Novas, investigador principal de CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MANC-CONICET) y por Manuel Suárez, director de la Carrera de Geología de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello, Chile. Suárez es además padre de Diego, quien descubrió los primeros restos cuando tenía tan sólo 7 años, y en cuyo honor fue bautizado este nuevo dinosaurio.

“La combinación de una cabeza pequeña, dientes de hoja o espátula -para cortar hojas-, y las patas robustas son todos rasgos inusuales para los terópodos”, explica Novas.

El Chilesaurio diegosuarezi fue descripto como una mezcla de los tres linajes principales en que dividen los dinosaurios –terópodos, como el Tyrannosaurus rex; sauropodomorfos, como el brontosaurio; y los ornitisquios, como el Triceratops. “Nadie esperaba descubrirlo, en ninguna parte del mundo”, asegura.

Las piezas de este nuevo espécimen descripto habían sido halladas en 2004 por Diego Suárez, de allí el nombre del dinosaurio, en las cercanías del Lago General Carrera, en Mallin Grande, Chile, durante un trabajo de campo de sus padres, los geólogos chilenos Manuel Suárez y Rita de Cruz. “Desde los cinco años que nos ha acompañado a terreno y ’nos ayudaba‘ a sacar muestras de rocas y participaba en el descubrimiento de conchas fósiles y hojas fósiles”, dice Manuel Suárez.

Novas cuenta que estos primeros huesos habían sido llevados al Museo de La Plata por suponer que se trataba de reptiles marinos. Luego Leonardo Salgado, investigador independiente del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Paleobiología y Geología de la Universidad Nacional de Río Cuarto, los describió individualmente en un trabajo publicado en 2007. Ante la inquietud que le generaban algunas piezas, contactó al Novas y allí comenzó la segunda etapa de este descubrimiento.

En el taller de paleontología del MACN – a cargo de Marcelo Isasi, profesional adjunto del CONICET – se analizaron los restos y se descubrió que la columna vertebral, costillas y ambos brazos, que parecían pertenecer a ejemplares diferentes, en realidad eran parte de un mismo dinosaurio de un tamaño parecido al de una gallina. Eso les dio la pauta de que debían ir en busca de más piezas.

“Parecía que formaban parte de distintos dinosaurios, pero al tener el esqueleto completo comprobamos que en realidad formaban parte de un todo: el Chilesaurius. Es como si representara una mosaico de dinosaurios en un mismo animal”, precisa Novas.

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