Ignacio Mantilla asume su segundo mandato al frente de la Universidad Nacional en medio de la polémica, pues un sector de los más de 55.000 alumnos que tiene esta institución pública sostiene que no se respetó su decisión en la consulta electrónica del 19 de marzo.

En ese proceso, que contó con una participación estudiantil de apenas 30,5 por ciento, el médico Mario Hernández obtuvo la mayor favorabilidad, con un Índice Ponderado de Opinión de 15,5, mientras que Mantilla alcanzó 13,5. No se habla de votos porque la universidad no concede el mismo valor a todas las participaciones; por ejemplo, la de un profesor pesa más que la de un alumno y esta, más que la de un egresado.

Ese sondeo definió los cinco nombres que el Consejo Superior Universitario tuvo en cuenta para designar al nuevo rector, el miércoles pasado.

Pero la crispación del estudiantado es apenas uno de los grandes desafíos que Mantilla enfrentará durante los próximos tres años. A ella se suman la construcción del hospital universitario, el mejoramiento físico de la sede de Bogotá y la búsqueda de propuestas para obtener recursos. De estos y otros temas habló el académico con EL TIEMPO. (Lea: Crean herramientas para ayudar a personas con discapacidad visual)

¿Qué les dice a quienes no están de acuerdo con su elección y afirman que usted era candidato del Gobierno?

No recibí presión alguna del Gobierno ni hice promesas o compromisos de ningún tipo. Mi origen no es político, es netamente académico. Soy el rector de todos y la idea es que estudiantes y docentes trabajemos juntos para lograr las metas que nos hemos trazado como universidad. Hay una falsa percepción de todo esto, se cree que el que más ruido hace es el que tiene la razón. Gané la consulta entre los profesores, es decir, no es cierto que haya sido impuesto sin tener alguna favorabilidad.

Si el Consejo Superior Universitario es el que tiene la última palabra sobre la elección del rector, ¿para qué hacer una consulta a la comunidad académica?

La universidad estableció este mecanismo, en el que se consulta a la comunidad académica para seleccionar cinco candidatos entre quienes se presenten. Las opiniones se ponderan: por ejemplo, un profesor permanece, en promedio, 30 años en la universidad, mientras que un estudiante, de cinco a seis; entonces, la posición de los profesores tiene un peso mayor que la de los alumnos y egresados. Una vez se hace esa consulta, el Consejo puede nombrar a cualquiera de los elegidos, teniendo en cuenta su hoja de vida, entre otros aspectos.

No se trata de una elección, y la universidad no se debe dejar politizar en ese sentido. Introducir los vicios de la política sería lamentable para una entidad netamente académica.

¿Cuál es su mayor apuesta en su segundo mandato?

La universidad tiene que posicionarse no solo como la principal del país, sino que debe empezar a compararse con universidades latinoamericanas. Entonces, la apuesta es que la excelencia sea un hábito de la institución, es lo que nos hemos comprometido a hacer.

¿Cuáles son los avances en términos de infraestructura de los diferentes campus?

El desarrollo de las sedes es muy heterogéneo. Manizales, por ejemplo, ha avanzado bastante en sus tres sedes. En Medellín tenemos unos terrenos de 26 hectáreas en San Pablo, que pueden ser el futuro de esa sede en términos de desarrollo. En Palmira (Valle) vamos a adquirir un lote aledaño para poder crecer. (Lea:Editorial: Un rector reelegido)

El reto más grande es Bogotá, porque tiene una infraestructura que desafortunadamente no se ha atendido en los últimos años, pero que hay que recuperar y renovar. Desde hace tres años hemos trabajado en eso; de hecho, se va a entregar un edificio para Enfermería y otro de Archivo; se va a empezar la construcción de un edificio de aulas para toda la sede, y se van a mejorar las vías peatonales, entre otros proyectos que van encaminados al bienestar, como el comedor central, espacio que se recuperó después de 30 años. Queremos apostarle también a un plan de residencias, pero hasta ahora estamos formulando la idea. En Manizales se hizo y ha sido exitoso.

¿Y cómo va la construcción del hospital propio?

En este momento estamos contratando los equipos, por lo que el hospital se va a inaugurar, si todo va bien, en unos cuatro meses, cuando daremos apertura a los primeros servicios.

Hace un tiempo se habló de un sistema de donaciones para la universidad. ¿Qué ha pasado con eso?

Para poder crecer, la universidad necesita recursos con origen cierto, es decir, no podemos depender de ingresos temporales o casuales y eso solo se logra por la base presupuestal, lo que nos permitiría tener mayores recursos para nuestro funcionamiento.

Para tomar ese camino, siempre es posible acudir al Congreso y proponer una ley. Por ejemplo, ahora que vamos a cumplir 150 años, una ley de honores que nos dé una suma especial para inversión. Lo importante es estabilizar el funcionamiento para tener una planta mayor de profesores, que le permita a la universidad lograr sus metas.

¿Van a seguir acompañando el proceso de paz?

Queremos continuar coordinando, junto con Naciones Unidas, las tareas que la mesa de La Habana nos pide. Además, junto con el Centro de Pensamiento y Seguimiento del Proceso de Paz, creemos que podemos realizar reflexiones en torno a los temas aún no resueltos e invitar a otros grupos guerrilleros a que participen de este proceso. Se trata de aprovechar la confianza que la universidad genera en las dos partes para que en Colombia desaparezca todo conflicto armado. (Lea: Docente investigado por plagio fue contratado por Antioquia Legal)

¿Cuál será el papel de la Nacional como asesor del Estado en otros temas?

La universidad tiene expertos que han contribuido en varios aspectos de la vida nacional; por ejemplo, participamos en el trámite de la reforma a la salud, y lo hacemos en otras áreas como minería, artes, política y ciencia y tecnología.

TATIANA LIZARAZO

El Tiempo


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