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El dirigente estudiantil hondureño Marcos Rubí Callejas explica el conflicto que asedia a la principal universidad de su país y cómo se articula con la creciente protesta social en contra del gobierno de Juan Orlando Hernández.

Por Carla Perelló

(Publicada en agosto de 2015)

De la redacción de Nodal Universidad

A simple vista, el conflicto que asedia hace más de un mes a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) pareciera llegar a su fin: las autoridades bajaron la guardia luego de desalojar las sedes tomadas -imputaciones de “usurpación” a estudiantes mediante- y abrieron un espacio de diálogo para negociar. El reclamo tiene como eje el decreto 029, que determina la cantidad de horas a cursar en función del rendimiento académico. Sin embargo, esa disposición no es más que una viga dentro de la estructura que conforman una serie de reformas de corte neoliberal y privatista realizadas en la educación superior del país ungidas por las autoridades desde hace por lo menos diez años. En ese contexto, el movimiento estudiantil se alza y consolida como sujeto político y se planta como factor de presión: “Sabemos que enfrentamos al aparato estatal”, asevera, en una entrevista con Nodal Universidad, el dirigente Marcos Rubí Callejas.

La situación actual en la principal universidad hondureña bien podría funcionar como muestra de lo que sucede a nivel macro en el país. El punto de hervor llegó con el Golpe de Estado perpetrado contra el presidente Manuel Zelaya, en 2009, y las aguas están caldeadas desde entonces, ya que en consecuencia devino el deterioro político y económico que generó un aumento constante de los índices de violencia y de desigualdad social. Este año, conocida la estafa -calculada en 500 millones de dólares- efectuada por funcionarios nacionales del Instituto de Seguridad social, se encendió la mecha nuevamente y cada viernes los ciudadanos alzan antorchas y exigen la renuncia del presidente Juan Orlando Hernández.

El movimiento estudiantil no fue inmune a estos hechos: llamó a la movilización en cada ocasión y se pronunció a favor de la democratización de las instituciones. Paralelamente, comenzaron a exigir participación real y protagónica en la vida universitaria. Se manifestaron en contra del aumento de la cuota arancelaria, de la imposición de un reglamento que regule a las agrupaciones de estudiantes y lucharon contra la privatización de la universidad pública. La chispa que generó las últimas movilizaciones y la toma de las sedes de todas las facultades fue el intento de aplicación de una medida que dispone la cantidad de horas que se pueden cursar en función del promedio de cada estudiante.

Ante cada acción, las autoridades respondieron -con la venia del Ejecutivo nacional- con medidas que criminalizan la protesta y vetan el derecho a la educación: denuncian a los estudiantes judicialmente e incluso, los expulsan. Aun así, los jóvenes se prestan a dar la batalla. El dirigente Rubí Callejas, estudiante de sociología y militante del Movimiento Estudiantil Revolucionario “Lorenzo Zelaya” MER-LZ, da un pantallazo de la situación y deja en claro la razón que los mueve: “Creemos que de la universidad deben salir los próximos dirigentes de la nación, pero se debe cambiar esta institución para poder ofrecer cambios”.

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El conflicto se inició en la Facultad de Odontología por un pedido de mejora en la infraestructura. No obstante, rápidamente se sumaron reclamos y el movimiento estudiantil de las carreras de toda la universidad se unió a la protesta. ¿Por qué considera que ese primer impulso generó tal movilización?

El detonante siempre fue la Tabla de Unidades Valorativas, que son los créditos de horas a cursar en función del promedio de cada estudiante. Lo que impulsa a Odontología a convertirse en la vanguardia fue la acumulación de problemas insoportables. A los pocos días del paro, las autoridades se comprometieron a resolver los problemas de infraestructura y de equipo médico, pero la asociación de estudiantes resolvió sostener la toma hasta obtener respuesta con respecto a la Tabla. Ésta es parte de las nuevas normas académicas aprobadas en 2014, también a la sombra de protestas. Este contexto facilitó la unión de todos los sectores estudiantiles.

Este proceso de lucha conlleva un alto costo para los estudiantes, como la posibilidad de expulsión. ¿Qué evaluación hace?

La universidad no está apartada de la sociedad hondureña. Nosotros sabemos que nos enfrentamos al aparato estatal cuando enfrentamos a la rectora Julieta Castellanos, por quien el presidente de la república modificó la Ley Orgánica de la UNAH permitiéndole su reelección. Ya, en el 2014, los estudiantes afrontamos cinco requerimientos fiscales, 23 audiencias de descargo, y a inicios de este año sufrimos 16 expulsiones de compañeros que pudimos revertir en la Corte Suprema de Justicia. Ahora tenemos unos 24 estudiantes procesados judicialmente y estamos a la espera de nuevas expulsiones. También hubo sacrificio en lo académico: Odontología perdió un período y el resto de las carreras deberán cursar un tercero ciclo que será intensivo y no regular, para recuperar el tiempo invertido en la lucha.

La rectora Castellanos intervino activamente en el conflicto, ¿cuál es su lectura? ¿Qué expectativas tienen de los cambios realizados a partir del reclamo de los estudiantes?

La rectora ha demostrado no tener la capacidad de enfrentar a la oposición. Desde un principio hicimos propuestas académicas por las cuales sólo obtuvimos insultos como respuesta. Al final, la magnitud de las protestas la obligaron a retroceder su posición varias veces, por lo cual nos encontramos en la situación actual, con los ojos de la sociedad puestos en la figura de Castellanos, juzgando negativamente su papel. El movimiento estudiantil está debatiendo la nueva ruta a seguir. Algunos creemos que debemos dar oportunidad al diálogo y a la salida pacífica al conflicto.

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La universidad es pública pero arancelada, ¿considera este punto como un factor de conflicto?

No estamos de acuerdo con esa metodología. A pesar de ser pública, pagamos por varios servicios, matrícula, matrícula de laboratorios, entre otros gastos. El movimiento estudiantil ha planteado que debe derogarse todo cobro en la UNAH. Si el 6 por ciento del presupuesto asignado por el Estado es insuficiente, entonces salgamos como estudiantes, autoridades y docentes a exigir al Congreso Nacional más apoyo a la universidad.

Pero el Consejo Universitario realizó modificaciones con relación al arancel, ¿mejoró la situación?

Consideramos que toda modificación que no sea consensuada con la comunidad universitaria carecerá de legitimidad. Pero nada está escrito en piedra, todavía podemos reformar aquello que demostremos científicamente que está mal.

En ese sentido, ¿considera que en Honduras se garantiza el pleno acceso a la educación? ¿Por qué?

No, toda la institución es excluyente. Desde el sistema básico hasta el universitario. Las escuelas y colegios carecen de edificios, indumentaria, profesores, entre otras cuestiones. En la UNAH, más de 90 mil estudiantes han sido excluidos desde 2006 con la aplicación de un mecanismo de selección llamado Prueba de Admisión Académica. La matrícula actual es de 80 mil estudiantes y se calcula que más de la mitad de esa cifra quedan afuera, sin opciones laborales o educativas.

¿Cómo afectan a la calidad académica y a la educación superior la reforma de 2004 y los sucesivos cambios en las leyes realizados hasta ahora? ¿Por qué?

La cuarta reforma de la UNAH iniciada en 2004 excluyó al estudiantado al eliminar la paridad estudiantil del gobierno universitario y, también, cuando la Comisión de Transición dispuesta entonces desconoció la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH). Desde ese año no hay elecciones en la universidad, la Federación se desintegró, razón por la que los estudiantes carecemos de representantes electos democráticamente. No tenemos voz ni voto sobre las decisiones académicas de manera formal. Cuando en 2011 intentaron aprobar la nueva ley de educación superior, el movimiento estudiantil se alzó en contra. Había algunos puntos en común con las autoridades de la UNAH y eso ha permitido que, por el momento, no se apruebe esa ley que le daría autonomía a las universidades privadas y eliminaría la potestad constitucional que le otorga exclusividad a la UNAH para organizar, dirigir y desarrollar la educación superior y profesional del país.

¿Cómo influyó en la universidad el Golpe de Estado contra Manuel Zelaya en 2009?

La universidad venia recuperándose de una crisis de corrupción y gobernabilidad. Sin embargo, muchos nos opusimos al silencio cómplice de las autoridades. La universidad debió salir en defensa de la constitucionalidad, en su lugar, la cúpula vio en el golpe y los sucesivos gobiernos la oportunidad de perpetuarse en el poder.

Actualmente, la protesta estudiantil coincidió con crecientes movilizaciones en contra del gobierno nacional, acosado por escándalos de corrupción, ¿qué articulación observa entre ambos fenómenos?

Es precisamente la juventud universitaria la convocante al movimiento de las antorchas o indignados. Al ser la rectora Castellanos una pieza más del gobierno del Partido Nacional, es natural que ambas manifestaciones fueran mutuamente solidarias. Aunque debemos aclarar que hay estudiantes que acuerpan la lucha y pertenecen o simpatizan con el partido de gobierno.

Tal como sucede en Chile, el movimiento estudiantil en Honduras parece tener cada vez mayor incidencia en la política nacional. ¿Coincide? ¿Qué rol quieren jugar?

Nos tomamos muy en serio el llamado del paladín centroamericano Francisco Morazán (N. de R: presidente de la República Federal de Centroamérica, conformada por los estados de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica tras la independencia), cuando dijo que la juventud es la llamada a dar vida a este país. No podemos dejar que siga en el desorden en que hoy se encuentra. Creemos que de la universidad deben salir los próximos dirigentes de la nación, pero se debe cambiar esta institución para poder ofrecer cambios. El estudiantado debe recuperar al menos su representación en el Consejo Universitario, reconformar la FEUH y al mismo tiempo empujar para que en el país se den los cambios estructurales que tanto necesitamos.

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Para eso, ¿aprenden o toman de referencia otras experiencias? ¿Conocen espacios de articulación entre los estudiantes de América Latina y el Caribe?

A partir de la experiencia de 2012 y 2014 empezamos a forjar alianzas y lazos de comunicación con organizaciones estudiantiles de otros países y con las federaciones. Lamentablemente, al no estar conformada la FEUH, no podemos unirnos formalmente con ninguna que trabaje a nivel internacional. Esa es la tarea pendiente, la FEUH es la llamada a dirigir el movimiento estudiantil. Por otro lado, seguimos muy de cerca la lucha en Guatemala, que también se unió a las exigencias de la población en general y por supuesto el caso chileno, que ha sido y sigue siendo escuela para todos y todas en Latinoamérica.

¿Por qué 2010, 2012 y 2014 son años de referencia para el movimiento universitario?

Antes que nada, es preciso aclarar que solemos categorizar al movimiento en tres: Asociaciones de Estudiantes por cada carrera en cada centro universitario, Frentes Estudiantiles tradicionales, cuya fuerza está en declive desde 2004 y, por último, los actores de la vanguardia estudiantil organizados de manera independiente. En 2010 se fundan estos últimos, que son el Movimiento Estudiantil Revolucionario Lorenzo López -conocido como MER-LZ- y el Movimiento Amplio Universitario -conocido como MAU-, además de Avanzada, creada en 2012. Funcionan en contraposición a los frentes estudiantiles que gobernaron desde 1957. En el 2011, como mencioné anteriormente, se detiene el proyecto de ley de educación superior. En 2012, se sufre la derrota de la representación estudiantil en el Consejo Universitario, ya que el Poder Legislativo le otorga la posibilidad de elegir a dedo quienes nos representarán a pesar de que junto con otros espacios de estudiantes organizados habíamos presentado una propuesta que consistía en instaurar la Asamblea Constituyente Estudiantil universitaria ACEU. No la tuvieron en cuenta. En el 2014, estalla la lucha contra la privatización de la UNAH, específicamente contra las nuevas normas académicas.

Pese a la actual coyuntura en la UNAH, mencionó que se puede dar una salida pacífica al conflicto. ¿Considera que ese camino solucionaría el problema de fondo?

La inclusión real, legítima y democrática del estudiantado es la única solución a la actual crisis. Pensar en una universidad donde el estudiante no juegue un rol protagónico es ahondar en la crisis.

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