Hace aproximadamente unos tres años, la Comisión de Políticas Universitarias del Consejo de Rectores de Panamá, elaboró un documento orientador sobre el futuro de la educación superior universitaria en este país. Para ello se basó en la Constitución Política y otras normas legales nacionales, lo mismo que en las tendencias y declaraciones sobre este tema en América Latina y en el mundo.

Este documento ofrece un marco de referencia de la ruta por la que deben transitar las universidades panameñas, oficiales y particulares, durante los próximos 10 años, es decir, al 2025. Es una especie de carta de navegación del conjunto de instituciones universitarias del país. La brújula la utilizará cada comunidad educativa para guiarse en ese espacio de la formación, la investigación, los servicios, la gestión y el desarrollo social de nuestras universidades.

Panamá tiene cinco universidades oficiales y 30 particulares (según el estudio de abril de 2015). Instituciones muy heterogéneas, desde el punto de vista del tamaño de su matrícula, el origen de su inversión, las exigencias académicas y los resultados en la formación, la investigación, la extensión y los servicios. Son dispares en sus ofertas, existen generalistas y especializadas. Todas están reglamentadas y siguen las normas de CONEAUPA (Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación de las Universidades de Panamá), en su evaluación y acreditación institucional, de carreras y programas. Realizan esfuerzos muy diversos en la proyección social a su entorno.

Gracias a la reversión del Canal y a la conquista de su soberanía, Panamá es uno de los países de mayor crecimiento de la región y el sector logístico y de servicios ha tenido un auge extraordinario. Aún así, el contexto nacional de estas instituciones está marcado por una sociedad desigual, con sectores prósperos y otros que viven en condiciones de pobreza y miseria. Es una población pequeña (menos de 4 millones de personas). El sector empresarial demanda permanentemente de sus universidades, profesionales bien formados y creativos. También somos parte de una región y de un mundo que cambian aceleradamente y con pocas posibilidades de predecir en el mediano y largo plazo, estas mutaciones. El inicio del Siglo XXI plantea el desafío de trabajar y vivir dentro de esta temporalidad histórica. Solo el conocimiento y la innovación tecnológica pueden contribuir a la mejora de nuestro desempeño y proyección institucional en este momento de cambio civilizatorio.

Como país requerimos tener unos lineamientos de políticas universitarias que guíen nuestro esfuerzo hacia el futuro, para el logro de metas importantes. También necesitamos trabajar más colaborativamente entre nosotros dentro del país y con otras universidades del exterior.

Este cuerpo de políticas universitarias está organizado en nueve ejes importantes: relación universidad-sociedad-estado, empresa privada; formación del recurso humano, investigación e innovación; extensión y proyección social; gestión y autonomía universitaria; evaluación, acreditación y regulación; financiamiento de la universidad; internacionalización de la educación superior; las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Como observamos, son ejes que se articulan entre sí.

Reconocemos que cada universidad tiene un gran sentido de compromiso con el mejoramiento continuo, por esos sentimos que si trabajamos ordenadamente, según estas orientaciones de políticas universitarias, estaremos en capacidad de alcanzar nuestras metas de calidad y excelencia universitaria en el horizonte mencionado. Todas nuestras organizaciones tienen valores. Algunos valores apuntan más hacia la inercia y otros hacia el cambio. Vamos a trabajar juntos para mejorar, cambiar y hasta transformar nuestras instituciones, de modo que cada día sean mejores y sirvan con dignidad y eficiencia al desarrollo nacional.

La planificación, la organización, el monitoreo, la evaluación, la transparencia y la rendición de cuentas, son todos elementos consustanciales para dar ese gran salto cualitativo y asegurar un sistema universitario dinámico, flexible e innovador. No se trata de uniformar el trabajo de todas las universidades panameñas, pues cada una tiene y tendrá la libertad de aplicar estas políticas, de acuerdo al modelo universitario de sus propias instituciones. Crear la unidad dentro de la diversidad es un postulado que debe alentarnos.

Estas políticas pueden ser mejoradas y enriquecidas durante los próximos años. Así ha sucedido en Europa, donde primero fue la Declaración de Bolonia y después la de Lovaina. Hoy es en la Universidad Tecnológica de Panamá, mañana puede ser en la Universidad Latina o en la Universidad Interamericana de Panamá, u otras. Lo importante es tener siempre un norte que nos indique aquello que es importante hacer como institución, para alcanzar los niveles de calidad, equidad y pertinencia de las universidades panameñas, en el contexto del desarrollo nacional. Porque mejores universidades hacen un mejor país y una mejor región para todos.

*Exposición en conversatorio con rectores de universidades panameñas, 16 de septiembre de 2015, UTP; XX aniversario del Consejo de Rectores de Panamá.

RECTOR DE LA UDELAS.

La Estrella

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