Si Newton se hubiera dedicado a la sociología, su tercera ley habría dicho que a toda acción social hay una reacción, pero no necesariamente igual y opuesta en todos los casos. A cada crisis un grupo de anticuerpos se crea, responde y genera un cambio. Así lo demuestra la historia del siglo XX en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac). Para el historiador Ricardo Sáenz de Tejada, es inevitable hablar de ese recorrido del tejido estudiantil.

Todo comenzó con los notables personajes de la Generación del 20 que reconstruyeron la Huelga de Dolores y fundaron la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), previo a la caída del dictador Manuel Estrada Cabrera. Entre ellos estaban figuras como David Vela y Miguel Ángel Asturias, con  estudiantes de las facultades de Medicina y Derecho.

En la década de los treinta hubo una división: quienes apoyaban al totalitarismo ubiquista y sus opositores. En los cuarenta emerge otra generación política de estudiantes que lidera las jornadas de junio de 1944 hasta la renuncia de Ubico. Estudiantes como Mario Méndez Montenegro y Manuel Galich se sumarían a un magisterio que contaba con María Chinchilla como una de sus dirigentes. Esta vez los líderes civiles no solo participaron en las manifestaciones y disturbios de la Revolución de Octubre, sino que varios de ellos alimentaron parte del Gobierno que vendría con Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz.

No sin cierto aire irónico para Tejada, la siguiente generación que surge en la coyuntura de la “Primavera Democrática” se torna anticomunista, cuando muchos de los líderes sancarlistas estaban cercanos al Gobierno. Este grupo de estudiantes surge en la Usac con dirigentes como Mario Sandoval Alarcón. La intervención estadounidense y la expulsión de Árbenz crearon el espacio ideal para que germinara un movimiento contestatario durante el mandato de Carlos Castillo Armas.

Llegados los sesenta, el movimiento revolucionario arribó a Guatemala y asentó sus bases en la Usac. Una década más tarde, el conflicto armado y la represión de la dictadura militar llegaba a sus puntos más siniestros con millares de asesinatos y desapariciones a cuestas. El régimen del general Fernando Romeo Lucas García comenzaría un exterminio contra la universidad pública, sus catedráticos, estudiantes y líderes como Oliverio Castañeda.

Más adelante llegarían crisis como los intentos de golpe de Estado contra Vinicio Cerezo a finales de los ochenta, y el autogolpe de Jorge Serrano Elías en 1993. A pesar de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996, el tejido social del país quedaría destrozado hasta la fecha, cuando aún se vive una extrema polarización de sectores en torno al tema del genocidio y el emblemático juicio contra Efraín Ríos Montt en mayo de 2013.

Entrados en el siglo XXI, una nueva generación política se perfila en el horizonte cercano. Estudiantes universitarios, tanto de la Usac como de algunas instituciones privadas, comienzan a articularse como una red que responde a la coyuntura actual: el descreimiento de la clase política tradicional, que en la era democrática solo ha utilizado al Estado como una fuente de recursos económicos donde la corrupción y la impunidad han sobrepasado el cinismo y el absurdo. La burbuja de cristal se ha roto y se están generando nuevos anticuerpos.

El poder de un “me gusta”

El sábado 25 de abril una parte de la clase media alta urbana se reunió en la Plaza de la Constitución. Días antes la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) había desarmado junto con el Ministerio Público (MP) una banda que operaba en las aduanas y la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) para que empresarios evadieran impuestos.

La consigna del hashtag fue #RenunciaYa. Las redes sociales convocaron a una manifestación pacífica que pedía la renuncia de Roxana Baldetti, ya que el cabecilla de la estructura criminal había resultado ser su secretario privado, Juan Carlos Monzón. La convocatoria sorprendió a sus asistentes. Entre ese marasmo de personas, estudiantes universitarios autoconvocados y de diversas instituciones se encontraron, se saludaron, intercambiaron números y quedaron en comunicarse.

Sus reuniones han sido un poco para conocerse en espacios más allá de lo académico. A pesar de que la Usac y la Universidad Rafael Landívar (URL) ya habían estado en contacto por medio de las facultades de Ciencias Políticas, nunca se había dado una situación como esta. En un espacio de diálogo, jóvenes que rondan entre los 20 y 23 años, a la mitad de una carrera, generalmente relacionada con las ciencias sociales; deciden cómo participar en las protestas, hacia dónde ir y qué pedir.

La organización es la clave. Mynor Alonso, estudiante de Ciencia Política de la Usac, piensa que “con que alguien le dé ‘asistiré’ al evento convocado en Facebook ya nos está ayudando. Aunque no vaya porque no puede, ese hecho nos motiva a seguir”. Las redes sociales han sido de alguna manera lo que ha ayudado a articular a estos estudiantes. Por ejemplo, la universidad pública se ha valido del uso del hashtag #UsacesPueblo y la fan page FB/SancarlistaY.

Mientras tanto, el 28 de abril, luego de que estudiantes de “Pensamiento Político 1” de la URL participaran en la marcha a raíz de una discusión en clase sobre la coyuntura, decidieron hacer unfan page en Facebook. Los resultados sorprenden a Diego Sánchez, de Ciencias Políticas. “Queríamos que Landivarianos fuera una plataforma de impulso para la comunicación con otros estudiantes. A la fecha llevamos más de 350 mil visitas. Es sorprendente ver cómo los estudiantes comienzan a renunciar a la indiferencia”.

“En la UVG (Universidad del Valle de Guatemala) se creó la página ComunidadUVG, a cargo de estudiantes de ingeniería, pero los de Ciencias Sociales nos unimos al movimiento. De hecho, fue en la marcha que conocí a Mynor, y así nos comenzamos a articular con las otras universidades”, apunta Regina Solís, estudiante de antropología en la UVG.

De la teoría a las calles

circo_politico USAC
El Circo Político en Guatemala. La creatividad de los huelguistas de la USAC

Cuando Mynor camina por la Usac, le es inevitable saludar a más de alguna persona, hablar con otra. Este estudiante considera que su generación es apática, como la de la posguerra, pero que puede llegar a indignarse. “Si mis papás tuvieron que aguantarlo, yo ya no quiero aguantarlo. Y como no quiero aguantarlo, veo qué hago”.

Ese “ver qué hacer” define a los estudiantes, quienes se plantean en el marco de un movimiento apolítico y que no enarbola ninguna ideología. Es un accionar sumamente pragmático, con el que no buscan etiquetar a nadie para encasillarse. Para Ricardo Sáenz de Tejada, catedrático de historia de la Usac, “la guerra, el conflicto, esos alineamientos, casi no tienen referencia para ellos. Ahí convergen diversidad de retóricas”, desde discursos radicales hasta una resignificación de símbolos como la hoz y el martillo o camisas del Ché. “Esto no implica que se adscriban en un sentido estricto al leninismo o al guevarismo”.

Víctor Gálvez, decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la URL, considera que ese alejamiento de la ideología también responde al desprestigio de la política misma en las últimas décadas, así como a un proceso inductivo, “en el que los estudiantes prefieren contrastar lo vivido con lo leído para luego etiquetarse”.

Coinciden Regina de la UVG con Susi de León, estudiante de Relaciones Internacionales de la URL, al señalar que el papel del estudiante es informarse y aplicar la teoría a la realidad. “Es plantearte como profesional y ofrecer algo a la sociedad”, cierra Diego Sánchez.

Otra de las características que llama la atención del movimiento es la falta de líderes, esa jerarquía horizontal. Es un elemento que Sáenz de Tejada compara con el movimiento mexicano #Soy132 –sobre el papel de los medios de comunicación y el debate en la campaña electoral–. Es una forma de ver cómo Guatemala también se apropia de las redes sociales, cómo estas sirven como un espacio de democratización, donde el grueso de la población universitaria proviene de colegios privados y colegios católicos cuya mensualidad ronda un salario mínimo.

La Usac ha perdido ese empuje en términos de creación de generaciones políticas que tuvo en el pasado. La AEU no ha realizado elecciones y opera de manera ilegal desde 2012, “secuestrada por verdaderos delincuentes” a finales de los noventa y principios de siglo, según Sáenz de Tejada: “uno prófugo de la justicia y otro acusado de homicidio”. Todo ello con el beneplácito del Consejo Superior Universitario. “Quizás esta nueva generación retome la AEU”.

El mejor curso es la vida

A pesar de que no hay banderas, lo que sí lleva cada estudiante es su identidad como tal. Para Mynor ser sancarlista es estar con el pueblo, apoyarlo y sumarse desde el ámbito que sea. Por su parte Susi de León y Diego Sánchez se consideran landivarianos, “que no tiene que ver con el logo de la URL. Nosotros nos alineamos a las protestas porque defendemos valores que imparte la universidad: honestidad, justicia social, rectitud”. “Optamos por el pensamiento crítico, donde hay una pluralidad de ideologías entre los que pueden existir”, comenta la catedrática landivariana Gabriela Carrera.

De las casas universitarias, la única que se ha pronunciado de forma concreta al respecto es la Universidad Francisco Marroquín (UFM) por el uso de su logo en las convocatorias de protestas. El rector Gabriel Calzada citó el Ideario de la UFM al decir que “el mundo conflictivo en que vivimos exige el retorno al concepto clásico o fundamental de Universidad: una institución de estudio (…) que es totalmente ajena a la búsqueda deliberada de soluciones particulares a los problemas sociales del momento”, a pesar de que la universidad tiene injerencia en las Comisiones de Postulación por medio del Decano de su Facultad de Derecho. Sin embargo, estudiantes de la UFM tuvieron acercamientos con sancarlistas para participar en la manifestación.

De esa forma es que el grupo se torna variopinto en cuanto a los espectros políticos e ideológicos individuales. De hecho, en una de las primeras reuniones entre universidades, se dio una discusión en torno al tema del genocidio. Hubo gente a favor y otros en contra. Regina Solís, de la UVG, comprende que se “debe trascender esas barreras ideológicas, y que en este momento es necesario encontrar puntos de convergencia: exigencias concretas”.

En los últimos 50 años, la URL ha cambiado, así como lo ha hecho la Iglesia católica. La universidad se plantea como una casa privada, pero de interés público. “La URL no promueve que los estudiantes participen en esto, pero sí facilita que lo hagan. Es parte de la formación pedagógica ignaciana en valores”, considera el decano de Ciencias Políticas, Víctor Gálvez.

Los estudiantes se enfrentan a diversos retos. Desde la tecnificación de las carreras hasta los vacíos académicos que se dan desde el diversificado en torno a la historia reciente del país. Para Gálvez, “esta coyuntura es inédita en la que el estudiante se forma como ciudadano. Si se involucran y conocen, puede ser el mejor curso que reciban”

Un sistema que debe ser saneado y relegitimado requiere de un grupo de anticuerpos, pero que luego de la enfermedad quede su configuración genética para accionar ante otro mal. Sáenz de Tejada sopesa que la fortaleza del movimiento es también su mayor debilidad: la horizontalidad con la que opera también depende de los estados de ánimo y de los conflictos. Para superarlo tendrán que institucionalizarse en una plataforma de diálogo. Solo el tiempo dirá si lo que el país vive se constituirá en las “jornadas de abril y mayo contra la corrupción”.

CEUG
> El viernes pasado estudiantes de las universidades San Carlos, Rafael Landívar, Del Valle y Francisco Marroquín crearon la Coordinadora Estudiantil Universitaria de Guatemala (CEUG), una agrupación que busca aglutinar a los universitarios del país para crear incidencia ante los problemas nacionales.

“Somos chavos que consideramos que es nuestra responsabilidad histórica. No es un gustito. No es un berrinche”.

Mynor Alonso, sancarlista.

“El reto es para los estudiantes y salir más allá, de aplicar la teoría a la realidad para buscar una mejor sociedad”.

Susana de León, landivariana.

“Comprendemos que la crisis política actual no es pasajera, queremos continuar y mantener la articulación”.

Regina Solís, estudiante de la UVG.

Para conocer más sobre las plataformas digitales que han montado los estudiantes, puede visitar las siguientes páginas:

> Usac: FB/SancarlistaY
> URL: FB/Landivarianos
> UVG: FB/ComunidadUVG

El Periódico

Sí, también se llora de esperanza

11249237_841684182578268_4176933227455130656_n (1)

Venía de la Universidad Mariano Gálvez y llevaba, cargada en el hombro, una bandera enorme que se veía como una ventana azul y blanco, un pedazo de cielo, frente al granito, al mármol y al cemento del Palacio de Justicia.

Los Landivarianos ya estaban listos para recibir a los suyos. Dos jóvenes de la Universidad del Valle de Guatemala, UVG, mi alma máter, colocaban ya una manta para identificarse.

Ahí, frente al Centro Cívico, decidí empezar la jornada el #16M.

Quería ser parte del momento histórico en el que las universidades privadas se unieran en la 18 calle y sexta avenida con los estudiantes de la Universidad de San Carlos, por tradición la más involucrada en la historia del país.

¿Por qué ahí? Porque quería llevar a mi hija con la juventud y mostrarle que el país nos llama, nos convoca, a los viejos y a los jóvenes, pero sobre todo a los jóvenes, porque están menos contaminados con los odios del pasado, las barreras ideológicas, las distancias entre “guetos” sociales.

Los universitarios que portaban la batuta de la marcha me sorprendieron. Tenían una agenda escrita, ordenada y pensada, con propósitos claros: políticos y simbólicos.

Querían unirse en una columna que se manifestara a una sola voz, con un solo latido, un solo grito: el reclamo de la juventud que quiere tomar por asalto el presente para garantizarse un futuro digno.

Cuando los líderes supieron que los sancarlistas se acercaban, agruparon a sus compañeros. “¡Ojalá vengan listos para cambiar la historia!”, arengó uno de los organizadores.

Con un megáfono improvisado, hecho de cartulina, enunciaron su objetivo. Simple: ¡apropiarse del futuro! No quieren simplemente sacar a escobazos a los corruptos. Son mucho más ambiciosos: quieren reformas integrales, de la ley electoral y la ley orgánica de la Superintendencia de Administración Tributaria, SAT.

Encendida pero en orden, la marcha dejó el Centro Cívico para enfilarse hacia la esquina señalada para el encuentro. Los jóvenes gritaban consignas forjadas en años de protestas “¡Pueblo que escuchas, únete a la lucha!”, pero también algunas nuevas, coreadas en ritmos de moda “Si nos organizamos, ¡renuncian todos!”.

Mientras los estudiantes de las privadas se acercaban al punto, los informes provenientes de la Usac propagaban entusiasmo. “Dicen que no caben en la calle”, “Son veinte mil”, corría la voz.

En la 18 calle hubo que esperar unos minutos porque la inmensa columna de sancarlistas tardaba en llegar. En ese momento, como si la indignación viniera del cielo, se terminaron de cerrar las nubes. El chipi chipi se convirtió en una lluvia pertinaz. “Ni la lluvia, ni la tormenta, van a detener esta protesta”, coreaban a todo pulmón los jóvenes, ya empapados.

En el momento en que al fin las columnas de universitarios se juntaron, se escuchó un estruendo y la tempestad se abatió, inclemente, sobre los jóvenes que se abrazaban bajo los torrentes de agua. “¡Bienvenidos, bienvenidos!”, cantaban los sancarlistas a los landivarianos, a los de la UVG y Mariano Gálvez.

No sé si bajo esa lluvia impetuosa, incontenible, se notó que yo estaba llorando mientras ellos brincaban tomados de los brazos. “Los estudiantes son, son, son, son…”

También para mí fue una primera vez: no lloré de alegría, lloré de esperanza.

Ojalá en las semanas y meses que sigan, pueda volver a llorar así muchas veces, viendo a mis hijos, a los hijos de mis amigos y a los hijos de tantos que, como dijo Marcela Gereda, ahora somos “nosotros”, reclamar lo que es suyo: esta tierra, en tiempo futuro.

El Periódico


VOLVER