Combinando su amor por la programación y sus ganas de facilitar la vida de personas con discapacidad visual, Daniela Sáez, estudiante de segundo año de Ingeniería Civil Telemática, junto a su amiga Sofía Carrasco, de primer año de Ingeniería Civil Electrónica, ambas de la Universidad Santa María (USM), en Venezuela, crearon el I-Sense: un prototipo robótico con distintos sensores de tacto y de luz, capaz de ayudar a personas no videntes a ubicarse y reconocer mejor el ambiente. El proyecto hoy acumula una abundante trayectoria y se ha presentado internacionalmente.

Todo comenzó en el taller de robótica del Liceo 1 Javiera Carrera en 2011, cuando Daniela –siendo alumna de esa institución– asistió a un curso de programación en NQC presentado en la USM por alumnos del Plantel. Incentivadas por su profesora para participar en la feria Explora Conicyt, Sofía y Daniela crearon su primer prototipo, un “emulador sensorial” a base de un kit de Lego consistente en una caja o “cerebro” del robot, conectada a través de cables a sensores de luz, de tacto y ultrasonido ubicados en las extremidades de una persona.

Esta introducción en el mundo de la ciencia aplicada las llenó de entusiasmo y así en 2013, las jóvenes científicas comenzaron a trabajar en un siguiente prototipo, más cómodo y mejor acabado. Gracias a sus propias gestiones, ganaron un espacio para presentar esta nueva versión de su proyecto en una muestra de MakerSpace, y luego, el mismo año, participaron en la feria de emprendimiento juvenil JumpStart Chile, donde obtuvieron nada menos que el primer puesto en la categoría nacional.

Gracias a esto, en 2014 viajaron a representar al país en la Gala de Emprendimiento Juvenil Mundial de NFTE en Washington, EEUU. “Nos dimos cuenta de que en Estados Unidos tienen otros sistemas para sus discapacitados, pero nada como lo que nosotras estamos haciendo”, cuenta Daniela Sáez. “Fue motivante saber que nuestro proyecto es novedoso y ellos quedaron muy sorprendidos con la idea”, añadió. El mismo año viajaron a Medellín (Colombia) para competir en la Feria Científica CT+I, donde se repitió el éxito y encantaron a participantes y a la prensa.

Este año, las creadoras del I-Sense se reúnen en la USM, atraídas por su reputación y buscando oportunidades para perfeccionar su proyecto. “En la Universidad esperamos encontrar el conocimiento que nos falta para llevar a cabo un nuevo prototipo que ya está planeado, que será de programación mucho más experta y que servirá realmente a las personas”, dice Daniela. Su compañera Sofía, en tanto, también aprecia la diversidad de disciplinas presentes en el Plantel, comentando que “como es una Universidad experta en ingeniería, hay personas de otras áreas a las que podemos recurrir si necesitamos”.

Para poder desarrollar las funcionalidades que el dispositivo alcanza hoy, las jóvenes creadoras del I-Sense incluyeron la retroalimentación de quienes serían sus usuarios, es decir, personas con discapacidad visual. Para esto, visitaron diferentes instituciones de personas ciegas y, a partir de su contribución, definieron qué aplicaciones era necesario incluir para mejorar su prototipo inicial.

“Las personas no videntes que entrevistamos nos decían que para ellos era emocionante que unas niñas de enseñanza media hicieran estos proyectos, pensaran en ellos y en cómo insertarlos socialmente”, recuerda Daniela, explicando lo que fue un momento decisivo para su iniciativa. “La tecnología avanza para darle más comodidad a quienes tenemos todas las facilidades, pero generalmente deja atrás a las personas con otro tipo de capacidades”, añade Sofía.

Para ambas, una vez mejorado, el proyecto puede darles a los invidentes más independencia, seguridad y hasta posibilidades laborales, “un montón de cosas que hicieron que supiéramos que el proyecto puede ser mucho más grande de lo que pensábamos”, según Sofía. Y es que al ser menos notorio que el bastón que actualmente usan las personas no videntes, el I-Sense también podría ayudar con el tema de la discriminación. “Hay personas a las que les gusta que los demás sepan que es ciega, y otras no. El dispositivo les da la posibilidad de escoger”, explica la estudiante.

Que ambas creadoras sean jóvenes mujeres en un campo normalmente dominado por hombres no deja de llamar la atención. “Eso lo hemos escuchado mucho a lo largo del proyecto”, cuenta Sofía, explicando que “todos pueden participar, no es sólo un grupo selecto. Uno no puede decir que son mejores los hombres o las mujeres en el área de la ciencia”.

Para Daniela, también hay importancia en el hecho de ser sudamericana. “Me da orgullo pensar que no sólo estamos representando a las mujeres, sino también a Latinoamérica. Nos dimos cuenta de que en el continente falta creerse el cuento, porque podemos hacer muchas cosas, pero nos quedamos ahí pensando que en Estados Unidos o Japón lo van a hacer mejor. Tenemos las mismas posibilidades, es cosa de aprovechar las oportunidades”, opina.

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