Por Emmanuel Gentile

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Cualquier pronóstico meteorológico, por más preciso que sea, resulta insuficiente. La lluvia sorprende intensa en medio de la noche y en los barrios más abandonados por la desidia del Estado el agua sube de un momento a otro. Sin pedir permiso, se mete en las casas y lo arruina todo, sea poco o mucho lo que se tenga.

De eso saben bastante los vecinos del populoso Barrio Mitre, que ocupa 16 manzanas en Saavedra delimitadas por las calles Melián, Correa, Posta y Arias, en terrenos que se encuentran más bajos comparados con el resto de la Ciudad de Buenos Aires. Inaugurado en 1958 para albergar a vecinos afectados por el incendio de un asentamiento, hoy la cantidad de habitantes del barrio se multiplicó: a las casas de material, se sumaron otras más precarias, pero aún no cuenta con la suficiente infraestructura como para soportar las inclemencias del tiempo. Las tuberías y cloacas existentes no dan abasto para frenar la crecida del arroyo Medrano -que pasa por debajo de las avenidas Ruiz Hidobro y García del Río-, y la construcción del imponente Shopping Dot en 2009 agravó aún más la situación. Según los vecinos, cada vez que llueve el centro comercial descarga sus desagües sobre el barrio.

Lo advirtieron; lo denunciaron; pero nada se hizo y la anunciada tragedia llegó el 2 de abril de 2013, cuando una fuerte tormenta sorprendió en medio de la madrugada e inundó gravemente el barrio, afectando sobre todo las casas más humildes y provocando la muerte de dos personas. El agua alcanzó esa vez el metro y medio de altura y dejó en ruinas a varias familias. Desde entonces, dicen los vecinos, cada vez que llueve de noche en el Barrio Mitre “no se duerme”.

Con la idea de minimizar los efectos de una problemática que la dirigencia política no resuelve, alumnos de la Escuela Técnica N°36 “Almirante Brown” del barrio de Saavedra diseñaron junto a un docente de computación el Dispositivo de Alertas Tempranas y Atenuador de Riesgos para Zonas Inundables (DAT.AR.ZI).

Se trata de un aparato que, una vez instalado en el exterior de los hogares, a través de un sensor detecta la acumulación de agua. De acuerdo al nivel que ésta alcance, enviará diferentes alertas a Defensa Civil mediante una placa de Wi-Fi y una conexión a internet. Si el agua llega a determinada altura, el DAT.AR.ZI activa una bomba extractora, corta la electricidad y enciende luces de emergencia para facilitar la evacuación de los vecinos.

Las estudiantes encargadas de realizar el proyecto son Constanza Calcagno, de 19 años, y Miranda Peixer, de 18. Ambas son alumnas de sexto año de de la especialidad Computación de la Escuela Técnica Almirante Brown y venían colaborando con el Centro Comunitario del barrio, dando clases de computación para adultos, un taller de reparación de computadoras o asistiendo en espacios de recreación para niños. Fue a partir del contacto con los vecinos y en particular con el Centro Comunitario que pensaron en elaborar, en base a los conocimientos adquiridos sobre programación, redes y bases de datos, lo que más tarde llamarían DAT.AR.ZI.

Junto al profesor de Redes Maximiliano Urso (21), se pusieron a trabajar en la creación del prototipo, que, aseguran, podría ser aplicado a gran escala para que una nueva tormenta no tome desprevenida a la población del barrio Mitre, o de cualquier zona inundable. A ellos se sumó un compañero, Diego Trotta, de 20 años.

Contaron además con la colaboración de diversos especialistas, a quienes consultaron sobre cuestiones técnicas específicas: estudiantes avanzados en carreras como Ciencias de la Atmósfera y Oceanografía, miembros del laboratorio de Robótica y Sistemas Embebidos (todos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA)); especialistas en Nanotecnología, un investigador de la Universidad Nacional de La Plata, ingenieros electrónicos, miembros de la empresa AySA y docentes.

“Este proyecto surge por iniciativa de los estudiantes, a partir de un concurso llamado “Soluciones para el futuro”, de la empresa Samsung, que les proponía resolver una problemática social con tecnología. Vinieron a buscarme para coordinar el proyecto con ellos y me pareció buenísimo. Me hizo muy feliz que los chicos hayan adoptado esa sensibilidad social”, cuenta el docente Maxi Urso en diálogo con Infobae.

Maxi destaca esto último con énfasis, porque ni Miranda ni Constanza son vecinas del Barrio Mitre. “El puente entre la escuela y el barrio se originó gracias a una práctica que hicimos en la escuela en conjunto con el Centro Comunitario, donde fuimos a hacer una instalación de red en la sala de computadoras. Algunos docentes y estudiantes comenzamos a dar talleres y a vincularnos con los vecinos, a conocer sus problemas. Particularmente nos empapamos de lo ocurrido en 2013”, relata Urso, y en sintonía con lo que se comenta en el barrio, señala que uno de los factores más influyentes en la inundación fue el desagote del estacionamiento subterráneo del Dot. “Hay una falta de planificación total respecto al impacto que tienen todas estas construcciones sobre los territorios que ya están instalados”, remarca.

¿Cómo funciona el DATARZI?

“La idea es que con estos sensores que pueden detectar los niveles de agua, se pueda informar de manera temprana a organismos como Defensa Civil en tiempo real. Y por ejemplo prender una alarma o cualquier dispositivo sonoro. A la vez, esto permitiría generar informes y estadísticas para que puedan atenuarse los riesgos”, explica el “profe”.

Tanto la relevancia de los alertas como la respuesta que éstos activen estará determinado por el grado de intensidad de las lluvias. Hay cuatro tipos de aviso, que podrían ser alterados con una programación sencilla: la Alerta Verde, que indica que hay una inundación leve con agua que no supera los 20 centímetros -lo que podría significar un cordón de vereda-; la Alerta Amarillo, que señala que el agua ya supera el cordón y alcanza el borde de la puerta (0.20 a 0.5 metros); un tercer nivel, el Naranja, que significa que la altura llegó bajo los toma corrientes (0,5 a 1 metro); y el último alerta, de color Rojo, que evidencia que el agua superó la altura de los toma corrientes (mayor a un metro).

Con la alerta Amarilla, además de la luz y el display que indica el nivel del agua, se iniciará una señal sonora leve. Ya a partir del alerta Naranja la intensidad de la alarma será mayor y activará la bomba de extracción de agua, en caso de contar con la infraestructura necesaria. Si se inicia el alerta rojo, además de una chicharra constante y la extracción de agua, se cortará automáticamente la energía eléctrica y se prenderán luces de emergencia para una evacuación segura.

El DAT.AR.ZI fue seleccionado para participar del concurso de la Feria de Ciencias Innova, que organizó el Ministerio de Educación de la Ciudad, y que otorgaba la posibilidad de viajar a Iguazú para competir a nivel nacional con escuelas de todo el país. El pasado viernes 28 de agosto, en horas del mediodía, la expectativa era enorme en el stand de la ET N° 36 instalado en el predio de Costa Salguero, donde se realizó la entrega de premios. Se tenían fe, por las muy buenas críticas que había cosechado su proyecto en la comunidad educativa porteña. Pero el DATARZI no entró ni siquiera entre los cinco mejores de su categoría. La desilusión se hizo nudo en la garganta de los chicos, que al final no pudieron contener las lágrimas. Es cierto que tenían una parada difícil: el proyecto de los estudiantes surge de una necesidad, y esa necesidad pone en evidencia la falta de infraestructura en un barrio de la misma Ciudad que organizaba el concurso. No obstante, acaso como consuelo, se llevaron una mención de honor en la categoría “otras temáticas ambientales” del concurso Escuelas Verdes.

Pero más allá de ganadores, perdedores, premios y viajes, el objetivo de máxima de los alumnos y el docente es que el proyecto DAT.AR.ZI. pueda aplicarse al Barrio Mitre y logre minimizar los efectos de futuras inundaciones, algo que, según sea la gravedad del temporal, puede llegar incluso a salvar vidas. Dependerá seguramente de una decisión política y el aporte presupuestario capaz de poner a trabajar a un equipo especializado que pueda llevarlo a la práctica. ¿Será posible? “A escala real, lo único que tenemos que cambiar es el tamaño del sensor”, concluyó Urso.

Infobae

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