En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la vicepresidenta electa de la FECh, Barbara Brito, sitúa el hito que da sentido a esta conmemoración -el asesinato de las hermanas Maribal que enfrentaron la dictadura de Trujillo en República Dominicana-, relevando el carácter colectivo de la lucha contra la violencia de género, problema del que, plantea, el Estado es uno de los actores responsables.

El 25 de noviembre es un día internacional contra la violencia hacia la mujer cuya historia tiene por protagonistas a las hermanas Mirabal “Mariposas”, que enfrentaron la dictadura de Rafael Trujillo en República Dominicana y cuyo asesinato marcó el inicio del término de la dictadura. Esta fecha fue en primera instancia propuesta por el movimiento feminista latinoamericano, sin embargo, más tarde fue proclamada por la ONU como el día oficial contra la violencia hacia la mujer.

Hasta ahora a las mujeres se nos ha otorgado un papel de víctimas individualizando las experiencias de violencia que cotidianamente nos toca vivir, borrando la conmemoración inicial de una fecha que sitúa a la mujer en su rol de militante revolucionaria y de lucha para la conquista de su propia emancipación. Este cambio de rol, la modificación del sentido de este día no es casualidad, sus raíces se encuentran en la necesidad, por parte de unos pocos, de perpetuar una sociedad que es estructuralmente machista y patriarcal, donde cada una de nosotras nos reconocemos en las violencias que han sufrido nuestras hermanas, madres, hijas y compañeras.

El Estado es el principal responsable de la invisibilización, menoscabo y violencia contra la mujer, amparando la desigualdad social y económica; inculcando una cultura donde nos convertimos en personas de segunda categoría y utilizando nuestra precarización para atentar contra el bienestar de todo el pueblo trabajador.

Hoy cientos de miles de mujeres a nivel internacional venimos despertando y desnaturalizando la violencia machista y la desigualdad social a la que nos relega este sistema. Las masivas marchas por Ni Una Menos son la mayor demostración de que estamos hartas de que nos sigan maltratando, abusando, acosando y matando. Los femicidios son la expresión más brutal de la cadena de machismo que genera esta sociedad y la máxima demostración de que un nuevo sistema político y social es necesario, ¿o seguiremos permitiendo que casos como el de Lucía, una compañera empalada por el sólo hecho de ser mujer, sigan ocurriendo?

Porque sí, para los empresarios y sus políticos corruptos este problema no es tema, ellos se benefician de esta situación de precariedad donde a la mujer le toca trabajar por menos sueldo y realizar las tareas del hogar y de cuidado de manera gratuita.

Por eso la responsabilidad la tiene el Estado que no levanta ni la más mínima política preventiva ante los ataques machistas, continúa además en una fiel alianza con la Iglesia (que seguimos con atención en la discusión de la ley de aborto por tres causales), y responden con lamentos, resituándonos en un lugar de víctimas sabiendo que es un método estéril y que no avanza ni un paso en la conquista de mejores condiciones de vida para las mujeres.

En Argentina comprendieron muy bien esta realidad, desde Pan y Rosas y el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, los diputados Nicolás del Caño y Myriam Bregman presentaron un proyecto de ley que incluía medidas concretas de prevención de femicidios y de violencia machista y con más compañeras llamaron a un paro nacional, convocando también a los trabajadores hombres, recurriendo a los métodos históricos de la clase obrera. En Chile tenemos que seguir este camino, de organización a través de las secretarías de género en las facultades y de comisiones de mujeres en los sindicatos, en alianza con todos los sectores oprimidos y explotados, para acabar con una sociedad capitalista y patriarcal y conquistar la total emancipación de la mujer. Esta perspectiva sólo es posible tomándonos las calles nuevamente este 25 de noviembre, con independencia del gobierno de la Nueva Mayoría y de Chile Vamos, junto a nuestros compañeros hombres, trabajadores, estudiantes, pobladores, mapuche, funcionarios, académicos; necesitamos de todas las fuerzas para gritar juntos ¡Ni Una Menos, vivas nos queremos!

Universidad de Chile