En esta primera entrega de una extensa entrevista con Nodal Universidad, el politólogo cubano Darío Machado Rodríguez habla sobre el impacto cultural y académico que traerá aparejado la nueva era de relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU

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Por Cecilia Escudero, de la redacción de Nodal U

 

Darío Machado Rodríguez es licenciado en Ciencias Políticas, diplomado en Teoría del Proceso Ideológico y doctor en Ciencias Filosóficas. Tenía apenas 13 años cuando lo sorprendió la Revolución de 1959. Pero el impacto fue inmediato y marcó un camino que no se agotaría hasta hoy: el interés por la experiencia viva de los procesos sociales, ideológicos y políticos de la sociedad. Una inquietud por las contradicciones y los problemas realmente existentes, alejado de los abordajes netamente teóricos, con el foco puesto en hacerse buenas preguntas para la búsqueda del conocimiento.

En su extensa y prolífica carrera académica -es autor de 10 libros y coautor de otros 5- se ha dedicado especialmente a la investigación de la transición socialista en Cuba. Actualmente, preside la cátedra de periodismo de investigación del Instituto Internacional de Periodismo José Martí y es miembro del Consejo Asesor de esa institución de altos estudios.

En esta entrevista, Machado examina los desafíos de las actuales reconfiguraciones del modelo socialista cubano y sus efectos en las áreas educativas. Además, analiza en profundidad las implicancias culturales y académicas del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la isla y EEUU. Una era de deshielo en la que Cuba deberá afrontar el reto de un intercambio cultural mucho más fluido y siempre asimétrico.

 

¿Cómo impacta en las áreas educativas y académicas la actual redefinición del modelo socialista en Cuba, que amplía las actividades económicas privadas?

Siempre es difícil para cualquier Estado lograr alinear los procesos educativos institucionales con las necesidades del modelo socioeconómico en curso, lo que se hace particularmente complicado cuando se está precisamente -como es el caso de Cuba- en medio de una reforma que aspira a instalar de modo estable un modelo de economía mixta.

Lo primero y fundamental es que el nuevo modelo no contempla ninguna forma de privatización de la enseñanza (como tampoco de la salud pública) en el país. Una de las tareas que ha desarrollado con reconocido éxito el socialismo en Cuba fue construir un sistema educacional público, universal, gratuito y de calidad. Es el capital humano desarrollado por esa política el que ha logrado sostener a flote el país, en medio de las enormes dificultades generadas por la crisis económica mundial, los efectos de la desaparición del campo socialista y por el bloqueo aún presente. Ni siquiera en el período prerrevolucionario signado por el  capitalismo subdesarrollado y dependiente pudo proponerse seriamente llegar a este punto.

Desde la campaña de alfabetización hasta hoy, el resultado positivo de la educación cubana en la Revolución ha sido posible por una estrecha colaboración del Estado con la sociedad civil, bajo el principio de proteger la educación como un derecho humano, no sujeta al mercado.

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¿Qué tipo de profesionales demandan los actuales cambios económicos?

En mi criterio, hoy Cuba necesita muchos más técnicos de nivel medio y obreros calificados que personal de nivel universitario. Cerca de medio millón de pequeños emprendedores privados que buscan mejorar gradualmente sus ofertas, las necesidades que presenten los inversores que pongan sus activos en Cuba dentro de las áreas que el Estado ha puesto en licitación en la cartera de inversiones, los requerimientos del desarrollo agrícola del país, las exigencias del sector estatal de la economía compelido por el desafío económico a elevar su eficiencia, así como las demandas de otras ramas de la producción y los servicios irán influyendo en la remodelación del sistema educacional.

No recuerdo la cifra, pero hoy matriculan en escuelas formadoras de obreros calificados un número mucho mayor que 5 años atrás. La red de centros de estudio politécnicos supera el medio millar. La política que se sigue actualmente persigue crear una nueva universidad, mayor calidad en el desarrollo de la educación en este nivel, aprovechar mejor a los profesores y cuadros académicos, los medios materiales (aulas, laboratorios, residencias estudiantiles), así como facilitar las relaciones de las universidades con las autoridades de los diferentes territorios. Ello implica procesos de fusión que ya comenzaron en las provincias de Matanzas, Cienfuegos, Sancti Spiritus, Ciego de Ávila, Camagüey y Guantánamo y pronto continuará con otros territorios.

En este sentido, a esa transformación del modelo socialista cubano se le agrega el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con EEUU. ¿Qué desafíos adicionales conlleva?

Ante todo no es ocioso reiterar que el hecho de que los EEUU hayan decidido, luego de una pulseada de más de medio siglo, cambiar su política hacia Cuba, es el resultado del patriotismo, la cultura política, la intrínseca necesidad de independencia y soberanía, valores cultivados por la revolución socialista y que viven en lo más íntimo de los cubanos, incluyendo la mayoría de los que han emigrado del país por diferentes razones, principalmente económicas, y de la sabiduría y firmeza de principios mantenida por la dirección de la revolución en la política exterior del país. Los EEUU no pudieron, con todo su poder e influencia internacional, poner de rodillas a los cubanos.

El cambio de la política del gobierno norteamericano es evidentemente un fenómeno táctico; los propósitos geopolíticos hegemónicos de los EEUU mantienen su estrategia. Yo he calificado la contradicción entre los intereses del imperialismo norteamericano y los de la nación cubana con el adjetivo “contextual”, porque está y estará en el contexto de nuestro desarrollo mientras existan ambos elementos con intereses en el fondo radicalmente diferentes, aunque existan formas de coexistencia inteligente y en muchos terrenos constructivas. Si de algo está consciente el pueblo cubano, incluso aquéllos que son muy críticos con el gobierno revolucionario y los que no comparten el camino socialista, es de eso.

¿Qué especulación hace sobre el impacto cultural que puede tener este proceso en Cuba?

Obviamente, al ampliarse las relaciones con los EEUU, por ahora en el terreno diplomático fundamentalmente, los contactos pueblo a pueblo crecerán –y de hecho ya está ocurriendo- a través no solo del turismo, sino también de otras muchas modalidades de relacionamiento entre cubanos y estadounidenses.

El impacto cultural de esa nueva situación será doble. Por un lado, abonará el conocimiento mutuo de ambas naciones lo cual indiscutiblemente beneficiará a todos, por otro, supondrá un proceso contradictorio al producirse un encuentro entre cosmovisiones diferentes, del que también, no obstante, podrán sacarse experiencias útiles para ambas partes.

Junto con ello está en marcha un alud de productos que podemos llamar seudo-culturales que desde lo superficial, lo banal y lo hedonista bombardean a parte de la población cubana, principalmente jóvenes, con una cantidad de informaciones, situaciones dramáticas, héroes inventados, símbolos del “american way of life”, que a fuerza de repetidos contribuyen a crear esquemas de entendimiento deformados que reproducen en las mentes una realidad que no les es propia.
Toda una industria cultural está al servicio de amoldar la mentalidad de las personas, no solo de los cubanos sino en cualquier punto del planeta, en función de los propósitos de dominación ideológica y política. Desconocer esto sería letal. Ya lo dijo el Che: En el imperialismo no se puede confiar ni tantito así”.

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¿El sistema comunicacional cubano está preparado para este desafío?

En mi criterio, el modelo comunicacional cubano no tiene aún una respuesta adecuada a este reto. Al incrementarse las relaciones con los EEUU es de esperar que haya una profusión mayor de toda esa chatarra seudo-cultural y de otros contenidos intencionalmente tramitados, proceso que no estará exento de intencionalidad por parte de las autoridades norteamericanas.

¿Qué influencias estadounidenses se perciben en Cuba actualmente?

En décadas de relaciones entre ambos países antes de la revolución de 1959, hubo una gran influencia cultural y tecnológica de los EEUU en Cuba. Cuba empleaba casi únicamente productos de la tecnología norteamericana que en general tenían una buena calidad, funcionalidad y durabilidad y crearon aquí una buena imagen de la industria norteamericana. Por ejemplo, los equipos de la industria azucarera, el transporte de todo tipo, los artículos electrodomésticos y un largo etcétera.

La cultura estadounidense en los terrenos de la literatura, la música, el cine, las artes visuales en general, influyó positivamente en los creadores cubanos, quienes también ejercieron una innegable influencia en los Estados Unidos. Todos esos elementos que permanecen en la memoria de los mayores y se han trasmitido mediante la herencia social a los más jóvenes, obrarán ahora a favor del acercamiento y deben ser cuidadosamente deslindados de las influencias perversas y deformantes.

De hecho, el proceso revolucionario cubano reprodujo importantes obras de las personalidades de la cultura norteamericana: Edgar Allan Poe (que fue traducido por José Martí), Walt Whitman (a quien Martí dedicó una profunda, adelantada y hermosa crónica), Mark Twain, Truman Capote, Ernest Hemingway, y toda una larga lista de personalidades de la cultura norteamericana conocidas por los cubanos antes de 1959, hicieron parte de las publicaciones populares en Cuba revolucionaria.

La buena música, el espectáculo de calidad y el buen cine norteamericano ejercieron una notable influencia cultural en el país, y siguieron teniendo espacio en Cuba después de 1959 sin que produjeran en ningún momento “copias al calco” en los creadores sino que resultaron mayoritariamente asimilación positiva, enriquecimiento cultural.


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