ESPECIAL PARA NODAL UNIVERSIDAD

La periodista e investigadora brasileña Marisa Sanematsu analiza la disputa política y simbólica que se libra en las universidades y en la sociedad en general para garantizar los derechos de la mujer y el colectivo LGBTI

Por Carla Perelló, de la redacción de Nodal U

En Brasil, la presencia de mujeres en el ámbito académico avanza a paso firme. Son mayoría en el ingreso universitario y en la finalización de estudios: según el Instituto Nacional de Estudios para la Educación Terciaria, entre el 2010 y el 2013 las cifras rondaron el 55 y el 60 por ciento, respectivamente. No obstante, ¿se traducen los números en las currículas con abordaje inclusivo hacia las mujeres y el colectivo LGBTI? Los datos parecieran ser noticiables, pero ¿los medios de comunicación muestran esta realidad? ¿Cómo? El común denominador, entonces, asoma: la mirada es sesgada y de corte patriarcal, lo que llama a poner el ojo en la articulación entre lo que la prensa difunde y lo que sucede puertas adentro de la gran usina del saber. ¿Cómo se sanan estas heridas machistas? Ante Nodal Universidad, Marisa Sanematsu, periodista e investigadora brasileña, aporta su análisis: “La universidad no está inmune a la violencia ni a los preconceptos” y, para romper con ello, las organizaciones feministas deben aplicar una “política blanda” que promueva cambios a favor de la igualdad.

Sanematsu, además, es promotora de acciones de comunicación en defensa de los derechos de las mujeres a través del Instituto Patricia Galvao y editora del portal de noticias homónimo. Desde allí, da un pantallazo de lo que sucede en la sociedad brasileña a la hora de dar la disputa política y simbólica que pretende garantizar los derechos de la mujer y el colectivo de gays, bisexuales, travesti, transgénero, transexuales e intersex (LGBTI).

En ese sentido, la crisis económica y política que atraviesa el país no es un factor menor: la inestabilidad impone condiciones a la hora de promover acciones desde el Estado, principalmente, en los dos espacios transversales en la producción y reproducción del saber y del conocimiento, como lo son la educación formal y los medios de comunicación. A cambio, Sanematsu propone una salida: “Somos nosotras las que tenemos que procurar nuestra defensa y continuar batallando por la sobrevivencia”.

En Brasil, ¿qué desarrollo ha adquirido la cuestión de género en la academia?

Me interesa resaltar que en mi país hace muchos años existen núcleos de investigación de género, pero con la crisis económica estamos viendo que algunos se están cerrando, deshaciendo. Sin embargo, hay un fenómeno que considero más interesante y que da más optimismo: se está generando una proliferación de colectivos feministas dentro de las universidades. Esto es importante porque los núcleos de investigación estaban restringidos a áreas de ciencias sociales y antropología únicamente, en cambio, estos nuevos colectivos están en diversas escuelas. Tenemos colectivos de género que discuten también sobre el racismo y lo hacen en espacios de ingeniería, artes plásticas, en comunicación y en matemática, por ejemplo. No están cerrados. Eso hace que yo me sienta más optimista, porque veo que la cuestión de género tiene que estar en todos los espacios, en todas las áreas del conocimiento, promoviendo el debate, las reflexiones, las discusiones para que las personas de esas áreas también comiencen a reflexionar.

¿Qué motivó la aparición de esos grupos feministas que menciona?

Surgieron muchos como resultado de actos de violencia y de discriminación que ocurrieron dentro de las universidades, por lo que se llegó a la conclusión de que la violencia hacia las mujeres y hacia el colectivo LGBTI no es una cuestión ajena a esta institución. Si no que se producen por preconceptos instalados en la sociedad. A partir de esto, se intentó resolver este tema, vieron la necesidad de discutir internamente entre los universitarios lo que sucede allí dentro. En ese sentido, creo que estamos avanzando y que tenemos la función de mostrar que la universidad, que es un gran centro del saber, del libre pensamiento, no está inmune a la violencia ni a los preconceptos. Por el contrario, es necesario aprovechar los recursos que da, porque es donde se puede acceder a más información, para que la academia mastique estas cuestiones, las degluta y las devuelva a la sociedad como una reflexión más madurada.

¿Qué posibilidad de acceso tienen las mujeres brasileñas a los puestos jerárquicos tanto en espacios académicos como en el resto de los espacios laborales?

En Brasil las mujeres están avanzando cada vez más en la educación. Existe una especie de desfasaje, porque cuando nosotras tenemos la posibilidad de acceder al estudio vamos superando a los hombres, porque los hombres dejan de estudiar y las mujeres continúan. Eso hace que haya una entrada muy grande de mujeres, incluso en áreas donde no figuraban. Por ejemplo, hoy en día el número de mujeres que estudia periodismo en Brasil es mucho mayor y en las redacciones, ellas también se están convirtiendo en mayoría, y aunque no están ubicadas en puestos de directoras, están consiguiendo subir poco a poco. Eso muestra que, si existen políticas públicas que las impulsen, es una cuestión de tiempo que aumente la participación femenina en esas áreas de conocimiento, como también el hecho de ascender o superar a los hombres a nivel laboral. Ahora hasta existen hombres que reclaman cupo para ellos porque ven que nosotras nos estamos tornando mayoría. Sin embargo, hay que tener en cuenta que una mayor presencia femenina no significa directamente que esas áreas vayan a ser contaminadas positivamente y con una perspectiva de género. Por eso es preciso continuar mucho el debate, hace falta mucha discusión dentro y fuera de las universidades, así realmente representa un avance.feminismo

¿Cómo se entrelaza la comunicación con la cuestión de género cuando existen dificultades para que haya mujeres en puestos de decisión y, más aún, cuando más mujeres no significa necesariamente garantizar visión de género o no sexista?

Lo que hacemos en nuestra organización, el Instituto Patricia Galvão, es establecer diálogos con los comunicadores, periodistas y publicitarios, para realmente sensibilizar y también establecer delineamientos para la producción de noticias sobre campañas que tengan una sensibilidad y una perspectiva de género. Quienes trabajamos allí, entendemos que los medios de comunicación son un espacio estratégico para la incidencia social y política para calificar el debate sobre las políticas públicas dirigidas a promover la igualdad y equidad de género. Por ejemplo, para lograr una incidencia real no basta con tener mujeres en el sector de creación publicitaria, no basta con eso, sino que es necesario que tengan perspectiva de género y una sensibilidad para producir desde allí una visión un poco más igualitaria dentro del lenguaje publicitario o del lenguaje que manejen en el campo en el que se desarrollan.

¿La academia y las universidades no deberían realizar su propio aporte en esa materia?

La academia es, la verdad, una gran usina para nosotros. Hay personas que ya trabajan o actúan en esa área hace muchos años. Ahora, gracias a ellas, vamos a tener una carrera de Derecho que contará con una materia específica sobre géneros que, en principio, se aplicará en la Universidad Pontificia Católica. Por otro lado, en Brasil estamos en este momento discutiendo nuevos planes de educación y se ha generado una gran polémica porque los sectores conservadores y religiosos consideran que no debe incluirse la palabra “géneros” –lo que significa promover una mirada inclusiva, no sexista y no estigmatizante para mujeres y colectivos LGBTI-, no la quieren aplicar. En esta primera etapa, los planes se pondrán en marcha en las instituciones estatales y, por desgracia, ha ganado esa postura y no se ha producido ningún cambio de ese tipo en esta reforma. Esto demuestra que se puede entrar en los espacios académicos, pero que no es fácil cambiar la forma de enseñanza.

 

Como usted decía, los medios de comunicación cumplen un rol relevante a la hora de enseñar y transmitir valores. ¿Considera que se garantiza la igualdad, el derecho a la información y a la libertad de expresión –en los términos de la Declaración Universal de Derechos Humanos- de los colectivos minoritarios? ¿Puede el Estado dar una respuesta en ese sentido?

En Brasil precisamos con mucha urgencia una regulación del sistema, de la estructura misma de la comunicación, para democratizar el acceso a la información. Y precisamos una regulación para contenidos. La llegada del PT al gobierno, de la mano del expresidente Lula (Da Silva), significó transitar un periodo de muchas esperanzas y de cambios que fueron frustrados, dejados de lado por la práctica política y eso comprometió mucho nuestros planes. Tenemos esta necesidad que surge en un momento político en el que no existe la posibilidad de discutir sobre la regulación de los medios de comunicación. A pesar de que se planteó en 2009, en la actualidad es una deuda pendiente. Ahora, el gobierno no quiere crear embates ni conflictos con ningún integrante del Poder Legislativo porque varios de los parlamentarios son dueños de conglomerados de la comunicación. Y el gobierno tampoco quiere crear problemas con las grandes empresas privadas de comunicación. En este contexto, lo que intentamos es plantear que la regulación del contenido pasa por asumir la responsabilidad que se tiene a la hora de comunicar, de la responsabilidad de los periodistas, pero cualquiera de estos intentos es visto y considerado como un acto de censura. Entonces los argumentos que la sociedad oye son que: regular es censura, que es una tentativa de controlar y de amordazar a empresas. Por lo tanto, el camino que estamos haciendo es largo y llevará un tiempo de discusión para esclarecer que regular no es censurar y tenemos la tarea de mostrar quién hace contenidos negativos y quién contenidos positivos. Tenemos que trabajar de esa manera, dialogar, promover debates, abarcar diferentes áreas, hablar con periodistas, publicitarios, comunicadores y dirigentes sociales. Considero con que el mensaje que debemos dar es que el periodista no tiene que ser un militante o un activista, no precisa hacer eso porque si hace un buen periodismo ya va a estar ayudando. Basta hacer un periodismo con responsabilidad social y con seriedad. Sólo pedimos eso. Tenemos posibilidades de diálogo bastante amplias para trabajar en esa brecha que existe y se hará desde las organizaciones feministas.

Por ejemplo…

Necesitamos de recursos para continuar con una política blanda, que avance de a poco, como con las capacitaciones, la sensibilización y los monitoreos, que muestren las cifras que no vemos a diario sobre las mujeres. Infelizmente, el Estado no va a hacer eso. Los magistrados tampoco están en nuestra defensa. Somos nosotras las que tenemos que procurar nuestra defensa, la de nuestro género y para eso necesitamos articular y continuar batallando por la sobrevivencia.

 

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