En esta segunda entrega de la entrevista a fondo con Nodal Universidad, el politólogo cubano Darío Machado habla sobre el fenómeno del robo de cerebros y el desafío de preservar los valores cultivados por la revolución socialista en Cuba. 

(VER PARTE I)

Por Cecilia Escudero

hqdefault-2

¿Qué preocupación genera el esperable aumento del intercambio cultural y académico entre Cuba y EEUU? ¿Qué rol puede cumplir la experiencia educativa?

Naturalmente hay preocupación, pero sobre todo ocupación. No es cosa de haber estado más de medio siglo reclamando el fin del bloqueo, tener relaciones de respeto mutuo y colaboración pacífica, y ahora, cuando estas posibilidades se abren, pidamos que se demoren un poco más porque no estamos preparados.

Por otra parte, el triunfo de la Revolución Cubana y su orientación socialista se generan precisamente en el momento en que mayor fue la influencia económica, cultural, mediática y política de los EEUU en Cuba y en una etapa en que una gran parte de la sociedad era analfabeta, semianalfabeta o con un limitado nivel educacional, en la que la ideología dominante era la liberal dependiente.

Luego de más de medio siglo de desarrollo integral cultural y político de la sociedad cubana en su conjunto, es de esperar que haya suficientes reservas intelectuales y morales para afrontar el desafío y salir airosos, lo que no significa ni mucho menos dar por descontado el éxito.

¿Entonces?

Lo que no se haya hecho en la familia, en la escuela primaria, en la vida cultural del país, en general en los centros de enseñanza en función de cultivar el sano orgullo patriótico, la identidad cultural de los cubanos, los valores socialistas, el sentimiento de independencia y de soberanía nacional, no se podrá resolver en el momento del contacto creciente con el pueblo y las instituciones norteamericanas. Y, naturalmente, hay que consolidar y enriquecer el esfuerzo educativo en el país.

Claro que no será un proceso fácil, hay muchas heridas en el pueblo cubano que se multiplicaron cuando triunfó una revolución antiimperialista y socialista. Las agresiones, el criminal bloqueo, los sabotajes. El pueblo cubano no olvidará el pasado, pero tiene suficiente entereza, valor, seguridad, autoestima y cultura para asumir el reto de normalizar las relaciones en todos los terrenos donde sea mutuamente beneficioso para ambas partes y contribuir también por esa vía a fortalecer la decisión de los estados miembros de la CELAC que en Cuba precisamente declararon unánimemente a la América Latina y el Caribe como Zona de Paz. El pueblo cubano sabe diferenciar entre el sistema de dominación vigente en los EEUU y el pueblo norteamericano, la gente común.

En este contexto, ¿será preciso estar alertas al fenómeno del robo o fuga de cerebros?

Sí, es preciso estar alertas ante un fenómeno que no afecta solamente a los cubanos, sino a muchos otros países del tercer mundo. Las tentaciones no son solo económicas y de una vida más cómoda, sino también de orden tecnológico y científico. Los que tienen mayores conocimientos, también buscan mayores desafíos, aprender más. En ese terreno todos los países del llamado tercer mundo y aun los que están en vías de desarrollo con mayores posibilidades tienen ese peligro sobre sus cabezas como una espada de Damocles y están convocados a encontrar fórmulas de colaboración que contrarresten esa influencia.

Las transnacionales que tienen los desarrollos científicos y tecnológicos más avanzados y el Estado norteamericano en los terrenos vinculados a la actividad bélica de ese país, no tienen precisamente una vocación de colaboración, sino de competencia, no son altruistas, sino egoístas, por lo que inercialmente derivarán hacia la captación incondicional de los más capaces.

profesores-cubanos

Volviendo al intercambio cultural, también se puede evaluar el impacto del lado estadounidense…

Debo añadir que si algún país de los que han emprendido experiencias socialistas en este mundo, está mejor preparado para relacionarse con los EEUU ese país es Cuba.

La revolución ha tenido el buen juicio de no bloquear culturalmente a los EEUU. En Cuba se ha divulgado la buena literatura estadounidense, la música, el gusto cinematográfico cubano está más cerca del cine norteamericano que de cualquier otro cine, sigue poniéndose a Walt Disney en la televisión, los niños ven sus películas y cartones, incluso creo que en el caso del cine y la televisión, al país se le ha ido la mano en la proporción.

Lo que quiero sobre todo señalar es que en el plano cultural los más sorprendidos serán los estadounidenses que no han tenido el acceso a la cultura cubana como resultado de un bloqueo criminal que los ha afectado a ellos también en todos los terrenos.

Creo que Cuba está más preparada para absorber y procesar las tergiversaciones e intrigas de la información sobre nosotros, que los norteamericanos para aceptar la verdad sobre Cuba. Pero ello no significa que no sea necesario, sino que es imprescindible lograr un mayor dinamismo y modernidad en la comunicación política, terminar con esquemas obsoletos de divulgación, publicidad y propaganda política que resultan inviables en el mundo de hoy, lograr una mayor participación y transparencia en el tratamiento de los problemas, ir a la raíz y hacerlo con elegancia y una nueva estética revolucionaria.

Ese es quizá el desafío principal en lo tocante a la actividad política. En política la ingenuidad es inaceptable. Sería ingenuo dejar este proceso que implica una nueva forma de enfrentamiento librado a su suerte. Si en algún momento la actividad ideológica política consciente ha sido imprescindible es precisamente ahora, cuando se ampliarán las relaciones. Siempre he afirmado que la batalla de ideas principal comenzará cuando se levante el bloqueo y se normalicen las relaciones, ese momento está más cerca hoy que nunca antes y esa tiene que ser una batalla políticamente organizada y realizada, lo que implica sometida a una constante crítica y mejoramiento.

En una reciente nota, usted alertaba sobre el “desafío de preservar y enriquecer los valores cultivados por la revolución socialista frente a la posible rearticulación del liberalismo” ¿Cómo explica esta idea?

Liberalismo es el nombre dado al sistema de ideas y valores que considera natural el mercado capitalista, y que cataloga esos valores como universales, ahistóricos, consustanciales a la naturaleza humana.

El concepto de libertad del liberalismo es en primer lugar la libertad como concepto individual, la libertad de explotar trabajo ajeno, de incrementar la propiedad privada, de aprovechar cualquier ventaja para vencer en la competencia capitalista. Junto con ello considerar al Estado como una mediación que debe ser disminuida en favor de los intereses individuales y corporativos, sin mirar a la sociedad en su conjunto, a los seres humanos ni a la naturaleza. Para el neoliberalismo, mientras menos Estado mejor, lo cual no estaría mal si ello no significara mientras menos Estado más mercado, con todas sus nefastas consecuencias.

En el caso cubano, antes de la Revolución de 1959 predominaba una ideología que podemos llamar ideología liberal dependiente, ya que la cosmovisión dominante en la sociedad estaba pautada por el sistema económico capitalista, y modelada en medida significativa por la dependencia económica, tecnológica y política que se reflejaba en las actitudes y en la producción ideológica.

El sistema socioeconómico y político vigente postulaba la democracia representativa, la libertad de empresa, el derecho a la propiedad privada, el pluripartidismo y la libertad de prensa. En el fondo de todo estaba la propiedad privada, los intereses corporativos y la presencia avasalladora de la geopolítica y el poder estadounidense sobre los asuntos nacionales. Los principios enarbolados y codificados constitucionalmente no fueron capaces de sacar a Cuba del subdesarrollo, la dependencia y la pobreza. Se proclamaba formalmente lo que no se garantizaba realmente.

En este sentido, la revolución significó un antes y un después para la vieja ideología liberal.

La revolución socialista puso en manos del pueblo todos los resortes de la economía nacional, eliminó radicalmente la mercantilización de la política y estableció derechos plenos de la ciudadanía para acceder a las responsabilidades públicas, comenzando a construir una sociedad que en mucho necesita ser mejorada, pero indiscutiblemente superior no solo en la teoría sino en la práctica al liberalismo dependiente del pasado.

La vieja ideología liberal dependiente recibió un golpe mortal con la nacionalización de prácticamente toda la actividad económica con solo algunas excepciones, liquidando desde el poder popular de la revolución la base económica de aquella cosmovisión, pasando a ser la ideología revolucionaria cubana predominante en la sociedad.

Aquel fundamento y las políticas sociales sostenidas por la Revolución, aun en momentos muy difíciles, incluso críticos, como el del período especial, permitió consolidar importantes valores solidarios en la ciudadanía cubana, fortalecer el patriotismo, desarrollar el internacionalismo, el colectivismo, la cooperación.

 ¿Qué pasa ahora?

Las medidas actualmente en curso impulsadas desde la propia Revolución y que constituyen una profunda reforma, reponen y amplían la base económica que forman la propiedad privada y el mercado, son fuente de tendencias al individualismo, el egoísmo y el afán de lucro, realidad alrededor de la cual ya ha comenzado a rearticularse la vieja ideología liberal dependiente y a ello hay que sumar toda la influencia de los contactos inevitables de Cuba con el mundo, en particular los esperados por el cambio en las relaciones con los EEUU.

El desafío estriba en evitar que ese proceso de rearticulación de la vieja ideología devenga social y políticamente significativo y comience a crear auto- reconocimiento ideológico, a partir de lo cual no tardarían en alinearse con él los intereses corporativos nacionales y extranjeros, así como la estrategia global en relación con Cuba reconocida públicamente por el presidente Barack Obama el 17 de diciembre de 2014 y recientemente por el Secretario de Estado John Kerry el 14 de agosto de este año en La Habana, en un discurso lleno de omisiones, ambigüedades, medias verdades, superficialidades e imprecisiones que merece un análisis aparte.

 ¿Cuál es la apuesta estratégica de EEUU?

1428783737_670849_1428833010_noticia_fotograma

Aunque no se proclama así, consiste precisamente en cultivar el individualismo para fragmentar la cohesión de la sociedad cubana y facilitar su reabsorción por el poder trasnacional norteamericano. El imperialismo norteamericano asume el neoliberalismo como ideología. Es conocido su fundamentalismo totalitario basado en el mercado y en un mundo global sujeto a los designios de las transnacionales y los poderes nortecéntricos.

De ahí que sea tan importante para la sociedad cubana una armónica y eficiente articulación de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política, de manera que los cambios económicos estén claramente pautados para que no sea el mercado el que imponga su jerarquía a la sociedad, sino a la inversa, y una educación ciudadana, una actividad cultural política y un modelo de comunicación política que no pierda de vista esta realidad y defienda los valores cultivados por la cultura socialista durante más de medio siglo. Esa será la garantía de la soberanía e independencia nacional de los cubanos.


VOLVER