El primer disparo rompió las filas de la marcha. A ese siguió una ráfaga que dejó como saldo una cifra, hasta hoy desconocida, de muertos y desaparecidos. Un despliegue militar de grandes proporciones acorraló a los centenares de jóvenes estudiantes que marchaban en contra de la represión del gobierno militar. Era el 30 de julio de 1975.

En la marcha, Dimas Castellón ayudaba a cargar una pancarta. Dimas gritaba consignas mientras recogía su largo cabello que le rozaba la cintura. “Para nosotros el pelo largo significaba libertad, y era por libertad que marchamos”, dice Castellón 40 años después de la masacre ocurrida en esa manifestación estudiantil.

A unos metros, Mirna Perla, una estudiante de Derecho de 20 años, se encargaba de mantener el orden en la formación. Todo debía ocurrir de manera ordenada y pacífica, esa era su misión. Mirna era militante del Frente Universitario de Estudiantes Revolucionarios Salvador Allende (FUERSA). Ese día se había puesto un pantalón negro de campana y una camiseta blanca entallada al estilo de la época. Era una de esas mujeres que tienen en la mirada un aire de heroísmo.

Esa tarde, mientras Mirna cuidaba de la formación, Marta González caminaba en la fila. Ella no era militante, pero estaba en desacuerdo con la represión. “Todos nos dimos cuenta de la marcha. La universidad estaba pidiendo algo justo y decidimos apoyar”, comenta ahora una Marta que a sus 61 años recuerda a la perfección ese día de julio.

Los estudiantes se tomaron las calles porque días antes, el 25 de julio del mismo año, un desfile bufo del Centro Universitario de Occidente había sido reprimido por miembros del ejército. Las organizaciones exigían ese día el respeto a la autonomía universitaria por parte del gobierno del entonces presidente Arturo Armando Molina, un militar con grado de coronel que había ganado las elecciones de febrero de 1972 con el entonces Partido de Conciliación Nacional (PCN).

La marcha había sido organizada por la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS) que representaba a las demás organizaciones estudiantiles.

La represión militar convirtió esa manifestación en una histórica masacre. “Venían las tanquetas con soldados a la par como si se enfrentaran a un ejército armado”, recuerda Mirna. Algunos estudiantes se saltaron desde el paso a desnivel, otros escalaron un antiguo muro que daba al Seguro Social.

Mirna y Marta se lanzaron desde el paso de dos niveles. Marta logró correr, Mirna no se pudo levantar, la caída le quebró la rótula en tres partes. Un día antes, había caído del cielo, como un mal presagio, una lluvia de amenazas. Ese día un helicóptero del ejército sobrevoló la Universidad de El Salvador (UES) y lanzó al campus cientos de volantes en los que el Ministerio de Defensa advertía de actuar contra los manifestantes.

Silencio obligatorio

En Diario El Mundo la palabra “muertos” abre la página tres del día jueves 31 de julio de 1975. “Una manifestación estudiantil que se dirigía de la Universidad al centro de la capital ayer tarde, fue interceptada por agentes de los Cuerpos de Seguridad, con grandes consecuencias”.

“Se afirmaba que dos periodistas de El Mundo habían sido detenidos. Sobre el particular podemos informar que a nuestros fotógrafos se les decomisó los rollos de las películas, pero no sus cámaras. No se les golpeó”, continúa.

Para entonces Francisco Guzmán era el director del Departamento de Periodismo de la UES. La mañana de ese miércoles Guzmán tenía una agenda planificada: iría a hacer una entrevista y luego cubriría parte de la marcha en la que participaban sus alumnos, pero algo lo detuvo. “Cuando iba para allá alguien me dijo: no vayas que ahí hay una masacre”.

Los cuerpos de seguridad no permitieron que los periodistas informaran sobre lo sucedido. El periodista Elmer Machuca recién iniciaba su trabajo como redactor para un canal de televisión. Ese día Machuca escribió una nota donde explicaba lo sucedido no porque lo hubiera visto, porque no se pudo acercar, sino por lo que comentaron personas que habían estado ahí. “Al siguiente día lo que salió fue un comunicado oficial del Ministerio de Defensa, no lo que yo escribí”, comentó.

Para Guzmán este evento lejos de reprimir al movimiento universitario, fortaleció la organización.

El 6 de agosto de 1975 las organizaciones sociales, incluidas las estudiantiles conformaron el Bloque Popular Revolucionario (BPR), uno de los más grandes movimientos populares de masas de El Salvador.

Los sobrevivientes

Entre las balas y la estampida un joven camina en dirección a los tanques. La serenidad del muchacho de pelo largo que camina en dirección a los soldados con una flor roja en el cabello quiebra totalmente la escena.

“Todos corrían hacia el norte y a todos los baleaban o les pasaba encima el tanque. Por un momento me quedé inmóvil y decidí caminar hacia el sur”, comentó Castellón.

Cuando hubo avanzado algunos metros tomó una rosa del patio de una casa y se la puso en el pelo. Agachó la cabeza. Dimas, quien había cursado ya sus módulos de teatro en la escuela de artes se cubrió con el pelo  la cara y comenzó a caminar como mujer.

“Los soldados pasaban junto a mí y no me hicieron nada”, explicó.

Mientras tanto, Mirna seguía en el suelo. La joven que años después sería la magistrada de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) en una democracia un poco lejana, se sintió morir.

“Pensé que faltaba poco para morir cuando dos compañeros del UR-19 regresaron por mí. Me cargaron y lograron sacarme de ahí”, comentó. Marta fue capturada y permaneció hasta las 4:00 a.m. del siguiente día en una celda de la Guardia Nacional hasta ser liberada.

A partir del 30 de julio el gobierno comenzó a catear el CENAR (Centro Nacional de Artes), desde esa fecha la organización estudiantil mutó en diferentes movimientos sociales.

“Nunca nos encontraron armas porque nuestra arma era el arte, no los fusiles”, dice Castellón, mientras golpea la mesa. Cuarenta años después, su rostro refeja un aire juvenil, un espíritu combativo, un rastro de lucha.

Fechas

20/2/1972

Gana las elecciones Arturo Armando Molina. El presidente fue electo como candidato del Partido de Conciliación Nacional (PCN) en 1972. Ese mismo año se realizó una intervención en la Universidad de El Salvador y se suspendieron las clases.

25/7/1975

El ejército entró al Centro Universitario de Occidente, ubicado en Santa Ana y reprimió un desfile bufo que se realizaría durante las fiestas patronales de la ciudad. Ese desfile era tradición entre los estudiantes que críticaban a los gobernantes de la época.

30/7/1975

Ocurre masacre de marcha estudiantil. Por orden del entonces ministro de la Defensa, Carlos Humberto Romero, el ejército reprime violentamente la marcha que hicieran los estudiantes de la Universidad de El Salvador, acompañados de los estudiantes de secundaria organizados.

6/8/1975

Organizaciones estudiantiles se integran al BPR. A raíz de la represión, diversas organizaciones se aglutinan en un nuevo movimiento llamado Bloque Popular Revolucionario (BPR). Más tarde este bloque llevará a cabo acciones concretas en contra de la represión de las dictaduras militares.

El Mundo

UES conmemora 40 de la masacre del 30 de julio

Marcha-Estudiantes

Durante décadas, estudiantes y docentes participan en la marcha del 30 de julio (antigua 25 avenida norte) y la Alameda Juan Pablo Segundo (antigua 7a calle poniente), para conmemorar y mantener vivo el recuerdo y la lucha de los valientes estudiantes masacrados por la dictadura del coronel Arturo Armando Molina.

Los hechos sucedieron la tarde del 30 de julio de 1975, los estudiantes de la Universidad de El Salvador (UES),  marchaban de forma pacífica rumbo al centro de la capital.

Al llegar al paso a desnivel, ahora avenida Héroes y Mártires del 30 de Julio (antigua 25 avenida norte) y la Alameda Juan Pablo Segundo (antigua 7a calle poniente), los estudiantes fueron acorralados por un contingente de miembros del ejército y cuerpos policiales que los esperaban frente al Hospital Rosales.

La marcha fue convocada en protesta por los actos del entonces presidente Armando Molina, cuando envió a las fuerzas militares a impedir la salida del acostumbrado Desfile Bufo, del Centro Universitario de Occidente que se desarrollaba cada 26 de julio

Dicho evento marcó la historia de El Salvador. Los estudiantes de la Universidad de El Salvador aún mantienen viva la memoria histórica y relatan la frialdad y la barbarie con la que la Guardia Nacional y elementos del ejército arremetieron contra la manifestación.

Según el historiador de la Universidad de El Salvador, Carlos Gregorio López, en 1975 el país venía enfrentando una creciente crisis relacionada desde la década de los 50 con todo el modelo de modernización y desarrollo de la economía del país.

Año con año la masacre se convierte en un hecho simbólico de impunidad, que la Universidad guarda en su memoria.

El Procurador para Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador, David Morales, afirma que es un hecho en impunidad, “jamás las autoridades del sistema de justicia, Fiscalía General y Tribunales realizaron investigaciones protegiendo a los actores de la matanza” y considera que la masacre del 30 de julio “es uno de los más graves hechos represivos que inician toda una era de terrorismo de Estado en El Salvador”.

Morales, refiriéndose a la masacre del 30 de julio, asevera que se trata de una clara violación a los Derechos Humanos, y no pueden estar comprendidos dentro de las leyes de amnistía, inclusive la jurisprudencia constitucional de El Salvador desde el año 2000 ha establecido claramente que violaciones graves a los derechos humanos no pueden estar sometidas a las amnistías.

Aún no existe una investigación que permita precisar el número real de muertos y desaparecidos el 30 de julio de 1975. Según el libro “AGEUS, 25 años de lucha”, y el Diario Co Latino de la época, algunos nombres de las víctimas son:

Carlos Fonseca; Balmore Cortez Vásquez; Sergio Antonio Cabezas; Napoleón Orlando Calderón; Reynaldo Hasbún; Eber Gómez Mendoza; Roberto Antonio Miranda; José María López; Carlos Humberto Hernández; María E. Miranda y José Domingo Aldana.

Lesionados y golpeados fueron: Luis Antonio Villafuerte Castellanos; Mario López; Doctor Luis Coreas (quien recibió un impacto de bala mientras observaba desde el ISSS).

Los desaparecidos hasta la fecha son: Morena Nolasco, Elizabeth Iraheta Milla, Julio César Velado, Guillermo Aparicio y Silvia Montano.

Verdad Digital

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Cuarenta años de resistencia estudiantil

El 30 de julio se cumplieron 40 años de la masacre estudiantil, en un hecho ejecutado por los cuerpos de seguridad del estado salvadoreño.

Los libros de historia sobre El Salvador nos relatan que los años setenta se caracterizaron por gobiernos militaristas que imponían su democracia a base de golpes de Estado y votaciones fraudulentas, por lo que eran poco toleradas las manifestaciones y críticas a los gobiernos de turno.

En el año de 1972,  el coronel Armando Molina competía por la silla presidencial. El exrector de la Universidad de El Salvador,  Rufino Quezada, en su libro 25 años de estudio y lucha dice: “La política del coronel Molina al asumir su mandato fue bastante evidente: reformas y represión”.

Pese a esta política implementada por el régimen militar, la juventud de esa época se organizaba y realizaba manifestaciones para pronunciarse en contra de los atropellos que vivían, aunque esto les costara la vida.

Cuarenta años después, y en un contexto de política diferente, los jóvenes universitarios rinden tributo a los estudiantes que en los capítulos tumultuosos de la historia del país salían a las calles a enaltecer su voz para pedir un mejor futuro.

La represión empezó en Santa Ana

Las fiestas julias en Santa Ana, al occidente del país,  se volvieron perfectas para que los estudiantes organizados de secundaria y universitarios salieran  a las calles, y mezclar el ambiente festivo con  sátira y política, creando  a principios de la década de los 60′ el tradicional desfile bufo, 

Corría el 25 de julio del año 1975, según José Danilo Ramírez, sobreviviente de los eventos del 25 y 30 de julio, los estudiantes se preparaban esa noche para el desfile,  en  el que se pronunciarían contra del gobierno y el concurso Miss Universo, pues el  régimen del coronel Molina gastaba millones de colones en un certamen de belleza y no solucionaba los problemas sociales  de la época.

Los militares no iban a tolerar una burla más por parte de los estudiantes, por lo que el ejército intervino en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente. “Querían detener el desfile, rompieron las pancartas, en ese tiempo hacían muchos chistes del Coronel Molina y el presentía lo que iba a suceder en el desfile” dijo Ramírez. Los estudiantes fueron golpeados, amenazados y algunos fueron capturados por la extinta Guardia Nacional.

La noticia del incidente en Santa Ana llegó hasta los oídos de los estudiantes en San Salvador, quienes de inmediato prepararon una manifestación en apoyo a sus compañeros, sin importar las advertencias que el ministro de defensa, Humberto Romero realizó en días anteriores.

El miércoles 30 de julio por la tarde,  los estudiantes salieron a marchar en la 25 avenida Norte, rumbo al centro de la capital, pronunciándose en contra del hecho en Santa Ana. En la protesta se exigía el respeto a la autonomía universitaria, cuando fueron atacados por miembros de la guardia nacional, que  dispersaron la manifestación con disparos, finalizando el evento de forma catastrófica.

Los principales medios no comunicaron de los 11 muertos y al menos 80 desaparecidos de los que hasta la fecha no se tiene reporte, en un hecho represivo que a 40 años, sigue en la impunidad.

Varios de los manifestantes resultaron lesiones graves porque al huir saltaron del puente que está sobre la 25 avenida Norte.  Alcides Hernández sobreviviente de la masacre del 30 de julio asegura que el hecho fue una emboscada militarmente preparada.

 “Estaba en el segundo bloque de los que marchaban, íbamos en medio y jamás olvidaré ese remolino de gente que buscaba una salida”, recuerda Hernández, que se desempeña como docente en la universidad. “Lo que nosotros llevábamos de armas eran los cuadernos que nos habíamos echado en la bolsa, todos los que salimos sabíamos que nos iban a reprimir pero no que nos iban a matar” agregó.

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40 años de estudio y lucha

Cuarenta años después, existen organizaciones juveniles que intentan mantener la memoria histórica saliendo a las calles cada 25 y 30 de julio. 

En Santa Ana, el desfile bufo ha cobrado  mayor  fuerza en los últimos cuatro años tras un largo tiempo de que la actividad había sido suspendida, luego de que en el año 2006 ocurriera un evento parecido al del año 1975, en la lucha por el medio pasaje para los estudiantes.

Mientras que en San Salvador, los estudiantes realizan una marcha que inicia en la entrada de Ciencias y Humanidades de la UES, que culmina en el mismo lugar en donde ocurrió la masacre. Sin embargo, para esta cuadragésima conmemoración algunas organizaciones estudiantiles decidieron no salir y realizar un acto político cultural en el recinto universitario.

Según Jessica Hompanera estudiante de la Universidad de El salvador poco a poco los ciudadanos van olvidando estos capítulos de la historia salvadoreña. “La gente ve la marcha del 30 de julio y no saben que es lo que pasó ese día”.

Alcides Hernández, asegura que es necesario que se motive y se transmita a los estudiantes la historia de los héroes y mártires, “porque si ellos no conocen de esta situación no podrán recuperar la beligerancia y el deseo de que esta universidad mejore. Los estudiantes son los responsables de asegurar el cambio” afirma.

Mientras que Ernesto García, ex miembro de la Asociación General de Estudiantes de la Facultad Multidisciplinaria de Occidente (AGEFMO) asegura que  el movimiento estudiantil actualmente posee una decadencia política y teórica. “La única manera en que resurja el movimiento estudiantil es mediante el aparecimiento de una nueva dirección q luche por la independencia partidaria del mismo” agregó.

Para los sobrevivientes que asistieron a los distintos actos conmemorativos del 40 aniversario del 25 y 30 de julio es necesario que las autoridades abran investigaciones para esclarecer las desapariciones y muertes de estudiantes que quedaron impunes desde los años setenta, a lo que el procurador David Morales brindó el total apoyo firmando una carta de entendimiento con las autoridades de la UES para investigar las masacres estudiantiles.

Contrapunto


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