En El Salvador se viven situaciones contrarias a lo que requiere el mundo moderno y sus resultados muestran que la educación está aplazando su función formadora de capacidades humanas.

Indiscutiblemente, la inversión en educación tiene una alta tasa de retorno. Además, está claro ella debe ser de alta calidad y evolucionar con rapidez si una sociedad busca ser altamente competitiva. Para lograr esto, se requieren adecuados presupuestos, ejecución eficiente, capacitar a los maestros, ofrecer los mejores salarios del mercado y brindar un entorno atractivo que estimule el aprendizaje.

El sistema educativo de Finlandia es considerado el mejor del mundo. Allí, el profesor tiene un alto reconocimiento en la sociedad y sus salarios rondan los $40,000 anuales tras 15 años de trabajo, haciendo que esta profesión tenga alta demanda entre los jóvenes. Por esto, para postular a la carrera de maestro se requiere un promedio de bachillerato de 9 sobre 10, y cumplir rigurosas entrevistas para evaluar la capacidad de comunicación, interés por la lectura, exposición de talentos artísticos, aptitudes tecnológicas y dominio de las matemáticas.

Algo lógico, si se considera que en las manos de los maestros está la responsabilidad de formar las capacidades humanas que permitan el futuro progreso de las personas y la sociedad del país.

En El Salvador se viven situaciones contrarias a lo que requiere el mundo moderno y sus resultados muestran que la educación está aplazando su función formadora de capacidades humanas. La PAES lo confirma, al registrar una nota promedio de 5.3 en 2014, aunque se han hecho ajustes en los cuestionarios para facilitar una mejoría. Recordemos que el Gobierno de El Salvador se puso como meta una nota PAES de 6.2 a 2014 cuando el presidente Sánchez Cerén era ministro de Educación.

Según datos de la Gerencia del Sistema de Estadísticas del Ministerio de Educación, la matrícula en educación pública totalizó 1,519,606 alumnos en 2010 (Parvularia 193,161; Básica 1,183,218; y Media 143,227) y cayó a 1,356,357 alumnos (Parvularia 191,939; Básica 1,005,832; y Media 158,586) en 2014, esto es, 163,249 alumnos o 10.7 % menos. Un retroceso altamente preocupante como país.

Según el viceministro de Educación, se estarían matriculando “arriba de 1,341,000 estudiantes” en 2016, con lo que “se estarían superando los 1,339,000 del año pasado”, 2015 (LPG 20/01/2016). Sin embargo, ambos registros de matrícula citados, 2015 y 2016, son menores a lo reportado para 2014 y aún muy por debajo de 2010.

Entre las metas establecidas para “educación” en el Plan Quinquenal de Desarrollo 2014-2019, está la de “Ampliar la cobertura de educación inicial en un 10 %” (para niños entre 0 y 6 años de vida). Una meta mediocre, puesto que se debería apuntar a hacerla obligatoria, como es en muchos países del mundo. Si la matrícula fue de 4,222 niños/as en 2014, elevar la cobertura en 422 matrículas es algo pírrico, porque hay 532,732 niños/as con edades entre 0 y 4 años de edad y alrededor de 110,000 entre 4 y 5 años, según la EHPM 2014, lo que significa que la población objetivo estaría en el orden de más de 600,000 niños/as.

Contrariamente, la meta de “Atender a 447,800 estudiantes jóvenes y adultos por medio de las modalidades flexibles de educación a nivel nacional” es monumental. La matrícula de “educación nocturna de adultos” (8,389 alumnos) más la “educación de adultos mediante modalidades flexibles” (30,919 alumnos) totalizaba 39,308 en 2009. A 2014, esta se redujo a 32,214 personas en 2014 (4,217 nocturnos y 27,997 modalidad flexible). Una reducción de 7,094 alumnos o 18 % menos. Por tanto, la meta de 447,800 estudiantes jóvenes y adultos al cabo de 5 años significaría aumentar casi 14 veces el número de matriculados en 2014.

Meta: “Ampliar la cobertura de la dotación de paquetes escolares al 100 % de la población estudiantil que cursa bachillerato en centros educativos públicos (150,000 estudiantes)”. Esta es una meta en la dirección correcta y debería alcanzarse sin mayores problemas, pero ante la grave crisis de caja del Gobierno Central, los atrasos en la entrega de los paquetes escolares son significativos. Incluso no se han terminado las reparaciones en algunas escuelas, retrasando el inicio del año escolar. Además, se retrocede respecto a la meta de elevar la asignación para Educación en el Presupuesto General a 6 % del PIB, en tanto que ella se ha reducido de 3.66 % en 2009 a 3.56 % en 2015 y retrocede a 3.44 % en 2016. ¿Podremos corregir?

 

La Prensa Gráfica

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