Tres académicos analizaron las motivaciones de las protestas convocadas por dirigentes indígenas y sindicales de oposición en Ecuador que desde el pasado jueves se intensificaron en la capital del país, Quito, y en localidades de la región andina, dejando como saldo 116 miembros de la fuerza pública heridos y 60 personas detenidas.

Un denominador común en los criterios de los analistas es que la violencia registrada en las manifestaciones deslegitima el derecho a protestar, contemplado incluso en la Constitución, aprobada en 2008. También, cuestionaron el tratamiento sesgado que han realizado medios de comunicación, sobre todo privados, de las marchas y concentraciones políticas.

“Hay momentos en que la gobernabilidad democrática pasa por momentos de estabilidad económica, de estabilidad social. En el caso de Ecuador estamos viviendo un momento diferente al que hemos vivido en estos ocho años y medio y creo que la presencia de determinados grupos sociales, el tipo de cobertura que los medios están haciendo, la sobreabundancia de temas, reportajes, artículos relacionados con la política y con el conflicto, fundamentalmente, están marcando el momento actual”, expuso el sociólogo Hernán Reyes.

El analista, quien también ejerce como miembro del Consejo de Regulación y Desarrollo de la Comunicación (Cordicom), participó junto a Palmira Chavero, doctora en Ciencias de la Comunicación y Sociología, y el historiador y catedrático universitario Juan Paz y Miño en el programa Ecuador No Para, que se transmite por El Ciudadano Tv.

Chavero opinó que si bien es legítimo protestar, empieza a ser preocupante el nivel de violencia al que han escalado las manifestaciones convocadas en rechazo a una propuesta de enmiendas constitucionales de 16 puntos, que debe ser tramitada por la Legislatura, pero que ha sido reducida a la posibilidad que podría dar a la reelección del presidente Rafael Correa.

La profesional de nacionalidad española, que ejerce como profesora asociada de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), cuestionó la cobertura mediática de las manifestaciones que se han focalizado en Quito y dos localidades de la serranía.

“Toda la cobertura mediática se está llevando en unos términos muy polarizados, una protesta ya es un tema de crispación social, de enfrentamiento dialectico, podríamos decir, pero esa dialéctica se está omitiendo de una violencia, de una polarización, de un atrincheramiento de posiciones ideológicas que están impidiendo el diálogo”, reflexionó Chavero.

Ante la beligerancia mostrada por activistas de oposición, Paz y Miño llamó a mantener una “calma analítica” a fin de que las pasiones puedan impedir realizar un análisis serio, según lo exigen las circunstancias.

“Sí creo que existe un momento delicado en la vida de la gobernabilidad y la democracia ecuatoriana. Merece visualizarse desde múltiples perspectivas (…) si bien es cierto estos sectores se han convertido en una fuerza de calle, una fuerza de presencia, no estoy seguro si sean de una fuerza de clase como tal (…) tomar las calles representa una gran fuerza, pero hay un sector que no ha tomado las calles”, subrayó.

Paz y Miño, miembro de la Academia Nacional de Historia, recalcó que la gente que está en las calles –aunque es un sector muy importante- no es “el pueblo” (como lo sostienen los dirigentes de la protesta”) ni las manifestaciones significan una condición prerrevolucionaria.

En tanto, Reyes consideró que la violencia deslegitima las protestas y tildó como “irresponsable” el llamado de algunos dirigentes para tomarse el Palacio de Carondelet (sede del gobierno ecuatoriano) o la exigencia al presidente Correa para que presente la dimisión.

“Creo que son (pronunciamientos) carentes de toda ponderación, de toda moderación que deberían tener los dirigentes, y lo que hacen es enviar a gente de ‘carne de cañón’ para que se enfrenten con los policías”, dijo el catedrático quien destacó el comportamiento moderado de la Policía.

Llamó a los dirigentes de la protesta a bajar el tono de los discursos para evitar que se pase la línea de la manifestación pacífica de los desmanes que se pueden tornar incontrolables.

Chavero, doctora en Ciencias de la Comunicación y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y licenciada en Periodismo, dijo que la excesiva violencia resta legitimidad a las protestas.

“¿Qué imagen se está viendo en el exterior. Desde otros países nos llaman, nos escriben, que lo que hay es violencia. Eso le quita todo el peso, toda legitimidad democrática que tiene la propia protesta”, apostilló al tiempo de plantear la responsabilidad de los líderes de las manifestaciones en ser responsables con sus exigencias.

Cobertura de medios   

A Hernán Reyes, quien acredita amplia experiencia en la docencia relacionada a la comunicación, le llama la atención la forma como los medios han contribuido a polarizar “de mala manera” las miradas sobre lo que está ocurriendo en el país.

“En el país hay posiciones y posiciones: creo que la polarización, el hecho de creer que todo se junta en una sola oposición, es por ejemplo, una falencia de ese periodismo: hay una oposición pacífica, hay una oposición violenta. Esa oposición violenta no está develada. Un buen periodismo debería develar quiénes están detrás de esos eslóganes, de esas consignas, quiénes están marcando una agenda y un itinerario que está haciendo que vaya creciendo de manera constante la violencia. Hay gente en este país que quiere un muerto”, sentenció.

Chavero, por su parte, sostuvo que en el contexto de las protestas se está realizando una cobertura desde posiciones ideológicas prestablecidos e hizo un llamado a los medios a apoyar el diálogo y reducir la espiral de violencia.

Paz y Miño, también articulista de diario El Telégrafo, opinó que el tipo de prensa que, por una posición política, alimenta la violencia no contribuye a la institucionalidad democrática.

Andes

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