En una cancha de fútbol sintética se preparan Armero, Falcao, Zúñiga, James, Cuadrado y Yepes para un partido de titanes. Aunque no tienen brazos ni piernas, sus cuerpos hechos en metal y dos ruedas se desplazan ágilmente para hacer posesión de pelota, cobrar tiros libres y efectuar lanzamientos de esquina. Desde arriba más de cuatro cámaras graban las jugadas. El público aplaude. Aunque pareciera que detrás de cada uno hubiera una mano invisible que lo controla, cada robot es autónomo. Seis meses atrás fueron “entrenados” para definir su estrategia de juego. A través de un sofisticado software aprendieron las tácticas y las reglas FIFA. Sin embargo, el resultado del partido solo depende de ellos.

Los representantes por Colombia en RoboCup, el encuentro de robótica más importante del mundo, hacen parte de un trabajo en equipo de maestros y alumnos de ingeniería electrónica de la Universidad Santo Tomás, que han hecho de la tecnología su proyecto de vida, demostrando los avances logrados en el país en este campo de la ciencia que evoluciona a pasos de gigante. “Somos un grupo de investigación avalado por Colciencias con 20 estudiantes y entre todos desarrollamos y lideramos proyectos en robótica móvil, inteligencia computacional y visión artificial”, explica Carlos Said Rodríguez, profesor y director del semillero, quien ha viajado con el equipo de fútbol a Turquía, México, Holanda y ahora calienta motores para el encuentro de este año que se realizará en China.

Durante la última década, la robótica se ha convertido en un aliado de la educación y en una pasión que corre por las aulas colombianas. Desde los colegios, los docentes utilizan sencillos prototipos para introducir a los alumnos en el mundo de la mecánica y la programación. En las universidades, en modernos laboratorios, jóvenes y profesores trabajan de la mano en la creación de robots aéreos, de seguridad, para la agricultura y la industria.

Así fue como la Universidad El Bosque decidió emprender su propio semillero. Inspirada en el trabajo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, líder en el desarrollo de inteligencias artificiales, comenzó hace diez años a construir robots pensando en la academia, la sociedad y la paz. “Con un grupo de estudiantes de ingeniería electrónica, que está aportando sus ideas e innovaciones de bioingeniería, empezamos a crear prótesis, hexápodos y prototipos de robots express capaces de buscar minas antipersona en cualquier terreno de Colombia, garantizando la seguridad de quienes realizan esta labor”, cuenta Holman Ariza, docente de la facultad de Ingeniería, quien además ha participado junto a sus pupilos en el All Japon Robot-Sumo Tournament, en la categoría Sumo Autónomo de tres kilogramos, en la que cada robot se activa en cinco segundos y se desplaza con fuerza hasta sacar a su contrincante de una pista de metal.

Pese a las complejas estructuras que cada año llevan a esta competencia los delegados de Turquía, Japón, Mongolia y España, el equipo colombiano ha logrado gracias a su experiencia y dedicación participar en las finales. Estos buenos resultados, junto con los esfuerzos de distintas universidades, motivaron a la academia a crear Runibot, el megatorneo de robótica nacional más importante. Un evento en el que varios colegios y más de seis instituciones de educación superior se reúnen para exhibir sus más recientes innovaciones y demostrar que más que un juego, los robots son pura ciencia.

Artesanos del futuro

No solo ingenieros participan en la construcción de un robot. Diseñadores, programadores, matemáticos y físicos son artífices de complejas estructuras que se materializan en humanoides (máquinas con características humanas), bípedos, cuadrúpedos y hasta drones. Por los corredores y laboratorios de la Universidad Javeriana, el grupo interdisciplinario de Investigación de Sistemas Inteligentes Robótica y Percepción (SIRP) se encarga de desarrollar un prototipo aéreo que, a través de un mapa digital georeferenciado, permite identificar minas.

Julián Colorado, profesor de ingeniería de esta institución, lidera otro ambicioso proyecto que pondrá en marcha un prototipo inspirado en la morfología y mecánica de vuelo de los murciélagos, capaz de asistir misiones de inspección y exploración. “En el rescate de víctimas de un incendio o en catástrofes naturales, la robótica es un complemento para hacer más seguros los procesos a través de sensores o cámaras térmicas”.

Otra de las instituciones pioneras en robótica es la Universidad Nacional, que por medio del grupo de Plataformas Robóticas construye por estos días una máquina subacuática. Ricardo Ramírez, profesor asociado y coordinador curricular de ingeniería mecatrónica, cree que gracias a estos logros Colombia podrá a mediano plazo liderar desarrollos históricos. “Nos preparamos para un futuro en el que los robots asistirán nuestras labores y necesidades diarias. Por eso es vital que el país genere conocimientos y que cada día emerjan más científicos con la capacidad de traducir las necesidades de la sociedad y de la industria en soluciones tecnológicas viables”.

Proyecto Darwin

Estimado en US$ 12.000, Darwin no es solo uno de los bienes más preciados de la Universidad Santo Tomás, también es una de las grandes novedades de la academia al ser un robot humanoide con cámaras, micrófonos, parlantes, sensores y 20 motores en todo el cuerpo que le permiten moverse. Puede caminar, sentarse, pararse de cabeza y aplaudir a través de un complejo sistema de programación. Su reto es convertirse en un aliado de la educación preescolar, enseñando conceptos sencillos como los colores y las figuras geométricas.

Runibot

Robot Velocista, robot sumo, robot mini-sumo, robótica social e innovación en robótica son algunas de las categorías más destacadas en este encuentro colegial y universitario que exalta, desde 2014, los mejores desarrollos de estudiantes entre los 15 y 25 años.

El Espectador


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