Llegar a Yachay es encontrarse con una gran cantidad de terreno, de alrededor de 4.800 hectáreas, en la que circulan, sobre todo, jóvenes con mochila, cuadernos en mano o simplemente en grupos caminando; y se observan plantaciones experimentales de riego y siembra, haciendas coloniales rehabilitadas, edificios y casas residenciales, calles trazadas y otras adoquinadas, oficinas, canchas deportivas, obreros trabajando jornadas completas, edificios que crecen en diferentes espacios de terreno, personal de la Empresa Pública con el mismo nombre de la ciudad, ataviado con la marca representativa del lugar; senderos turísticos… y mucho por construir.
La edificación de la ‘Ciudad del Conocimiento’ arrancó a principios de 2013. Desde ahí han pasado poco más de dos años y el avance es notable, pero el objetivo por alcanzar es aún mayor.
Hasta el momento, según informó Héctor Rodríguez, gerente general de la Empresa Pública (EP) Yachay, en diálogo con La Hora, se tiene habilitado poco más del 5% de lo que contemplará el complejo en su totalidad. El reto: para 2017 tener listo alrededor del 42% del total del parque tecnológico habilitado.
El proyecto tiene como meta convertirse en la primera ciudad planificada del país, lo que incluye viviendas, servicios básicos, seguridad, hospitales, escuela, supermercado… y, como en toda ciudad, debe vivir gente, que, en este caso, se extiende más allá de los estudiantes que ingresaron y que cursan los primeros niveles de la novel universidad.

En la actualidad, en el polígono de intervención de Yachay viven 2.200 personas: 1.200 en las comunidades que la integran y 1.000 entre la Universidad y los que forman parte de Yachay EP.

Además de un estimado de 300 personas denominadas como población flotante (obreros y trabajadores que no residen en el lugar, pero que acuden a diario).

Según informó el gerente general del proyecto, hasta 2017 se estima que residan ahí unas 12.500 personas. “Hay varios ejemplos internacionales en los que esto se vuelve como un centro comercial: grandes instalaciones en las que la gente va a trabajar en el día, pero pasan desocupados en las noches. Es un doble gasto porque hay que generar infraestructura urbana, servicios, las calles… y si no le das población, corren el riesgo de volverse ‘guetos’, que en la noche pueden ser demasiado peligrosos. Lo que perseguimos con la creación de una ciudad que crece junto a Urcuquí, y muy pegada a Ibarra, es generar un espacio de crecimiento armónico con el paisaje, con la realidad local que sirve como un ancla de trabajo para que haya gente de Ibarra que pueda trabajar en Yachay, pero para que haya gente que se quede a vivir acá”.

El proyecto está pensado para 30 años, desde el inicio de la construcción (2013) y se estima que para ese tiempo tendrá una población de 180 mil habitantes de manera permanente y una población flotante del 30% o 40%, en el mejor de los casos.

La idea, según dijo Rodríguez, es generar un espacio de vida y movimiento constante y de crecimiento organizado y armónico. “Tenemos contemplado el hecho de ir creciendo conforme se van instalando las empresas. Hasta el 2017 tenemos una meta muy fuerte de inauguración de obras. Entre estas las relacionadas con vivienda. La planificación se da de tal manera que el crecimiento debe ser ordenado para no tener invasiones ni nada por el estilo”.

Parte de esto ya es evidente. Las residencias estudiantiles se erigen como pequeños complejos residenciales de departamentos muy cercanos a la Universidad o a las de los profesores, que también se alojan ahí.

Para cumplir con ese objetivo, el trabajo en esos terrenos, que otrora formaban parte de una zona dedicada a la agricultura, no cesa y, cada cierto tiempo, se inauguran más edificios, laboratorios, se firman más contratos y se presentan los primeros resultados de la investigación, que poco a poco va rindiendo los frutos para los que se ideó el macro proyecto.

Por ejemplo, no hace mucho se lanzó una nueva variedad de fréjol, fruto de los estudios en el lugar. También se presentó la venta de tecnología de construcción de biorefinerías. “Eso es fruto de la investigación de becarios del Senescyt, de la alianza con otras universidades locales, de la inversión pública… La idea es generar una nueva dinámica, una economía basada en el conocimiento. Lo que vendemos o lo que queremos vender son tecnologías nuevas”, dijo Rodríguez.

¿Cómo nació?

El proyecto nació en el 2010, en la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades). Se concibió a Yachay como un parque tecnológico que busca ser un polo de desarrollo para el norte del país, teniendo como eje central, pero no único, a la universidad de tecnologías experimentales del Ecuador.
“Se concibe un proyecto como ciudad del conocimiento porque no solo es una universidad, sino un espacio que articula la industria de base tecnológica, que incluye a los institutos públicos de investigación y, sobre todo, a la parte privada de investigación. No al componente industrial, sino a las empresas que basan su gestión en la venta del conocimiento como principal factor de valor agregado”, comentó el gerente de Yachay EP.

Estructura y distribución
La Universidad no es el único proyecto, la idea es que sea una plataforma del conocimiento y para eso se integran los institutos públicos de investigación y luego las empresas privadas de bases tecnológicas y que generen conocimiento.
Para ello, la distribución gira alrededor de la casona universitaria y se organiza en una especie de cinco ‘barrios’, denominados “clusters” (Nota del editor: término derivado de conjuntos o conglomerados de computadores unidos por una red), según Rodríguez. Están el ‘cluster’ “de la vida, de ciencias de la tierra, de energía y transporte, de patrimonio y ciencias sociales, y el de tecnologías de información y comunicación. La idea es que todos trabajan en red y se configuran en una especie de barrios en la ‘Ciudad del Conocimiento’, atravesados por una lógica que se llama de uso mixto”.
“La Universidad se relaciona de manera directa con los clusters de investigación. Por ejemplo con el “de la vida”, en el que se encuentra el Iniap, el Instituto de la Biodiversidad, el ex Izquieta Pérez… varias instituciones que están orientadas a trabajar, en conjunto y de manera coordinada, en edificios que van concentrando estas actividades y alrededor de estos edificios se localizan las empresas de base tecnológica relacionadas con esta, como empresas de biotecnología”, agregó el funcionario.
El propósito es que se liguen empresas nacionales e internacionales, privadas y públicas. Así que la Empresa Pública vuelva atractivo el lugar para la inversión privada, para lo que se generan una especie de plataformas y que las empresas privadas puedan nutrirse de las investigaciones que se hagan ahí y, a riesgo propio, construyan sus propias instalaciones.
“Algo de eso estamos ya ejecutando en este momento, como las construcciones de IBM, la de Microsoft, la de China Telephone, que son espacios que van construyendo las empresas con su inversión de riesgo, no afectando al erario público, sino generando empleo. La intención es que la inversión pública que se hace en Yachay atraiga a la inversión privada”, señaló Rodríguez.
Según las proyecciones, se estima que el área de construcción para dentro de dos años sea de 1,2 millones de metros cuadrados.

Los conceptos sobre los que se construirá, de acuerdo a la distribución establecida en hectáreas, resultarían de la siguiente manera: parque tecnológico, 680; parque industrial, 720; área agroindustrial, 1.200; y el área del Iniap, aproximadamente 1.000 hectáreas, según dio a conocer el funcionario. “El resto son áreas de protección. Tolas, pucarás, áreas patrimoniales, que no van a ser urbanizadas y más bien se sostienen como un corredor verde para Yachay. En las áreas protegidas partimos con una iniciativa que es el jardín botánico de Yachay, que tiene alrededor de 120 hectáreas de uso exclusivo para investigación y fines también turísticos. Por el momento, se han desarrollado 3.5 kilómetros de senderos y esperamos, hasta finales del 2016, tener todas las hectáreas operativas”, dijo.
¿Cómo se financia?
El presupuesto que se estimó en el plan maestro para su construcción es de 1.034 millones de dólares para la primera fase, hasta el 2017. Eso incluye el financiamiento del proyecto Piñan – Tumbabiro, que sería la fuente de energía eléctrica más limpia y cercana a la ciudad de Yachay.
Hasta el momento, el presupuesto tiene una ejecución de 200 millones de dólares, 100 de estos en las primeras obras.
“Piñan-Tumbabiro cuesta 106 millones de dólares y estaremos anunciando una serie de contratos con financiamiento chino, que son parte de ese presupuesto. Alrededor de 400 millones serán para este año. Para los 30 años dependerá de los estudios que se hagan. Se financia con inversión pública, que pagamos todos los ecuatorianos, y mecanismos de fondeo externo”, comentó Rodríguez.
La intención es que para el 2017, Yachay EP cubra sus gastos operativos. “Los ingresos están dados por los arriendos de las empresas que vienen a asentarse acá. Por la venta de tecnología, por las capacitaciones, por las alianzas público-privadas que logramos y que se convierten en una nueva industria para el país”, agregó.

Actualmente, el presupuesto operativo de la ‘Ciudad del conocimiento’ bordea los 10 millones de dólares, que incluye labores de jardinería, mantenimiento, mantenimiento preventivo y obras complementarias. “Aspiramos a que el presupuesto no crezca mucho más. Es algo así como un Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD): tenemos que ocuparnos de los servicios básicos, que nuestros usuarios estén con las mejores prestaciones, como modelamiento de datos y más -manifestó el funcionario-. Ese presupuesto está incluido en el presupuesto primario de los 1.034 millones de dólares”.
Yachay se proyectó como un reto y un ambicioso proyecto para sus planificadores, que integra una fuerte inversión en busca de la generación de conocimiento. Los avances son visibles, pero el tiempo será el que demuestre si la apuesta tiene un ganador.

Comunidades del polígono
Antes de que llegara el proyecto a la zona, la población se dedicaba casi exclusivamente a la agricultura. Según Rodríguez, en un principio, a la mayoría, se les complicó el cambio de ocupación laboral. Sin embargo, ahora se agrupan en asociaciones o microempresas turísticas, de limpieza, mantenimiento de las instalaciones de Yachay. Al momento, alrededor de 70 familias se han vinculado a estas actividades y se siguen acoplando en agrupaciones emprendedoras de este tipo.
Se encargan de la limpieza de las residencias o de cortar el césped, del mantenimiento de las instalaciones, del lavado de ropa, de los recorridos turísticos, casi todos por iniciativa propia.
La intervención de la Empresa Pública se da con capacitaciones o capitales semilla y se tienen algunos proyectos más, que según comentó el gerente, empezarán en poco tiempo.

¿Por qué en Urcuquí?

Se eligió esa zona porque se buscaba alrededor de 2.000 hectáreas de intervención, donde no existan problemas sísmicos agudos, riesgo de inundaciones, un terreno plano y que no tenga mayor riesgo volcánico. Además de la accesibilidad, pues se ubica a aproximadamente a dos horas de Quito, tomando en cuenta la rehabilitación completa de la Panamericana Norte y a alrededor de 3 horas de un puerto marítimo, el de San Lorenzo.
La altitud y la baja concentración de humedad hacen más fácil el mantenimiento de los equipos y no hay un cambio de clima tan radical. También tiene fuentes de agua cercanas, como la de Chachimbiro, la cuenca del río Ambi o la cuenca del río Mira.

Arquitectura
La estética de la ciudad parte de la readecuación de lo patrimonial, trabajando con materiales propios de la zona, con la incorporación de elementos de alta tecnología y basados en una lógica que se denomina transecto. Empieza por las tolas, donde no se puede construir nada y hay que dejarlo como zona de protección.
Vienen las haciendas, con un máximo de dos o tres pisos y la obligatoriedad de utilizar techo de teja y el uso de ladrillo con los parámetros patrimoniales.
Luego edificios de máximo seis pisos visibles, que utilizan mucho ladrillo y hierro, que no desentonan con la arquitectura patrimonial de lo que eran las haciendas.
Luego hay otros edificios de hasta 12 pisos, que son el tope de construcción, en el cual se pueden construir oficinas o de uso mixto con técnicas modernas, pero no pueden estar junto a las patrimoniales.
Todo eso se convierte en una especie de codificación de los espacios públicos y privados. Además, la conformación de las calles no son para transporte pesado, sino que se vuelven óptimas para el traslado a pie o en bicicleta.

La hora


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