na15fo01César Albornoz fue elegido decano de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) tras la renuncia de José Luis Giusti, quien dejó el cargo envuelto en una serie de acusaciones surgidas en un conflictivo juicio de divorcio. Pese al contexto complejo en el que asumió, con denuncias y renuncias que en el transcurso de la primera mitad de este año sacudieron a la UBA, Albornoz aseguró que la universidad no atraviesa una crisis y alegó que se trató de acontecimientos inconexos. Un día antes de que el rector Alberto Barbieri anunciara que la Nación aprobó una partida extra de 15 millones de pesos para gastos de funcionamiento (ver aparte), el decano dijo que la universidad necesita un mayor presupuesto. Además, repasó las metas de su flamante gestión, entre las que destacó la internacionalización de la facultad y la incorporación de nuevas tecnologías.

–¿Estaba dentro de sus aspiraciones ser decano de esta facultad?

–La situación fue inesperada. Realmente no lo esperábamos y menos lo esperaba yo, que estaba trabajando en la Secretaría de Hacienda del rectorado en un proyecto junto con el rector Alberto Barbieri. Pero sí, cualquier profesor de la facultad que haya hecho toda su carrera docente como la hice yo, desde ayudante hasta profesor titular, ansía que cuando llega a ser titular tenga chances para ser decano.

–¿Quién lo propuso como candidato ante el consejo directivo?

–El bloque de profesores. Y obviamente nuestro bloque político, que conforman profesores, graduados y estudiantes, con el que venimos gobernando la facultad desde el 2006.

–¿Cuáles serán los ejes de su gestión?

–Estamos trabajando sobre varios puntos. Primero, la internacionalización, estamos abriendo nuestra facultad al mundo. Tenemos 45 convenios firmados con universidades del exterior, de intercambio tanto de docentes como de alumnos, y otros 47 convenios que están ya a la firma. Otro de los ejes tiene que ver con la tecnología, que ya estamos aplicando a todos los cursos de grado. Trabajamos bajo dos enfoques: uno de ayuda tecnológica a los profesores y otro de cursos virtuales. Tenemos hoy casi un 20 por ciento de las materias de todas las carreras en dictado virtual, lo que es importante porque es una nueva opción que recibe el alumno para poder cursar. Inclusive estamos terminando con Microsoft de desarrollar una plataforma similar a Skype mediante la cual alumnos y profesores se puedan comunicar. Por otro lado, está el tema de la biblioteca digital. Ya tenemos digitalizadas más de mil tesis de doctorado y estamos digitalizando las de posgrado. Después empezaremos con los libros.

–¿Tiene previsto proponer alguna modificación en los planes de estudio de la facultad?

–Estamos estudiándolo desde hace dos años y medio. Hemos hecho reuniones con los estudiantes y los profesores y estamos dándoles un perfil mucho más acabado a los planes de estudios de nuestras carreras. Pero no son muchas las modificaciones porque, en realidad, las materias se actualizan normalmente con los mismos profesores. Es decir, sobre los contenidos mínimos los profesores utilizan lo que diariamente va cambiando en la tecnología, la economía, las finanzas y lo modifican en sus programas. De todos modos, no me gusta hablar de reformas, me parece que es un concepto del siglo pasado y creo que deberíamos trabajar sobre modificaciones, más acorde al ritmo de cambio que la sociedad del conocimiento tiene hoy.

–Muchas veces se señala que Económicas ha sido una de las facultades de la UBA que más ha expandido su oferta de servicios arancelados. ¿Cómo se concilia esto con la autonomía de la facultad?

–¿Qué son servicios arancelados?

–Posgrados, maestrías, seminarios…

–Sí, es cierto, todos los posgrados nuestros son arancelados. Y yo creo que el posgrado debería ser arancelado, para eso el grado no es arancelado. Lo que no hemos hecho nunca es adherir a sistemas como el de Bolonia, en donde bajan la cantidad de años de grado para que eso se compense con posgrados arancelados. Eso no lo vamos a hacer nunca. Pero los posgrados de nuestra facultad tienen que ver con una experticia específica que no podría darse dentro del grado. Lo que sí sostenemos fuertemente es la universidad pública, libre, gratuita en el grado.

–También se ofrecen servicios arancelados para empresas.

–Eso es asistencia técnica y se la brindamos a aquellos que quieran usar los servicios de la facultad. Si en lugar de contratar a una consultora privada, una empresa o un organismo público quiere contratar a la UBA porque valora esa chapa en el informe, yo pongo gente a trabajar ahí adentro, profesores, graduados, estudiantes y hay que pagarles, porque gratis no trabaja nadie. Entonces les cobramos por el servicio que ofrecemos y la facultad se queda con un porcentaje ínfimo.

–Ahí es donde aparece la crítica de que tal vez se orientan esfuerzos de la universidad pública a investigar temas propuestos por las empresas en vez de destinar esos esfuerzos a trabajos más vinculados con los intereses nacionales.

–Es que esto no es investigación, son cosas puntuales. Por ejemplo, yo trabajé en proyectos en los que la Anses colocaba dinero a empresas y nos pedía que evaluemos la capacidad de repago que tenía la empresa, por ejemplo, General Motors. Eso no es un estudio, es un análisis específico y eso son los trabajos que hacemos nosotros. Es decir, yo no uso el trabajo de investigación, a mí no me llamaron para investigar cómo ampliaban la planta de General Motors, por ejemplo.

–¿Cómo utiliza la facultad los recursos que genera?

–Para abrir la puerta todos los días. Esta facultad se mantiene con eso más el presupuesto público. Complementa la posibilidad de que podamos hacer un montón de cosas más, como que los alumnos tengan una biblioteca muy actualizada, que podamos renovar los bancos, que podamos pintar la facultad, que podamos hacer obras.

–Es decir que suple lo que debería estar garantizado por el presupuesto público.

–Sí, claro, eso es lo que siempre sostiene el rector: que deberíamos tener más presupuesto. Pero lamentablemente no lo tenemos. Contamos con lo que nos dan y con eso intentamos vivir.

–¿Qué opinión le merecen las denuncias que han circulado contra el ex decano Giusti y otras personas relacionadas con la facultad, como el secretario de Hacienda de la UBA, Emiliano Yacobitti?

–En esta casa de estudios nunca tuvimos una denuncia de ningún tipo; ni judicial ni ninguna presentación hecha por un miembro del consejo. No nos podemos hacer eco de cada una de las cosas que aparecen. El ex decano renunció por un problema personal, netamente personal. No renunció por una denuncia ni por nada del estilo. Fue un problema entre él y su familia y punto.

–También hubo denuncias por malversación de fondos públicos contra las autoridades de Derecho y ha renunciado luego de una serie de acusaciones el ex vicerrector Darío Richarte. ¿Encuentra alguna relación entre estos acontecimientos?

–Nada, son cosas totalmente aisladas.

–¿Hay crisis en la UBA?

–No. La UBA sigue funcionando totalmente bien. Sociales, Filosofía, Derecho, Económicas, Odontología, Veterinaria… no hay ninguna facultad cerrada.

Entrevista: Delfina Torres Cabreros.

Página12


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