Investigadores de Bahía Blanca, en colaboración con científicos de Mar del Plata y Bariloche, fabrican sistemas de partículas magnéticas diminutas que pueden minimizar los efectos secundarios de los fármacos en el tratamiento de dolencias crónicas.

Se trata de un trabajo multidisciplinario de laboratorio, que incluye pruebas en ratones, y del que toman parte al menos cinco grupos de investigación de diferentes institutos dependientes del Conicet y de la Universidad Nacional del Sur.

La investigación da cuenta de que, cuando se logra dirigir las nanopartículas magnéticas hacia el órgano afectado, se reducen las consecuencias que el tratamiento farmacológico produce en el resto del cuerpo sano. Por lo tanto, sería de vital importancia en el caso de afecciones crónicas, como artritis o cáncer.

Según explicó a Argentina Investiga la doctora Verónica Lassalle, del Instituto de Química del Sur (UNS-Conicet), las nanopartículas (compuestos de tamaños del orden de una millonésima parte de milímetro) tienen diversas aplicaciones, pero se destaca su uso en medicina y en el barrido de contaminantes. En el caso de las nanopartículas magnéticas, la ventaja adicional es que pueden dirigirse mediante la aplicación de un campo magnético externo.

“La mayor desventaja de los tratamientos que implican transporte de medicamentos es su inadecuada distribución en el cuerpo. Las drogas terapéuticas se administran generalmente en forma intravenosa y, por lo tanto, se dispersan en el torrente sanguíneo, con el consecuente efecto no deseado de que actúan sobre todo tipo de células, incluidas las sanas. Por ejemplo, los efectos secundarios de la administración de antiinflamatorios en pacientes con artritis crónica conllevan a la suspensión de su uso. Si su aplicación pudiera localizarse sólo en la parte afectada, podría aplicarse una droga potente y efectiva de forma continua”, destacó.

“Las propiedades magnéticas son las que vuelven a estos sistemas particularmente interesantes, dado que pueden dirigirse, guiarse u orientarse por simple aplicación de un campo magnético externo generado por un simple imán”, agregó.

Lasalle también explicó que “la posibilidad de guiar a los nanosistemas al lugar donde se requiere el fármaco permitiría minimizar los efectos secundarios asociados a la mayoría de las drogas, además de reducir las dosis administradas. Este tipo de beneficios son especialmente valorados para el tratamiento de enfermedades oncológicas o inflamatorias crónicas (artritis reumatoidea, por ejemplo)”.

“La investigación que desarrollamos pretende contribuir a la solución de las problemáticas descriptas a partir del diseño y aplicación de nanopartículas magnéticas (formadas por un corazón que presenta magnetismo recubierto con diferentes sustancias), encapsulando el fármaco deseado (un antiinflamatorio o antitumoral)”.

A tal efecto, indicó que se realizaron estudios in vitro usando fluidos que simulan el medio corporal y sobre líneas de cultivos celulares. Se estudió la liberación de fármacos y los perfiles registrados resultaron ser apropiados de acuerdo a la acción terapéutica esperada. Los ensayos de bioacumulación se realizaron con ratones a los que se les administraron nanopartículas magnéticas durante distintos períodos de tiempo (24 horas y 28 días). En la actualidad se realizan ensayos para evaluar la selectividad de las nanopartículas para alcanzar el órgano o tejido de interés y la acción terapéutica.

El grupo está integrado por las investigadoras Mariela Agotegaray y Fernanda Horst y la becaria Pamela Azcona, del Instituto de Química del Sur, y trabajan en colaboración directa con grupos de investigación de la Planta Piloto de Ingeniería Química, otro instituto que depende del Conicet y la UNS, y del Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia, de esa Casa de Estudios, como también del Instituto de Tecnología de los Materiales (Conicet Mar del Plata), y del Instituto Balseiro (Centro Atómico Bariloche).

Argentina Investiga

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