Por Mariana Carbajal

“Estamos muy satisfechos. Hay un presidente y una presidenta que han puesto la educación en el centro. No sólo en el aspecto presupuestario, que no es un aspecto menor, sino por una serie de políticas y decisiones que se han tomado en estos 12 años de gestión. Todo eso no impide que cualquiera advierta que falta mucho. Pero la discusión que ha tenido el tema en este último proceso electoral habla de la importancia que la sociedad le ha asignado a la educación”, destacó el ministro de Educación, Alberto Sileoni, en una entrevista de Página/12, en la que repasó avances y desafíos pendientes y marcó nítidamente las diferencias con el modelo educativo que propone el macrismo. “Nosotros no llamaríamos de calidad a un sistema educativo con mejores resultados y menos alumnos. Hay sectores que lo harían”, afirmó.

A menos de un mes de dejar su despacho en el Palacio Sarmiento, Sileoni sigue gestionando: en el mismo salón donde transcurre la charla, a continuación está prevista la firma de un convenio con su par de Cultura, Teresa Parodi, para fortalecer los museos universitarios. Sileoni llegó como viceministro de Daniel Filmus, al comienzo de la presidencia de Néstor Kirchner, en mayo de 2003. Volvió luego a la Ciudad –de donde venía–, por un año, como ministro de Jorge Telerman entre marzo de 2006 y febrero de 2007. Y regresó a Nación, donde en julio de 2009 asumió como ministro. Dice que no tiene planes a partir del 11 de diciembre. “Seguir trabajando en este proyecto político, en el que vengo trabajando desde mi juventud, antes de que Néstor y Cristina fueran lo que fueron. Y también relacionado con la educación”, es lo único que dice sobre su futuro.

–Si tuviera que hacer un punteo con cinco decisiones que destaca de la gestión, ¿cuáles enumeraría?

–En estos años aumentó el porcentaje del PBI dedicado a la Educación más del 3 por ciento. De 3,4 a 6,2, partiendo de un PBI significativamente distinto al actual. Esa fue la decisión política de Néstor Kirchner. La primera etapa de nuestro gobierno en la Educación estuvo caracterizada entre otras cosas, por la construcción de un aparato legal fuerte: ley de 180 días de clase, de Financiamiento Educativo, de Educación Técnico-profesional, de Educación Nacional que hace obligatoria la secundaria y lleva de 10 a 13 años la obligatoriedad de la educación, a la que el año pasado le añadimos un año más, desde los 4 años. Hemos pasado de 10 a 14 años de educación obligatoria. Ratificamos a la educación como un bien social, no transable, garantizado por el Estado. Volvimos a llamar primaria y secundaria y a ordenar el sistema educativo. En educación universitaria, hemos pasado de 2000 millones de pesos de presupuesto en 2003, a más de 40 mil este año.

–Y más allá del marco normativo, ¿qué medidas de gestión subrayaría?

–Una que algunos sectores se empeñan en desacreditar, que es la incorporación de niños y jóvenes al sistema educativo: 350 mil chicos más en el nivel inicial, 400 mil en el nivel secundario, el nivel primario estaba plenamente satisfecho, 500 mil más en la universidad. Alguno dicen: los amontonan…

–Hay voces de la oposición que cuestionan el rezago escolar en el secundario y el bajo porcentaje de egreso en la universidad.

–Sí, es un fenómeno que pasa en todas las sociedades, que no son muchas, que tienen universidad de masas, con ingreso irrestricto, aunque en realidad no es que uno pasa por la puerta y ya se convierte en alumno: hay dispuesto por las universidades diversos modos de incorporación. Algunas como la UBA, tienen el CBC; otras, cursos de nivelación. Pero la universidad es gratuita. Ahora está cerca de cada uno de los jóvenes y esto hace que haya una mayor posibilidad de estudiar y que sea un derecho que los jóvenes toman. ¿La masividad, en algún sentido, tiene relación con las tasas de egreso? Claro que lo tiene. Nosotros ratificamos el valor de la masividad y no nos quedamos describiendo el fenómeno, sino que tenemos políticas. Ahí hay una de las claves que es ideológica: el ingreso debe ser irrestricto y después hay que sostener a los jóvenes en la universidad, con cursos, programas de calidad y para que egresen. No estamos a favor, como otros sectores, en este caso la derecha, el PRO, con un criterio selectivo para que entren en la universidad.

–El PRO votó en contra en contra de la ley de gratuidad de la universidad que se aprobó hace pocos días…

–Recomiendo, con dolor, el análisis de ese debate, donde algún diputado del PRO dice que la universidad se está llenando de vagos y extranjeros. Gabriela Michetti cuando se votó en el Senado abandonó el recinto. Hay ahí también una definición. Espero que no sea tomado como una campaña sucia. Lo que quiero decir es que hay un camino de inclusión, que no está exento de peligros, y hay otro. Cuando alguien dice que se incorporan a la escuela pero no aprenden lo que tienen que aprender, yo coincido con ese razonamiento. ¿Para qué se incorpora un niño a la escuela? Para aprender. El fraude es que estén afuera de la escuela o estén adentro sin aprender. Pero cómo puede no verse la diferencia entre estar en la esquina y estar en la escuela. Cómo alguien no puede entender que la falta de aprendizaje es simétrica a la exclusión. Y esto lo escucho en el pensamiento educativo de la derecha. Pareciera que nosotros estamos en defensa de una inclusión sin aprendizaje y por supuesto que no es así. Aun cuando un joven esté con un pie adentro y otro afuera de la escuela, está rodeado de otros jóvenes, puede ser mirado por un adulto, puede estar atrapado por un proyecto de vida. ¿Cómo no se puede ver la amenaza del sinsentido de la esquina? ¿Por qué los que recién comienzan son los que menos aprenden? Porque llegan a los niveles educativos los sectores más desposeídos. Los hijos de las clases medias van a la sala de 2 desde hace 15, 20 años. ¿Quiénes son estos 350 mil pibes que se incorporan al nivel inicial? Vienen de sectores carecientes.

–Llegamos a este punto cuando le pregunté por cinco iniciativas que destacaría..

–Mencionaría también las 3000 escuelas nuevas, con dirección, 2000 construidas y 1000 más en proceso de construcción. El ingeniero Macri dice que va a hacer 3000 jardines y en 8 años de gestión en la Ciudad construyó apenas cuarenta y pico de escuelas. Distribuimos 90 millones de libros, bellos libros que están en todo el país. ¿Alcanza para mejorar la lectura? No. Con los libros desterramos las fotocopias y junto con esto hacemos acciones para que los chicos lean. Distribuimos 5 millones de netbooks. Nunca pensamos que las netbooks eran instrumentos mágicos, que iban a mejorar de un día para el otro la educación. No sustituye al libro ni al docente. Pero incorporamos la tecnología a la educación. Otra medida… para ser maestro en la Argentina necesitabas tres años de formación, ahora son cuatro, es decir, aumentamos un 25 por ciento más. Además, incorporamos un programa de formación docente que se llama “Nuestra escuela”, por donde ya han pasado miles de docentes. Nos hemos propuesto capacitar al millón de docentes en tres tercios, y el último tercio será el año que viene. Hemos bajado de 2,6 a 1,8 el analfabetismo: Argentina es un país libre de analfabetismo. Hemos construido dos canales educativos, Pakapaka y Encuentro, 16 nuevas universidades, donde más del 90 por ciento en algunos casos son primeras generaciones de universitarios. “¿Para qué queremos tantas universidades?”, dice Macri en un video que está circulando. Ahí hay una clave. Tantas universidades porque hay muchos jóvenes que si viven en Florencio Varela por ahí no pueden pagar el transporte para ir a la UBA, y así estudian cerca de su casa.

–En relación con el nivel secundario, un problema es la repitencia y el abandono escolar.

–Hay un problema que debemos abordarlo, que también está en el primario, y es que debemos mejorar nuestros aprendizajes. El secundario tiene un problema más específico, que el joven puede conducir su voluntad y puede decir, “no voy más”, algo que no ocurre en la primaria. Es decir, tenemos un problema sobre el egreso en el que tenemos que trabajar. Lo escuchaba al ministro (Esteban) Bullrich decir en un programa de televisión que la ley que establece la obligatoriedad del secundario tiene diez años y todavía la mitad no egresa. Por un lado, es también un fenómeno de la ciudad de Buenos Aires, que tiene el PBI más alto. Quizá podríamos coincidir, si pudiéramos bajar esta alta adjetivación electoral, que ahí tenemos un problema complejo. El país demoró 90 años en cumplir la ley 1420, que es de 1984: todos los argentinos tuvimos el primario en 1980. Ahí hay otra trampa: en hacer sencillo lo que es complejo. Argentina tiene la obligatoriedad del secundario superior. Muchos países en América tienen la obligatoriedad hasta 9º año, nosotros la tenemos hasta el año 12 (seis de primario, seis de secundario). Hace ocho años egresaba el 36 por ciento en tiempo y forma. Hoy egresa el 46 por ciento y si a esa cohorte la esperás unos años más, agregás a un 12 por ciento más. Estamos casi en el 60 por ciento de egreso. ¿Es satisfactorio? No. Pero es un proceso complejo que puede llevar tiempo. La Asignación Universal por Hijo y el Progresar, ayudan. Paralelamente digo –y no justifico lo que nos falta en el secundario– que con el Plan Fines tenemos 620 mil egresados más que no tenían el secundario.

–Otra crítica que sectores conservadores le hacen es que en los últimos 10 años la Argentina pasó del primer lugar en Latinoamérica al séptimo en las pruebas internacionales PISA. Quedó detrás de Chile, Uruguay, Colombia y Brasil.

–Para que no nos pongan en un lugar de la negación, hay que decir que somos la gestión de gobierno que decidió incorporarse a las pruebas PISA en 2006, 2009, 2012 y 2015 –que se hizo este año y cuyos resultados van a estar el año que viene– y ya hemos dicho que queríamos estar en el 2018. Estamos a favor de las evaluaciones. Con las internacionales a veces podemos tener diferencias pero sirven. Los resultados de Argentina 2012 –que se conocieron en 2013– son similares al 2000. Algunos dicen que estamos estancados. Nosotros decimos que está estabilizado en un resultado que no es satisfactorio. Pero también quiero decir: Argentina es el único país, junto a Chile, que tiene el 83 por ciento de cobertura en la educación secundaria. Chile tiene mejores resultados, tampoco oculto esa parte de la verdad. Pero no me comparen con sistemas educativos que tienen el 60 o setenta y pico por ciento de cobertura. Porque ese 10 o 12 por ciento de diferencia son los sectores más carecientes que estamos incorporando a la escuela. Y vamos a repetirlo hasta que nos vayamos el 10 de diciembre: nosotros no llamaríamos de calidad a un sistema educativo con mejores resultados y menos alumnos. Hay sectores que lo harían.

–¿Cómo mejoraría la calidad educativa si tuvieras más tiempo de gestión?

–Uno de los problemas que quedan y que debiera resolverse –lo hemos tratado y no pudimos avanzar–, es que tiene que haber una continuidad pedagógica mayor en la Argentina. Sobre todo en el secundario tenemos que trabajar más para que haya mayor presencia de alumnos y docentes. A veces hay un alto ausentismo de ambos en todas las jurisdicciones. También en la ciudad de Buenos Aires.

–¿A qué se debe?

–Hay aspectos normativos, sobre los cuales pienso que no se puede regresar. Lo hemos tratado muchas veces con los gremios en paritarias y lo que nos dicen es, a veces con razón, “que las provincias controlen”. Hay controles sanitarios sobre las licencias que se hacen a veces deficitariamente.

–Este aspecto apareció en la campaña electoral. Massa lo planteó. Es un tema que preocupa a las familias que mandan a sus hijos e hijas a las escuelas públicas.

–Es uno de los temas que debemos resolver como sociedad. Es un aspecto que lesiona a la escuela pública. Porque el docente de escuela privada gana el mismo salario que el de la pública, pero ahí hay otra cultura. Añado a esto que es un problema cultural. Hay otra problemática, que la hemos hablado con los gremios más de una vez, y es que el salario docente en la Argentina se ha elevado en el último tiempo significativamente, contra toda medición de inflación posible. Siempre son buenas las demandas. Pero no hemos logrado que la demanda por mejores salarios no implique la pérdida de días de clase.

–Pero son dos temas distintos: por un lado la pérdida de clases por huelgas y por otro, por ausentismo debido a otras razones…

–Sí, uno es estacional y otro un goteo que se produce diariamente. Ambos deslucen un esfuerzo que ha hecho la comunidad y el Estado para consolidar el prestigio de la escuela pública. Ese es un problema que puede incidir en el aprendizaje. Otro es la necesidad de más cantidad de escuelas de jornada extendida. La ley de Financiamiento hablaba de 30 por ciento, pero en el último tiempo hemos avanzado mucho. Entre 2008 y 2014 se incorporaron 226.778 alumnos a escuelas de jornada extendida o completa.

–Un eje que no señaló es el de la educación sexual integral, donde se observa una diferencia con la ciudad de Buenos Aires, que se han experimentado retrocesos en su aplicación durante la gestión macrista.

–Hemos avanzado mucho y también nos damos cuenta de todo lo que falta. Todavía no se implementa la educación sexual en toda la Argentina, pero sabemos que son procesos. La ciudad de Buenos Aires no avanza sobre estos temas, no pone énfasis. Ahí también hay una definición ideológica.

Página12

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