En pocos días, se conocerá en Santiago de Chile el informe “Educación para todos”, de Unesco. Este estudio que revela el estado de avance de los sistemas educativos y los desafíos pendientes de América latina y el Caribe da cuenta de la expansión que logró la Argentina convirtiéndose en uno de los países más igualitarios de la región. También ratifica que, entre los desafíos, se encuentra mejorar los aprendizajes.

Al respecto, Argentina ha desarrollado en los últimos doce años una verdadera política de evaluación de su sistema educativo rigiéndose por nuestra Ley Nacional de Educación, que en su artículo 97 determina que “la política de difusión sobre los resultados de las evaluaciones resguardará la identidad de los alumnos, docentes e instituciones educativas (…)”

Nuestro país tiene una clara política de evaluación e información de dichas evaluaciones. Más aún, estamos evaluando como nunca antes se evaluó en la Argentina. El Operativo Nacional de Evaluación (ONE) tiene carácter muestral para alumnos de 3º y 6º grado de nivel primario y para estudiantes de 2º y 3º año de la educación secundaria. Pero además se ha tomado examen a cada uno de los más de 280.000 jóvenes que se encuentran en el último año del nivel al momento de realizarse el relevamiento. Precisamente, en base a esos datos, el Ministerio comenzó a elaborar, el año pasado, el índice de Mejoramiento de la Educación Secundaria (Imesa), un indicador que conjuga tres factores (regularidad de la trayectoria escolar, tasa de egreso y resultados de las evaluaciones de desempeño), que permite que cada escuela desarrolle sus propias estrategias educativas destinadas a mejorar los procesos de aprendizaje y enseñanza.

No sólo tenemos un conjunto de mecanismos para evaluar lo que aprenden nuestros alumnos en distintos momentos de su trayectoria educativa sino que además participamos de pruebas internacionales, como PISA o Terce de Unesco. Los datos de esas evaluaciones son enviados a los ministerios provinciales y a cada una de las escuelas; con ellos tenemos la primera obligación como Estado Nacional.

En síntesis, evaluamos con el objetivo de mejorar la calidad de nuestro sistema educativo, que es uno de los más igualitarios de América latina. No aspiramos a construir rankings ni que nuestras escuelas compitan entre sí, como es deseo de algunos sectores. Nuestra responsabilidad como Estado Nacional y nuestra convicción es que todas mejoren independientemente del lugar que ocupen.

Cabe destacar que la información educativa se construye sobre los datos federales aportados por cada una de las provincias y se hace pública mediante anuarios estadísticos e informes temáticos disponibles en soporte papel y en el sitio oficial del ministerio, en investigaciones cuantitativas y cualitativas que dan cuenta del desarrollo de las políticas públicas.

Dicho esto, es importante enfatizar que consideramos que evaluar todos los años no sirve, porque no es posible procesar responsablemente los datos obtenidos; en este sentido, la periodicidad de las evaluaciones es una materia opinable y en el caso de Argentina, estuvo sometida a la decisión del Consejo Federal de Educación, integrado por los máximos responsables educativos del país. Por ejemplo, el estudio PISA se realiza cada tres años y Unesco se tomó siete de intervalo entre un estudio (Serce en 2006), y otro (Terce en 2013).

Estamos en condiciones de discutir el mejoramiento de los aprendizajes porque llevamos muchos años construyendo las condiciones de base, esta gestión ha restaurado la materialidad educativa a partir de la cual se imponen las metas de mejoramiento de los desempeños escolares. Terminaremos la gestión con 2000 escuelas construidas y casi 1000 más en licitación y en construcción, 7000 escuelas refaccionadas y ampliadas, recuperamos la escuela técnica, creamos 14 nuevas universidades, la apertura de paritarias, entrega de 4.700.000 netbooks, distribución de aulas digitales en establecimientos primarios, 90 millones de libros en las aulas y la implementación de iniciativas como la Asignación Universal por Hijo (AUH), el plan Progresar y el plan Fines para nuestros adultos.

Para concluir, quiero expresar que los supuestos expertos que en estos días han hablado de evaluación fueron parte de gestiones de gobierno que poco o nada hicieron por la educación de nuestros niños y jóvenes.

Es cierto, somos los primeros en reconocer los desafíos que tenemos por delante, pero esos desafíos se van a concretar solamente si profundizamos este camino.

Fuente: Página12


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