Por Daniel Cholakian, Tomás Forster y Lucía Cholakian Herrera

La victoria de Mauricio Macri, en el ballotage presidencial del último domingo en Argentina, delinea un momento latinoamericano caracterizado por el resurgimiento de fuerzas neoconservadores que, apuntaladas discursivamente por un conglomerado de medios de comunicación locales e internacionales, comenzaron a crecer en sus desempeños electorales. Luego de una década y media de avances, era que comenzó con el primer mandato de Hugo Chávez en 1999, y que abrió una etapa regional marcada por la coincidencia entre diversas experiencias nacionales, populares y democráticas, desde Nodal Cultura nos preguntamos: ¿cómo influye en la vida cultural de los pueblos latinoamericanos este giro a la derecha que se efectivizó en la Argentina y que busca expandirse a nivel regional?

La experiencia histórica demuestra que el neoliberalismo no tiene como objetivo sostener un sistema de cultura público, popular e inclusivo. Más bien, lo contrario: su modo de gestión prioriza la promoción de una cultura de élite, inspirada en los modelos mercantilistas de los países centrales, desplazando, ocultando o reprimiendo toda cultura que se manifieste desde las entrañas de la vida social, a la que consideran ajena al modelo de producción cultural deseable, en una escena que propone una alineación con los modelos globales de construcción de espectáculo.

Su arsenal argumentativo se inscribe en la más anquilosada tradición liberal: esfuerzo individual, el culto a lo privado y a las “bondades” de la supuesta mano invisible de un mercado que no precisa de la intervención del Estado. Esta tradición ideológica, que hoy detenta la hegemonía global, tiene su correlato en la vida cultural: mercantilización de las prácticas culturales populares y ancestrales; estandarización del trabajo artesanal y la “puesta en valor” turístico del patrimonio cultural regional; espectacularización del arte por la que toda expresión artística se subordina a la lógica del mercado del entretenimiento. Inclinación, también, por una lógica mercantil en la producción del campo audiovisual  y, por último, establecimiento de una visión paternalista sobre el modo de vincular la cultura y los sectores populares, invisibilizando lo que late, vive y se recrea en el espacio público.

En resumen: la cultura popular diluida por una lógica del entretenimiento de masas, de la puesta en escena de grandes fenómenos de la industria del espectáculo. La música, la pintura, la literatura, la vida intelectual, el teatro, la danza, el cine, la gastronomía, son convertidos en meros artificios para una minoría refinada mientras a la enorme mayoría se la excluye de la posibilidad de encontrarse con lo más genuino de sus propias tradiciones y con las expresiones más novedosas y creativas.

La cultura latinoamericana fue, es, y será siempre una cultura de la resistencia. Siempre ha hecho arte con el silencio, la furia y la injusticia. Innumerables fueron los momentos de opresión y sojuzgamiento que padecieron nuestros pueblos y pocos los de satisfacción y alegría, en estos cinco siglos. Una cantidad infinita de cantores populares, actores, escritores, poetas y pintores marcaron con su lucha a generaciones de latinoamericanos, crearon una historia no-oficial para desafiar las narrativas hegemónicas y muchos llegaron a perder su vida peleando contra el sometimiento ejercida por el imperialismo de turno y sus lacayos locales. En los últimos años, la recuperación de las identidades originarias, las lenguas, las prácticas culturales más diversas, generaron un mecanismo que operaba dialécticamente entre la integración y la resistencia. Ahí está el ejemplo de la lucha de los pueblos andinos que llegaron para cambiar la historia de Bolivia al punto de refundarla constitucionalmente y convertirla en el Estado Plurinacional que es hoy en día.

La idea de una cultura popular latinoamericana no fue ni es una quimera cuando va acompañada de un proceso político, económico, social y cultural que reivindica la identidad de nuestros pueblos, que no reduce a mero show para turistas a nuestras grandes expresiones musicales o que no condena al museo a las costumbres vivas de nuestros compatriotas originarios.

Desde Nodal Cultura concebimos al periodismo cultural como un ejercicio diario por difundir la capacidad creativa que anida en nuestra tierra latinoamericana, como una iniciativa que contribuye a hacer circular todas las voces que hacen de la capacidad crítica su motor de inspiración. Como una propuesta que busca abrir espacios para que todas las expresiones tengan su lugar poniendo un especial énfasis en hermanarnos con aquellos que, como nosotros, defienden una concepción que no acepta que la cultura sea una mercancía más, que se liga con la defensa de lo público, con la incorporación de aquellos actores que permanecen excluidos, con la defensa de una política de la emancipación que fraterniza con los silenciados, los humillados y desesperanzados.

Nodal Cultura