A unas horas de que se conozca quién sucederá a José Narro Robles como rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ayer por la noche continuaba el proceso de deliberación para determinar quién, de entre los 10 candidatos, tiene los méritos para relevarlo en el cargo.

Desde el martes pasado, la Junta de Gobierno de la UNAM, integrada por 15 notables, se reunió en pleno para comenzar con la deliberación de los desafíos de la institución y sobre quién tendría el mejor perfil para enfrentarlos con base en el diálogo y consenso.

Ayer por la noche, 14 de los 15 notables —Óscar de Buen Richkarday se encuentra en Seúl para participar en el Congreso Mundial de Carreteras— estaban reunidos para votar en favor de alguno de los 10 candidatos.

De acuerdo con fuentes consultadas, el proceso de deliberación continuaba debido a que ninguno de los aspirantes alcanzaba los 10 votos como mínimo para ser electo rector.

La Junta tomará la decisión luego de analizar los argumentos contenidos en las manifestaciones de apoyo a diversos universitarios, el currículum y trayectoria, el programa de trabajo presentado por escrito y expuesto en forma oral ante la Junta de Gobierno, y las respuestas emitidas a las preguntas formuladas por los integrantes de este órgano colegiado.

Asimismo, para su decisión, la Junta toma en cuenta la situación general del país, de la educación superior y de la propia UNAM.

Quien resulte ganador será el rector número 34 desde que se fundó la Universidad Nacional en 1910, y se prevé que el 17 de noviembre próximo se realice la ceremonia de toma de protesta para el periodo 2015-2019.

El proceso. El pasado 24 de septiembre, la Junta de Gobierno dio inicio formal al proceso de sucesión del rector José Narro Robles, con la emisión de la convocatoria.

Se realizó un periodo de auscultación entre la comunidad, de manera presencial, del 25 de septiembre al 21 de octubre, y por correo electrónico, del 25 de septiembre al 31 de octubre. A través de este ejercicio se expresaron más de 66 mil universitarios.

La Junta de Gobierno modificó sus reglas —al menos con respecto a las dos últimas convocatorias— al pedir a los interesados que quisieran ser considerados en el proceso de designación, entregar sus proyectos de trabajo hasta antes del 5 de octubre pasado.

Con esas reglas fueron 16 los aspirantes a concursar por la rectoría.

No obstante, el pasado 22 de octubre la Junta dio a conocer los nombres de los 10 que consideraba reunían los requisitos necesarios para llegar al cargo y los llamó a entrevista.

La semana pasada se realizaron las entrevistas a Sergio Alcocer Martínez de Castro, investigador del Instituto de Ingeniería; Francisco Bolívar Zapata, investigador emérito del Instituto de Biotecnología; Fernando Castañeda Sabido, director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Javier de la Fuente, director de la Escuela Nacional de Estudios Superiores León.

Además, a Enrique Luis Graue, director de la Facultad de Medicina; Héctor Hernández Bringas, coordinador de Planeación, Presupuestación y Evaluación; Juan Pedro Laclette San Román, coordinador de Posgrado; Leonardo Lomelí Vanegas, director de la Facultad de Economía; Suemi Rodríguez Romo, ex directora de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, y Rosaura Ruiz Gutiérrez, directora de la Facultad de Ciencias.

Los electores. Ayer se reunieron 14 de los 15 integrantes que conforman la Junta de Gobierno de la UNAM, a quienes se les considera notables. Faltó el ingeniero civil especializado en carreteras, Óscar de Buen Richkarday, quien es actualmente y hasta 2016 presidente de la Asociación Mundial de Carreteras, y que ahora está en Seúl, Corea del Sur, para participar en un foro mundial que aborda este tema.

Acudieron José de Jesús Orozco Henríquez, quien integra la dirección de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para el periodo 2010-2017, y el economista Mario Luis Fuentes.

También forman parte de la Junta de Gobierno René Asomoza, director general del Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE); Teresita Corona Vázquez y Alejandro Mohar Betancourt, ambos médicos. La primera es directora general del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, y el segundo forma parte de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes.

El veterinario Luis Alberto Zarco Quintero, ex director de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, es el único miembro de la Junta de Gobierno que no ha sido nombrado durante el periodo del rector José Narro Robles (noviembre 2007-2015).

Además, el politólogo e historiador Javier Garciadiego Dantan, los sociólogos René Millán y Gina Zabludovsky; el químico Francisco Xavier Soberón Mainero; el sicólogo Francisco Tirado Segura; el ingeniero geofísico, Jaime Humberto Urrutia Fucugauchi; la astrónoma mexicana Irene Cruz González Espinosa y la filósofa Maite Ezcurdia.

El Universal

Se entrampa la elección de rector

espués de todo un día de debate, la Junta de Gobierno no alcanzó acuerdo para elegir al nuevo rector de la UNAM.

La baraja de perfiles que ha centrado el interés de la Junta, en cuatro sesiones continuas, está integrada por seis de los diez finalistas, pero sin descartar a alguno. La diversidad de opiniones sobre la capacidad de cada uno ha prolongado la decisión de manera inédita a más de un día.

La Junta de Gobierno se
reunió martes, miércoles y ayer jueves, sin lograr consensos, y está previsto que vuelva a reunirse hoy y medir si puede votar este mismo viernes para definir al rector o hasta la siguiente semana.

Para que un aspirante gane necesita de al menos diez de los 15 votos de la Junta, que trabajó esta semana con 14 miembros, pues Óscar de Buen está en un foro internacional en Corea del Sur.

La postergación de la decisión muestra que ninguno de los aspirantes cuenta con los diez votos mínimos para que pueda abrir la última votación a fin de lograr la unanimidad.

Desde temprano, la Junta se reunió para el debate en torno a los perfiles de Sergio Alcocer, Francisco Bolívar Zapata, Fernando Castañeda, Javier de la Fuente, Enrique Graue, Héctor Hernández Bringas, Juan Pedro Laclette, Leonardo Lomelí, Suemi Rodríguez y Rosaura Ruiz.

Así, por primera vez requirió de más de un día para ponerse de acuerdo en torno a un candidato, a pesar de que desde el arranque del proceso de sucesión la mayoría de las previsiones universitarias era que Alcocer tenía el paso libre para convertirse en el sucesor de José Narro Robles.

La deliberación más prolongada que ha tenido la Junta de Gobierno en la elección de un rector fue en 1981, cuando los votos se polarizaron entre los dos candidatos más fuertes: Javier Jiménez Espriú y Jorge Carpizo McGregor, por lo que fue electo Octavio Rivero Serrano.

La segunda en 1996, cuando la polarización se registró entre Francisco Bolívar Zapata, José Miguel Yacamán y Salvador Malo; de ese proceso, surgió Francisco Barnés.

Los cuatro procesos de sucesión más recientes fueron muy ágiles. Juan Ramón de la Fuente requirió de menos de cuatro horas para ser elegido en 1999, y en su reelección la Junta discutió poco menos de tres horas; la elección de Narro llevó seis horas y su reelección dos horas.

Ayer, la Junta hizo un receso para comer y sus integrantes regresaron antes de las 17:00 horas. A las 22 horas concluyó sin lograr resolución.

Contra inercias

Operadores políticos para dialogar con todos los grupos internos de la UNAM, cabilderos para conseguir recursos federales, los rectores de la máxima casa de estudios también tienen que mostrar habilidad para romper inercias y atreverse a hacer cambios en el avance de la institución.

Crear el Colegio de Ciencias y Humanidades; permitir el reconocimiento de las Preparatorias Populares, crear el pase reglamentado a la licenciatura; pero también corregir facilidades estudiantiles que generaron carencia de calidad, son parte de las decisiones que los rectores de la UNAM asumen para mantener a la institución en la vanguardia de la educación.

Obligado por las presiones estudiantiles, Salvador Zubirán debió permitir el pase reglamentado.

Presionado también por la carencia de espacios educativos, Javier Barros Sierra accedió a reconocer las prepas populares; y luego Pablo González Casanova creó los CCH; años después, Francisco Barnés se deshizo de las prepas populares y acotó el pase automático.

La decisión de los rectores para romper la inercia del trabajo institucional también forma parte de las valoraciones que hace la Junta de Gobierno para elegir al rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.

De los diez finalistas, son seis los que tienen las preferencias para suceder a José Narro Robles.

Excelsior

OPINIÓN: Por la autonomía unviersitaria. Por José Luis Reyna.

Es probable que esta semana la Junta de Gobierno de la UNAM designe al próximo rector(a) de nuestra máxima casa de estudios. Es un nombramiento de gran importancia, ya que la institución universitaria es central en la vida del país. La elección, cuyo sostén normativo se encuentran en la Ley Orgánica de 1945, es con frecuencia cuestionada porque la decisión es tomada solo por 15 personajes. Sus miembros, desde siempre, se han distinguido en su quehacer académico y han hecho aportaciones significativas al conocimiento en distintos campos de la ciencia; es un grupo plural, en el sentido amplio del término. El procedimiento para designar es el más adecuado. Reduce la probabilidad de conflicto que afectaría los objetivos que le son propios a la institución.

La trayectoria profesional de los aspirantes es fundamental para la vida de la universidad: un criterio prioritario. Sin embargo, el otro factor que no puede soslayarse es que la designación coincida con la firme preservación de la autonomía universitaria: la institución tiene que regirse por los principios que de la misma emanen y no de designios del exterior. La autonomía no fue una concesión gratuita. Fue consecuencia de importantes movimientos sociales que se orientaron a conseguirla. Fue concedida en 1929. Desde este año es la Universidad Nacional Autónoma de México. Cabe anotar que la autonomía no es un principio nuevo que regula las instituciones de educación superior. Existió en la Universidad de Bolonia (siglo XI), la de París (siglo XII) y Oxford (siglo XIII).

La autonomía universitaria es la independencia política, administrativa y académica respecto del Estado. Es la mejor defensa para que los acontecimientos políticos externos no afecten la organización ni la dinámica interna de la institución. La independencia de investigar y de enseñar no puede trastocarse por fines ajenos a la institución. Esto, sin embargo, tienta al poder político: la aspiración de controlar las actividades de una institución como la UNAM. El Estado y los partidos políticos tienen que estar al margen del quehacer universitario y de sus autoridades.

En México, durante el porfiriato, el presidente designaba al rector como si fuera un miembro más de su gabinete. Las cosas cambiaron un poco cuando el presidente ya no decidía quien estaría al frente de la institución, sino que enviaba una terna al Consejo Universitario. Sin embargo, este procedimiento no era el más idóneo, ya que tendría que ser al revés. Que el Consejo Universitario propusiera una terna al presidente y de ahí tomar la decisión correspondiente. Por eso es un acierto la constitución de una Junta de Gobierno mediante la Ley Orgánica del 45.

La UNAM es financiada fundamentalmente por recursos provenientes del erario. De alguna forma es parte del Estado, lo que no implica que el gobierno universitario sea definido por el Estado mismo. Y eso es lo que garantiza la libertad de cátedra, de investigación, de pensamiento y de actuar. Garantizar la autonomía universitaria es un criterio toral para designar a quien conduzca la UNAM: el rector(a) debe mantener una “sana distancia” del poder sin confrontarlo. Es un deslinde de funciones para que cada ente asuma sus responsabilidades en beneficio de nuestro país. Sin duda la decisión de la Junta de Gobierno cuidará de la institución. Que se mantenga su autonomía para el desarrollo de sus funciones, todas ellas fundamentales para el desarrollo de México.

Milenio

OPINIÓN: Nuevo rector. Por Sergio Sarmiento.

Argumentan que Sergio Alcocer no debe ser rector de la UNAM porque ha ocupado cargos en el gobierno. En realidad las descalificaciones son parte de un juego político para apoyar a otros candidatos. Alcocer obtuvo como estudiante la medalla Gabino Barreda como mejor promedio de su generación. Ha sido director del Instituto de Ingeniería y secretario general de la UNAM. Es presidente de la Academia Mexicana de Ingeniería. En la administración pública trabajó con un gobierno panista y con otro priista. No es un político sino un profesional respetado.

En realidad toda la lista de candidatos a la rectoría es de alto nivel. Francisco Bolívar, uno de los científicos más reconocidos del país, es investigador emérito del Instituto de Biotecnología y también fue funcionario federal: coordinador de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Presidencia. Enrique Graue es director de la Facultad de Medicina y presidente de la Academia Mexicana de la Ciencia. Rosaura Ruiz es directora de la Facultad de Ciencias y Leonardo Lomelí de la Facultad de Economía. Los 10 candidatos tienen excelentes trayectorias académicas y profesionales. La Junta de Gobierno, formada por 15 personas, debe tomar la decisión considerando no sólo el currículum sino también un proyecto de trabajo.

La UNAM es una universidad de enorme tamaño y complejidad. Cuenta con 342,542 estudiantes, de los cuales 112,576 son de bachillerato, y 38,793 académicos, 11,984 de tiempo completo. Su tasa de graduación es baja: en 2014, 27,280 de bachillerato y sólo 21,734 en licenciatura (67 por ciento sin tesis, tesina o examen profesional). El presupuesto de este 2015 asciende a 37,755 millones de pesos, o 110,220 pesos por estudiante, los cuales aportan una colegiatura de apenas 20 centavos al año.

Manejar la UNAM es muy difícil. La institución ha tenido numerosas huelgas, la última en 1999-2000 cuando el entonces rector Francisco Barnés de Castro trató de hacer una reforma que incluía una modificación de las cuotas. Distintas escuelas, particularmente de bachillerato, son cerradas con frecuencia por activistas. Bajo la idea de que la institución es autónoma se cometen en sus terrenos delitos sin que ninguna autoridad pueda o quiera intervenir.

A pesar de su gigantismo y problemas internos la UNAM ha logrado conservarse como una de las mejores universidades del país. Se distingue particularmente en la investigación, porque la saturación de estudiantes afecta la enseñanza, especialmente en los primeros años. Varias instituciones privadas ofrecen hoy una mejor enseñanza en ciertas carreras. Pese a su nombre, por otra parte, la UNAM no es propiamente una universidad nacional, ya que sus actividades se concentran en la ciudad de México, pero sí es la más importante de las universidades públicas del país.

La Junta de Gobierno tendrá que nombrar al rector antes del 17 de noviembre y quizá lo haga hoy mismo. El nuevo rector tiene que ser un académico respetado, pero debe ser además un buen político para conciliar con los grupos de poder que viven en la UNAM y que hoy, por ejemplo, han privatizado el Auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía. La UNAM es también una institución que, por su tamaño, requiere de un buen administrador.

Yo no tengo preferencia por ningún candidato, pero pienso que deben evitarse las descalificaciones sin sentido. Los 10 aspirantes son excelentes. Que gane el mejor.

El Diario

Fue un privilegio para mí, se despide el rector Narro

Una despedida más, esta vez con investigadores y científicos. El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles, que está a menos de tres semanas de concluir su segundo y último periodo de cuatro años al frente de la institución, inauguró ayer por la tarde la nueva sede del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3), en Ciudad Universitaria.

Ha sido fantástico. Fue un privilegio para mí, en estos ocho años, tratar de combinar el trabajo de una comunidad tan extraordinaria, tan maravillosa, tan compleja como la universitaria. Siempre tendré en mi memoria estos cuadros, estos rostros, pero sobre todo los principios que nos articulan a todos los universitarios, dijo.

El rector habló de la importancia de la colaboración entre especialistas de distintas disciplinas para resolver los problemas del mundo y de que el C3 deberá ser el punto de encuentro de las ciencias exactas y las sociales, las artes y las humanidades para buscar respuestas a los complejos asuntos que plantea la realidad.

Se mostró divertido al recordar que hubo un malentendido cuando él sugirió la creación de esta unidad académica: Cuando le dije al coordinador del centro, Alejandro Frank, que había que pasar de lo virtual a lo concreto, él entendió que había que pasar al concreto y construyó este edificio.

Ese fue el tono del discurso de Narro Robles, quien relajado hizo reír varias veces a los alrededor de 200 académicos y estudiantes que lo escuchaban en uno de los auditorios del nuevo edificio.

En la ceremonia participó el director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Enrique Cabrero, quien expresó su reconocimiento para Narro Robles como académico y líder de la institución durante estos años. Y por las cuentas que le está rindiendo a esta comunidad universitaria. Imagínense, el equipo de futbol de los Pumas va en primer lugar.

Opinó que el C3 es un proyecto de vanguardia que permitirá analizar y comprender la realidad mediante la interacción de disciplinas. Alabó la arquitectura del centro, que cuenta con más espacios y salas diseñados para la interacción de los académicos que superan los tradicionales cubículos individuales.